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Entrevista | Belén Rueda Actriz

"Cuando consigues superar tus propios miedos es cuando empiezas a crecer"

Sagunt a Escena encara su recta final. Sin embargo, esta 40 º edición se ha reservado el plato fuerte para este último fin de semana. Belén Rueda regresa al Teatre Romà este sábado de la mano de Magüi Mira para representar a Salomé.

Belén Rueda en "Salomé".

Belén Rueda en "Salomé". / Jero Morales

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Saray Fajardo

Saray Fajardo

València

La actriz Belén Rueda ya trabajó hace unos años con la directora Magüi Mira en la obra «Penélope». Sus caminos vuelven a unirse en esta ocasión para representar «Salomé». 

Representas «Salomé» en Sagunt a Escena. ¿Cómo están siendo los ensayos y la preparación?

Está siendo muy excitante porque Magüi es una especie de olla a presión de creatividad y últimamente nos está proponiendo cosas, no sólo con el texto, sino con el significado de cada movimiento que hacemos para el papel que ocupamos dentro de la esceanografía. Es una obra que está llena de significado.

¿Qué va a ver el público en esta representación?

Se va a encontrar una Salomé diferente a lo que ellos se imaginan. Magüi se ha destapado. Salomé es un mito, pero existió realmente. Ha llegado hasta nosotros con una idea de lo que era la seducción y el capital erótico muy ligado al tema del sexo, pero ella lo que ha querido desarrollar es el saber estar en cada sitio, el defender tus ideas, poder convencer a los demás. La seducción no está sólo relacionada con una cosa, está relacionada con un entorno, con cómo conseguir lo que deseas a todos los niveles. Eso es lo que ha querido hacer Magüi, que es diferente a lo que nos ha llegado de Salomé como el icono del erotismo relacionado solamente con el tema del sexo. También ha hecho una Salomé muy impulsiva con todo, con lo que piensa, de la situación que vive... Quiere unirse a Juan Bautista no sólo por el deseo de estar con él, sino defender sus ideas. Algo que ha pasado hace tantos años está muy actualizado hoy en día porque hay países donde la mujer se le vuelve a cubrir, a callar... 

Como comentas, a pesar de que el texto transcurre en el siglo I, sigue siendo un tema bastante actual...

Hay algunos elementos que ha introducido que son muy significativos y visualmente nos llevan donde ella nos quiere llevar. Somos cinco personajes. Está Sergio Mur, que es como si estuviera observando lo que pasa en la Tierra y lo que se está haciendo con todos los elementos para hacer un mundo mejor y, sin embargo, hay guerras, desigualdades, no nos ponemos de acuerdo... Luego está Juan Bautista, que es el que anuncia un tiempo nuevo, que es Pablo Puyol. Juan Fernández sería Herodes, que es la locura del mandato, violencia... Herodías, que sería Elisa Martín, que significa una mujer con un recorrido que está completamente rota porque tuvo a Salomé con 12 años y su marido la maltrató durante muchos años. Se ha convertido en una mujer rota por dentro, pero que ha intentado aprovechar cada minuto de soledad de la peor manera posible. Luego estoy yo que intento luchar porque la situación cambie, pero lo hace desde un lugar muy impulsivo, muy natural, pero poco estratégico. Hay un grupo que son los guardianes de la moral, que son los guardias de Herodes, van vestidos con unas cobijas y tienen un aspecto muy extraño. Produce en el espectador emociones encontrados.

También habéis estado en el Festival de Teatro Clásico de Mérida. ¿Todavía existen esos nervios antes de salir al escenario?

Sí. Existen cuando te llega el proyecto. A Magüi la conozco porque hicimos «Penélope» en Mérida después de la pandemia. Me he encontrado con un Mérida diferente. Es un texto muy poderoso y la sensación de estar a la altura. Cualquier teatro produce nervios, pero Mérida lo multiplica por tres.

Has estado en cine, series y teatros. ¿Crees que ya lo sabes todo o aún queda por aprender?

¿Quién sabe todo? El que diga que lo sabe todo es que no sabe nada porque continuamente estamos creciendo. En nuestra profesión te encuentras a personas con un universo diferente, con una cosa de hacer diferente y todo eso te va enriquiciendo. Por eso, cuando me dicen si me gustaría tener 20 años digo que con la sabiduría de ahora, pero si me quitas todo el recorrido, ni hablar.

