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'La Reina de las Nieves': La infancia como patria

Decía Rainer María Rilke que la verdadera patria que tenemos es nuestra infancia. Unos años antes, Hans Christian Andersen lo dejó claro en su prolífica obra de cuentos infantiles, pero dedicados a partes iguales a los adultos. Este domingo, en Rambleta, ese viaje hacia nuestros adentros es posible gracias a ‘La Reina de las Nieves’, una versión contemporánea y para todos los públicos que dirige la dramaturga Triana Lorite.

'La Reina de las Nieves' llega a Rambleta este fin de semana.

'La Reina de las Nieves' llega a Rambleta este fin de semana. / John Ribes

Amparo Soria

Amparo Soria

València

Casi 150 años antes de que la película ‘Frozen’ hiciera del hielo una marca global, Hans Christian Andersen ya abordó esta metáfora entre la razón y el corazón en 1844. Lo hizo con ‘La Reina de las Nieves’, uno de los relatos más extensos y complejos de su prolífica obra de cuentos infantiles dirigidos también a los adultos. La gélida reina no es una villana convencional, sino la encarnación de la frialdad emocional y la desconexión del alma humana. Frente a ella, la niña Gelda -valiente, amorosa, empática e indómita- representa la pureza y la fe a través del amor como única salvación.

El 9 de noviembre, Rambleta acogerá una nueva adaptación de este clásico eterno que en esta ocasión cuenta con la dirección y dramaturgia de Triana Lorite. Su versión, que combina teatro, danza y música original de David Bueno, propone una experiencia escénica contemporánea para todos los públicos, donde la ternura y la fantasía se funden con una profunda lectura simbólica. En el escenario, un elenco encabezado por Huichi Chiu, Irene Camacho, Nacho Zorrilla, Inma Pérez-Quiros, Críspulo Cabezas y Gaby del Castillo da vida a esta historia de amor, redención y valentía.

'La Reina de las Nieves'  en Rambleta.

'La Reina de las Nieves' en Rambleta. / John Ribes

Lorite aborda el cuento desde una mirada actual pero respetando la esencia del escritor. Tras un estudio etnográfico sobre la figura del autor, la directora ha construido un universo visual que remite al imaginario nórdico sin perder la calidez humana de los cuentos. La propuesta, dice, «busca rescatar la pureza de la literatura de la infancia y devolver al teatro ese tempo emocional que hemos perdido, ese lugar donde la confianza y el deseo por las cosas imposibles todavía existe». «El espíritu valiente de una niña y de un niño no es ingenuo ni frágil. Es una forma pura de fortaleza y coraje, con una capacidad única de crear y amar sin cuestionar las zonas oscuras y frías de la vida», señala la dramaturga.

En escena, la historia sigue el viaje de Gelda, una joven que emprende una travesía para rescatar a su amigo Kai, atrapado por la misteriosa Reina de las Nieves en su castillo de hielo. A lo largo de su camino, se encuentra con personajes simbólicos que la ayudan a comprender el valor de la empatía, la compasión y el sacrificio, como son la Hechicera, la Bandolera, los Príncipes o el Reno. En esta lectura, nadie sale derrotado: todos los personajes encuentran su lugar, incluso la propia Reina, que termina cediendo para que otros puedan vivir sin su sombra.

El espectáculo apuesta por una gran estética, cuidada al detalle donde se genera una atmósfera onírica donde la música y la luz son también protagonistas. Los recursos más contemporáneos como las coreografías o las proyecciones conviven con la narrativa clásica que redescubre este cuento como un viaje interior.

La Reina de las Nieves siempre ha sido interpretada como un conflicto entre la razón y corazón. Andersen escribió el cuento en plena era del racionalismo europeo, cuando la ciencia parecía haber desplazado a la emoción. Para él, la infancia no era solo un periodo vital, sino un estado del alma, un territorio de pureza y sensibilidad que debía acompañar al ser humano incluso al crecer.

El escritor danés -hijo de un zapatero pobre que fabricó su cuna con la madera de un ataud- vivió siempre entre la necesidad de reconocimiento y el desarraigo. En sus cuentos, se transparenta esa melancolía del niño no amado y del artista rechazado que se evidencia en sus cuentos, donde traslada esa necesidad de encajar en una sociedad que te da la espalda.

'La Reina de las Nieves' en Rambleta.

'La Reina de las Nieves' en Rambleta. / John Ribes

De ahí que en ‘La Reina de las Nieves’ la redención no llegue por la fuerza, sino por la ternura. El amor puro de Gelda derrite el hielo de Kai, y con él, el del mundo entero. Para Lorite, «la compasión es una energía revolucionaria: entender las circunstancias de los demás y amar sin pedir nada a cambio».

La directora concibe esta puesta en escena como la primera de una serie de cinco cuentos que va a representar. Son la mejor manera de poner un espejo frente a nosotros para descubrir que la infancia no es una edad, sino un refugio, un periodo de nuestro tiempo al que volvemos para cuestionarnos y para recordar lo que nos hizo felices. Como escribió Andersen, el secreto de la vida no es dejar atrás la infancia, sino crecer sin olvidar el corazón, la ternura y la valentía con la que fuimos niños.

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