Restaurantes contra el frío

Restaurantes contra el frío / Santos Ruiz
Cuando hace frío apetece ir a restaurantes acogedores que cocinan comida casera y ofrecen platos de cuchara y reconfortantes. El invierno invita a comer carnes, puchero o legumbres.
Basea
Basea tiene un punto de asador que apetece en los días del frío. El olor de las brasas se deja sentir en el comedor sin llegar a ahumarte la camisa. Lo suficiente como para sentirse protegido del invierno. El plato estrella es el rodaballo. Son silvestres y pesan entre kilo y kilo y medio. Nunca más. Es, según ellos, el tamaño perfecto para que quede jugoso en el centro sin pasarse de cocción en los extremos. El paso por la brasa es toda una ceremonia. Lo asan a fuego lento al mismo tiempo que se va regando con un refrito de ajo y guindilla mezclado con zumo de limón y vinagre de manzana. Luego, basta desespinar el rodaballo en la bandeja, para que ese jugo se emulsione con el colágeno del pescado para conseguir un pil pil maravilloso. Antes, obligados, sus puerros a la brasa.

Basea / S.R.
Carrer de Joaquín Costa n. 26, València.
Noble
No entrega la cuchara a un entorno de modernidad. En un comedor vanguardista, que reparte sus sillas por diferentes reservados, se sirve el mejor cocido de la ciudad. Noble abrió sus puertas hace apenas un año y su cocido gusta tanto que se ha convertido en el plato principal de la mayoría de las mesas. Lo sirven en dos vuelcos. Primero una sopa de fideos; después carnes, verduras y garbanzos. Es un cocido de toda la vida al que, además, le añaden chorizo y morcilla «porque nos apetecía darle un toque de humo para que resulte más hogareño» reconocen a quien se atreva a cuestionarlos. Además all i pebre, oreja frita (muy crujiente), sopa de cebolla….Desde hace unas semanas ofrecen también arròs en fesols i naps. Munición de élita contra el frío.

Noble / S.R.
Carrer del Compte de Salvatierra n.39, València.
Setaigues
Setaigues es la catedral de la cuchara valenciana. Un restaurantes completamente dedicado a la cocina tradicional donde los guisos recuperan el sabor de antaño. Ni un ápice de modernidad. Aquí no se reinterpreta nada. Es como comer en casa de la abuela, cuando las abuelas guisaban en cocina económica: alubias estofadas (de la Bañeza, con panceta ibérica, chorizo, jamón y unas tortitas de hierbabuena), puchero valenciano, olla sieteagüense, gazpachos de pastor preparados con torta cenceña… La entrada del restaurante está presidida por un gran horno de leña que da calor de hogar al comedor. Allí se asan lechazos de Castilla y León, cochinillos y algunas de las elaboraciones que aparecen como guarniciones de otros platos.

Setaigues / Urban
Av. Cerro, 15, Siete Aguas.
El Ventorro
Sería injusto que las vilezas de la política nos hicieran esquivar a uno de los mejores restaurantes de mercado de la ciudad. Alfredo Romero lleva décadas alimentando a una clientela fiel que vuelve una y otra vez a su casa porque nadie se cansa de esta cocina reconfortante que sabe a hogar. Las vigas de madera, la historia de la casa calienta el espíritu, los platos de cuchara el estómago. Sobre todo las legumbres. Son las mejores de la ciudad. Porque el producto es bueno, y porque saben darle el punto para que estén sabrosas sin resultar demasiado pesadas: manitas con garbanzos; judías pintas con chorizo, verdinas con perdiz…

El Ventorro / Urban
Carrer de Bonaire, n.8, València.
Ca Fran
Fran Parra nació en el horno de ‘Els Germans Parra’. Se crió al calor de aquel enorme horno de leña y se alimentó de los guisos que su abuela preparaba en él. Fran levantó un horno a escala de ‘Els Germans Parra’ y en torno a él se inventó el restaurante. No mide tanto como el de sus antepasados (solo 2,20 metros de diámetro) pero guarda el calor como el de sus abuelos. Allí cocina gran parte de la carta, pero la estrella es el puchero, que se cuece en unas ollas de barro refractario que Fran se trae de Zamora. Cada una de ellas mide 30 centímetors de alta y 40 de diámetro. La cocción de ese puchero se prolonga desde las cinco de la tarde hasta las 11:00 de la mañana del día siguiente. 18 horas de cocción a fuego lento. De hecho, el horno se alimenta con un buen puñado de troncos por la tarde, pero vive de los rescoldos toda la noche. Sirve también otro puchero, el pulpo, que lleva prácticamente lo mismo pero añadiendo las patas de pulpo y unas pelotas que se envuelven con la propia cabeza del pulpo.

Ca Fran / Urban
Carrer de Calixt III, n.4, Oliva.
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