Te consideran una de las actrices más importantes del país, pero entiendo que no ha sido un camino fácil. 

No ha sido fácil porque, en nuestro país, cuando en alguna profesión consigues superar tus propios miedos es cuando empiezas a crecer un poco más. Los demás son incrédulos ante las cosas que suceden en el sentido de que si no sigues el camino de la manera que se supone eres menos de quienes lo han hecho. ¿Cuál es ese? Puede ser el tradicional, el trabajo... Algo que no estás contando continuamente. Me pasó eso un poco. Cuando era más joven, empecé en televisión, pasé al cine con Amenábar y fue complicado porque estábamos con la serie «Los Serrano». Parecía que todo el mundo me conocía por Lucía y no por Belén. Los actores hacen personajes que tienen que ser diversos. Aunque algo haya tenido éxito, no tienes que hacer siempre lo mismo. Si tienes la oportunidad de elegir eso es lo que nos gusta, hacer cosas diferentes. Tengo todas las etiquetas en mi casa y, cuando salgo, cojo la que me conviene. Tendemos a poner la etiqueta. Me pasó muy claramente cuando Alejandro Amenábar hizo «Mar adentro». Leí muchas críticas, incluso antes de ser elegida. Había críticos que decían que estaba sacando el pie del tiesto porque él había hecho «Los otros» o «Abre los ojos». Queda demostrado que «Mar adentro» es una obra maestra y ha salido de él.

¿"Los Serrano" te marcó un antes y un después?

Sí, en muchos aspectos porque fue una serie que éramos una familia. Antes no había límites de horario rodando. Pásabamos mucho más tiempo allí que con nuestras familias. Tuvo mucho éxito. No existía tanta oferta de plataformas y otros soportes, estaba la televisión y lo veías cuando se emitía o no lo veías. También era una época diferente en la que toda la familia se reunía delante del televisor. Podía verlo desde el más chiquitito al abuelo. Hay personas que me dicen que la vuelven a ver con sus hijos. A los pequeños les parece una serie muy blanda y te echas unas risas. Es una serie muy relajante.

Como mujer y con una larga trayectoria, ¿habrás visto muchos cambios en tema de igualdad?

Muchísimos. Dentro de nuestra profesión, que se supone que tenemos un pensamiento más libre y abierto, también existía. De hecho, el «me too» salió de eso. Era una lucha un poco soterrada y más individual y,en un momento dado, si te unes, la unión hace la fuerza. Ha habido muchos cambios y el poder tener más libertad de contar qué te ha pasado. Antes estaba la culpabilidad, pensabas que eras tú la culpable de la situación, cuando no era así. Tengo una cierta edad, pero cuando eres más joven, hay determinadas situaciones que crees que las has creado tú, sobre todo, cuando tienes delante a otra persona, a alguien mayor que tú, que crees que te está manipulando. Cuando tienes 16 años, te crees muy mayor y no lo eres.

¿Te has sentido juzgada?

Tenemos una profesión que está cerca del público. Te juzgan cada vez que tienes un nuevo proyecto, que estás con un nuevo director, con unos nuevos compañeros... Todo lo sentimos, pero hay que saber llevarlo. Juzgar puede ser positivo o negativo dependiendo de como lo entiendas o como te lo lancen. A palabras necias, oídos sordos. Es verdad que lo que te puedan decir, puede crear un impacto, pero cuanto menos tiempo te dure, mejor. Tú lees críticas y a lo mejor hay 10 buenas y una mala y te quedas con la mala. Al estar frente a un público, hay veces que te pesa. Con las redes sociales, las nuevas generaciones lo tienen más complicado.

¿Te has apartado de las redes sociales?

No me acerqué hasta muy tarde. Te afecta personalmente aunque no quieras. Cuando salieron, me pareció ciencia ficción que la gente quisiera estar ahí y su vida estuviera tan expuesta. Los que estaban expuestas tenían una profesión muy definida. Estabas ahí porque tenías una profesión de cara al público. Todos necesitamos intimidad. Me costó un poco entrar. Me abrí Instagram cuando estaba haciendo «Perfectos desconocidos», de Álex de la Iglesia. Me abrieron una cuenta. Siempre he sido tan celosa de mi privacidad, que pensaba que había abierto una ventana, pero no he abierto una puerta.

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