La huella intergeneracional de la herencia
‘Yo solo quiero irme a Francia’, el debut como directora teatral de Elisabeth Larena, centra a través de las voces de cuatro mujeres el peso de esas historias no contadas cuya importancia y memoria trascienden el paso del tiempo

El reparto de "Yo solo quiero irme a Francia". / Geraldine Leloutre

Memoria. Una sencilla palabra que, como si de una mochila se tratara, la llevamos siempre a cuestas. A veces, va cargada de alegrías. Otras, de sucesos dolorosos, como esos "espejos rotos" a los que Borges hacia referencia en ‘Cambridge’. Sin embargo, en ocasiones, esa memoria trasciende al individuo. Se cuela en el tejido que vertebra una sociedad, un grupo, una familia, dejando una herencia que nos sobrepasa, nos demos cuenta o no. Unos recuerdos omnipresentes, emocionales como la vida misma, que sirven como eje de desarrollo de la obra ‘Yo solo quiero irme a Francia’, una propuesta con la que debuta como directora teatral Elisabeth Larena y que desembarca este sábado en La Rambleta.
Un viaje hacia "un pasado desconocido"
Una pieza que parte de una joven, Inés, que ha acudido al velatorio de Pilar, quien le ha dejado una casa en herencia a pesar de que la primera no la conocía. Un gesto que desconcierta a Leo, nieta de la fallecida. Ese es el punto de partida, refleja la sinopsis de un viaje hacia "un pasado desconocido que desentierra memorias familiares silenciadas y heridas que se remontan a los últimos meses de la Guerra Civil".
Porque con ese velatorio de Pilar –personaje encarnado por la eterna María Galiana– como marco, esas vivencias personales muchas veces no relatadas se abren paso como un torbellino de emociones que entrelazan durante hora y media el pasado y presente de distintas generaciones. Galiana, en ese proceso, resulta el anclaje esencial para entender el viaje que llevarán a cabo los dos personajes más jóvenes –las propias Inés (Alicia Armenteros) y Leo (Anna Mayo)– rumbo a unas experiencias que desconocen.

María Galiana, Pilar en Yo solo quiero irme a Francia / Levante-EMV
"La idea de la obra surgió con dos personajes únicamente, que eran las dos chicas jóvenes que miraban la vida de esta mujer fallecida. Pero me di cuenta que necesitaba a Pilar porque la obra gira en torno a ella", explica Larena. Ese hilo conductor utiliza un lugar tan habitualmente solemne como un velatorio. El mismo al que uno nunca puede asistir y que esta vez no sirve como un enclave de muerte, sino como una "excusa". Para Pilar es "una gran fiesta, porque sabía que sus descendientes iban a estar ahí", destaca la directora sobre una pieza en el que la comedia se entrelaza con la tragedia, como "pasa, en verdad, en la vida".
Pilar, desde un escenario en el que sus descendientes no la escuchan como si lo hace el público, afrontará aquellas "cosas que no enfrentó en vida, pero de las que no puede escapar". El contrapunto para el que sirve este momento de ‘despedida’ en el que el personaje, reconoce Larena, acaba viviendo "más que en su propia vida".

Alicia Armenteros y Anna Mayo, durante un instante de Yo solo quiero irme a Francia. / Urban
Historia intergeneracional
Pero "Yo solo quiero irme a Francia", que llega de la mano de Contraproducións, se erige como una historia coral. Cuatro voces reflexionadas desde distintos ángulos en los que la herencia de esa primera generación condiciona e influye en la vida de sus descendientes. Otra vez, como suele pasar en la vida. "A veces entendemos como somos cuando miramos para atrás", analiza la directora. Y la herencia, la verdadera, es lo que se acaba poniendo en el foco. "Siempre pensamos en lo material, pero al final todos vamos a heredar las historias que nos han contado, cómo nos las han contado, ese aspecto emocional". Por eso, no podía faltar la voz de una madre, ilustrada en Marisol (Nieve de Medina), la figura "más directa que tenemos, la que todos hemos conocido" con la que la ausencia y la necesidad de protección salen a la palestra. No como un personaje secundario, sino como alguien a quien desde el principio "se la reclama, pero no sale a escena" hasta que la obra avanza.
Herencias que las cuatro generaciones de mujeres comparten de manera similar. "Pilar, una anciana que solo es capaz de enfrentarse a la vida en su propio velatorio donde reúne a las mujeres de su vida; Marisol, que huye para encontrar un lugar donde liberarse de la culpa; Leo, que viaja por el mundo escapando del deseo de tener un hogar; e Inés, que, en su obsesión por indagar en el pasado, espera entenderse a sí misma. En realidad, todas buscan ese lugar que imaginan. Algunos lo llamamos libertad, otros lo llamaron Francia".
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