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Torres raya la perfección con sus nuevas añadas

No hay otra bodega en España que haya trabajado tanto en la recuperación de variedades ancestrales como Torres. La compañía empieza ahora a recoger los frutos de ese trabajo con referencias como MO-23, un tinto de Moneu que marca el camino de una colección de vinos entre los que destacan este año el Albariño Blanco Granito o el clásico Purgatori.

Instalaciones de la bodega Jean Leon en la comarca del Penedés.

Instalaciones de la bodega Jean Leon en la comarca del Penedés. / Urban

Vicente Morcillo

Vicente Morcillo

Desde que en la década de los 80 Miguel A. Torres iniciase un proyecto para encontrar variedades antiguas supervivientes a la filoxera, la Familia Torres ha trabajado de manera decidida en la recuperación de variedades de uva ancestrales, algunas de ellas prácticamente desaparecidas, en busca de la identidad y la esencia de cada una de las zonas vitícolas en las que está presente. En todo este tiempo han catalogado más de cincuenta variedades que estaban en peligro de extinción, de las que seis ya tienen presencia en el amplio porfolio de las bodegas del grupo.

La última acaba de ser presentada de la mano de una de las enseñas más elegantes de la familia, la bodega Jean Leon, una pequeña bodega del Penedés fundada en 1963 por el cántabro Jean Leon (nacido como Ceferino Carrión), un visionario que materializó sus dos grandes sueños: abrir el restaurante más lujoso de Hollywood y elaborar un vino exclusivo para deleitar a su selecta clientela. La bodega, propiedad de la Familia Torres desde 1994 y dirigida desde 2010 por Mireia Torres, se nutre de más de sesenta hectáreas de viñedo en propiedad que cultivan bajo pautas ecológicas (todos sus vinos están certificados como ecológicos desde 2012). Su nueva joya es MO-23, un vino experimental elaborado con uvas de la variedad recuperada Moneu del que apenas se han producido 3.000 botellas.

El nuevo exponente de la colección de vinos experimentales de la bodega nace de un viñedo de algo más de una hectárea sobre suelo arcilloso y cultivado de manera ecológica. Se trata de un tinto muy expresivo, con una interesante carga aromática en la que predominan las notas de fruta roja fresca, especias y sutiles matices florales. En boca es un vino goloso, con buen volumen y destacada acidez, persistente y de tanino bien matizado. El nuevo MO-23 se ha elaborado con la cosecha de 2023, un año marcado por la sequía y las altas temperaturas, lo que propiciaron un adelanto de la vendimia. El mosto fermentó en depósitos de acero inoxidable para posteriormente reposar en barricas de roble francés y fudres de 2.200 litros.

Pero MO-23 no es la única joya de Familia Torres este año, ya que hay dos referencias que destacan de manera notable. Una de ellas nace en el Valle de Salnés, en pleno corazón de la DO Rías Baixas. Se trata de Blanco Granito, una de las dos referencias que los Torres producen en Torre Penelas, un antiguo pazo del siglo XIV catalogado como patrimonio histórico en el que cuentan con seis hectáreas y una pequeña bodega de elaboración artesanal. Blanco Granito es el primer vino fermentado y criado en granito gallego, un proyecto que rememora la viticultura ancestral gracias a innovadores depósitos ovoides de granito, la roca predominante, y casi exclusiva, de las Rías Baixas. Blanco Granito es un vino de Albariño que destaca por su carácter mineral, sus aromas frutales y un paso por boca untuoso y sápido, con marcada acidez y excepcional persistencia.

El otro vino que presenta una añada extraordinaria es uno de los clásicos de Familia Torres, Purgatori, un tinto amparado por la DO Costers del Segre (una zona vitivinícola formada por siete territorios repartidos a lo largo de la cuenca del río Segre y el pirineo leridano) que se elabora a partir de un coupage de uvas de Garnacha y Cariñena. Tras una maceración de algo menos de dos semanas, el mosto fermenta en depósitos de cemento y acero inoxidable, si bien la fermentación maloláctica la realiza en barricas de roble. Tras el proceso, el vino es criado en barricas de roble durante un periodo que oscila entre los 9 y los 12 meses.

Tinto de notable capacidad de guarda, destaca por su color granate de capa alta y su expresividad en nariz, con buena carga frutal (con notas nítidas de arándanos y cerezas), matices de pimienta y otras especias, recuerdos de frutos secos y fondo tostado. En boca se presenta delicado, de tacto aterciopelado y tanino maduro pulido.

Sin duda, tres grandes vinos que rayan la perfección y darán grandes alegrías a la familia Torres.

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