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El espectáculo más futurista de Raluy Legacy brilla en València

El nuevo show de este circo comandado por las hermanas Louisa y Kerry Raluy, ‘Cyborg’, se erige como un "viaje al pasado y al futuro desde el presente" en el que un humor actual se entrelaza con actuaciones arriesgadas y coreografías cuidadas que no pierden la esencia de sus más de 100 años de historia

Una de las partes finales del espectáculo de Raluy Legacy, Cyborg.

Una de las partes finales del espectáculo de Raluy Legacy, Cyborg. / Urban

Juanma Vázquez

Juanma Vázquez

València

Falta muy poco para que toquen las cinco de la tarde. El público, mayoritariamente padres con sus hijos, habla alegremente mientras se sienta en sus localidades. Frente a ellos, un suelo de madera circular vacío a la espera de sus protagonistas. Pasa otro minuto. La expectación se nota ya en el ambiente. Y las luces, por fin, se apagan. La magia del circo va a dar comienzo y, con ella, emana una esencia, la de un legado familiar, con más de un siglo de trayectoria. Esa que se ha fraguado entre los artistas que han dado forma a la historia de un Raluy Legacy que desde el pasado 5 de diciembre –y hasta febrero– deja en València bocas abiertas y carcajadas a partes iguales entre los visitantes que se acercan a su carpa para disfrutar de su nuevo espectáculo, Cyborg.

A los mandos del show, dos mujeres como son las hermanas Louisa y Kerry Raluy. Ellas representan la cuarta generación –aunque la quinta también es parte activa del espectáculo y ya ha nacido, incluso, la sexta– de esta estirpe circense que ha viajado por todo el mundo y que hace dos años recibió el ‘Big Top Label’, el máximo reconocimiento europeo para este gremio. Ellas, además, son solo dos del medio centenar de artistas –llegados de todas partes del globo, desde Mongolia a Argentina– que actúan en un espectáculo que Louisa resume como un "viaje al pasado y al futuro desde el presente".

Louisa y Kerry Raluy, frente a la carpa del circo en València.

Louisa y Kerry Raluy, frente a la carpa del circo en València. / Fernando Bustamante

Y es que, a lo largo de las dos horas que dura la función, inmersiva desde el primer minuto con una ‘cyborg’ que te invita a silenciar el móvil, los asistentes ven como esos viajeros primero vinculados al pasado –barco y maletas incluidos– acaban llegando con el paso del show a un entorno más futurista y tecnológico lleno "de artistas que llevan sus cuerpos al límite de lo humano". Eso sí, asegura Louisa, se trata de un futuro con un toque "vintage" –ilustrado, entre otros aspectos, por unos vestuarios plateados que resaltan en escena– en el que "nunca perdemos la esencia".

No en vano, desde que se levanta el telón, la sucesión de elementos innovadores con esa alma continuista es una constante. El humor en las figuras de Pietro o Dimitri, danzas únicas y arriesgadas como la de Legión Malambo, motos girando en una jaula de metal desafiando la gravedad, o los equilibrios sincronizados de las propias Louisa y Kerry –entre muchos otros momentos– se entrelazan con coreografías muy cuidadas y energéticas. También con los guiños emotivos a la figura de Luis Raluy o a Rina, el rinoceronte blanco que acompañó a este circo desde finales de los 70 hasta su vejez. "Al final, el mensaje del espectáculo es que la gente tiene capacidades sobrehumanas. Que aún siendo humanos, muchas veces sacamos fuerza y valentía de dónde no sabemos", destaca Kerry.

Lograr siempre la sorpresa

Esta mezcla de actuaciones, además, resulta clave para lograr que el público "se sorprenda" y siga acercándose a este circo más de cien años después. "No pueden venir a ver lo mismo. No hay que tener miedo a dar ese paso, al ‘metemos toda la carne en el asador y el público tiene que salir de aquí flipado’. Ese es el efecto Cyborg", añade al respecto Louisa. Una apuesta para la que también se capta continuamente talento. "Somos un circo pequeño, pero de renombre mundial y mucha gente nos ofrece cosas", afirma al respecto la codirectora de Raluy Legacy, que además acude como jurado a muchos festivales de circo a nivel global. "Procuramos coger lo más selecto y solemos darle el toque personal para que sea algo único".

Un momento del show, al inicio del espectáculo Cyborg.

Un momento del show, al inicio del espectáculo Cyborg. / Urban

Sin embargo, para que esa atracción de público se mantenga, también es necesario no solo realizar producciones "donde metemos mucha inversión para hacer un show muy potente", sino también favorecer el "efecto risa" y que la gente se lo pase bien con un "humor actual" en el que la música o elementos escénicos como una sencilla máquina de palomitas juegan su papel. Sea cuál sea la edad. "A un adolescente no lo tienes dos horas sentado ahí si el espectáculo no es bueno. Entonces conseguimos que gente mayor, niños, adolescentes estén dos horas ahí clavados", añade Louisa.

Un circo único

Aunque el carácter único de Raluy Legacy va más allá del propio espectáculo. El propio hecho de tener al frente a dos mujeres –una circunstancia única a nivel mundial– es la mejor prueba de ello. Un asunto que ambas hermanas han vivido "de manera más o menos natural". "Mi padre no tenía hijos, con lo cual era lo que tocaba, que lo dirigiéramos un día nosotras. Hemos aprendido de mi padre, de mis abuelos, hemos visto cómo hacían las cosas y procuramos hacerlas igual o mejor", explica Louisa, que considera un "privilegio" el poder "trabajar con tu familia, viajar con ellos y tenerlos al lado".   

"A lo mejor no te los cruzas hasta la hora de la función, pero tenerlos ahí y que te apoyen, que todos reman en el mismo sentido es muy importante". Algo a lo que también se suma esa "familia adoptada" que se compone de "toda la gente que trabaja aquí, a la que coges cariño porque compartes con ellos muchas cosas, buenas y malas". "Ver que también reman en el mismo sentido y para el mismo fin común, es una gozada".

Pero la experiencia inmersiva de este circo no solo se circunscribe a lo que ocurre en la carpa o entre bambalinas. También están las caravanas que, como si una máquina del tiempo se tratara, actúan como un museo identitario e histórico. "Es una colección de carruajes que desciende de mi abuelo, mi padre y ahora nosotras. Son de principios del siglo pasado, de esos circos que ya no existen y que si quisieras verlo, pues tendrías que ir a un museo. Y aquí lo ves en vivo". Una experiencia que ayuda a entender la idiosincrasia de un circo histórico.

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