Toni Acosta es una madre 'de película' en el Teatre Talia
El síndrome del nido vacío es el tema principal de ‘Una madre de película’, un monólogo en clave de comedia protagonizado por Toni Acosta y escrito y dirigido por Juan Carlos Rubio.

Toni Acosta protagoniza "Una madre de pelicula" / pentación

"Las madres de película siempre tienen tiempo para todo», exclama Toni Acosta durante ‘Una madre de película’. «La de Kramer vs. Kramer es abogada; la de Los Goonies tiene la casa impecable; la de Mary Poppins es… bueno, Mary Poppins. ¿Y nosotras? Nosotras llegamos tarde a todas partes, tenemos una coleta mal hecha y hacemos malabares con el móvil, el táper y el niño que se niega a ponerse los zapatos». Una sinceridad que pellizca, porque eso, exactamente eso, es lo que quiere reivindicar la obra que, hasta el lunes, se puede ver en el Teatre Talia. La heroicidad cotidiana de las madres reales, sin edulcorantes ni efectos especiales.
Durante hora y media, Acosta transita con precisión quirúrgica por los pliegues del humor autobiográfico, el teatro documental, la comedia costumbrista y la reflexión emocional. Y recorre los instantes invisibles de la maternidad y desmonta, una por una, las ficciones dulcificadas que envuelven la idea de ser madre en la cultura popular. Lo hace riendo, pero también desnuda de artificio, como si cada gesto fuera una confesión que el público ya estaba esperando escuchar. Así es Toni Acosta, un actriz sin filtros. Una actriz, para el director Juan Carlos Rubio, «cómica y trágica a partes iguales, magnética, certera, que posee una luz especial que regala verdad a raudales en cada una de sus interpretaciones».

Toni Acosta protagoniza "Una madre de pelicula" en el Teatre Talia / pentación
Aunque el teatro ha vivido en los últimos años un resurgir de monólogos feministas y autobiográficos, ‘Una madre de película’ no es un stand-up ni un monólogo clásico. Tampoco es una pieza confesional al uso. Es un híbrido que se cocinó entre lecturas, cuadernos y conversaciones íntimas. Que surgió de la necesidad de hablar y la necesidad de reír. Toni Acosta, cuenta, buscaba un proyecto que la permitiera explorar una dimensión más personal y pensó que el que mejor conocía era el de la maternidad. Pero no quería caer en tópicos. No quería el ‘manual de autoayuda en clave humorística’. Quería la complejidad. La verdad. El exceso. La contradicción. Y por eso cuenta sin miedo su historia, que es la de otras muchas mujeres. Y por eso trata desde el humor una crisis vital y emocional que provoca incertidumbre, nostalgia, culpa… pero también enseña que ese cambio puede vivirse con dignidad, reflexividad y hasta romanticismo escénico. En palabras de Acosta, «me atreví a hablar de ese universo femenino del que normalmente se habla poco»
«Quería hacer un homenaje a las madres sin hacer un panfleto. Quería contar lo que no se cuenta, lo que hace que una madre sea también una mujer que vive, suspira, se equivoca, se ríe de sí misma y, sobre todo, sobrevive»,comparte Acosta.
Hurgar en el pasado se convierte en una metáfora del duelo por el paso del tiempo y la búsqueda de identidad más allá de la maternidad
La sinopsis es sencilla pero muy profunda: Eva María, a las tantas de la madrugada, recibe un mensaje de Alejandro, su único hijo: debe entrar en su habitación y buscar en un cajón cerrado con un candado un documento que necesita con urgencia para la Universidad americana en la que estudia. Urgente es ‘ya, ahora, sin perder un instante, mamá’. Alejandro, que conoce muy bien a su madre, le advierte de que no caiga en la tentación de hurgar en sus cosas aprovechando la ocasión. Eva María promete a su hijo cumplir a rajatabla su cometido, pero una vez inmersa en el encargo... ¿Quién está libre de pecado? Y es que ella, que es muy cinéfila, es consciente de que ‘La tentación vive arriba’ o al fondo del cajón secreto de su hijo.El recuerdo de su vida y la visión de ese provocador nido vacío harán deslizarse a Eva María por una emocionante y divertida espiral, transformando su cotidiana realidad en una auténtica aventura de película. La ‘aventura’ de hurgar en el pasado se convierte en una metáfora del duelo por el paso del tiempo y la búsqueda de identidad más allá de la maternidad.
El nido vacio
«Fue Toni la que me propuso el proyecto y no lo dudé ni un instante. La verdad es que siempre quise escribir un monólogo porque es un género que no he cultivado. Cuando hablamos vino con lo deberos hechos, el nido vacío, ese irremediable y temido momento en que los hijos echan a volar y a los padres les toca lidiar con una ausencia y unos miedos que la presencia de sus retoños había desdibujado. No todos somos padre o madres, pero todos somos sin remedio hijos e hijas», explica Juan Carlos Rubio.
En la función juega un papel fundamental la dramaturgia de lo cinematográfico. La obra está dividida en ‘secuencias’ y no en escenas; la voz en off funciona como narrador; los cambios de luz actúan como ‘cortes de montaje’; y la música es casi una banda sonora. La maternidad se narra como si fuera una película que nunca llegó a rodarse, pero que todos los espectadores creen haber visto. Porque el cine ha construido una imagen idealizada de la maternidad que nada tiene que ver con la vida real.
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