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Empezar el año con buen pie

La Nochevieja es una noche llena de simbolismo, en la que despedimos el año que termina y damos la bienvenida a uno nuevo con esperanza. Los rituales, como comer uvas, brindar a medianoche o escribir deseos, nos ayudan a cerrar ciclos y atraer buena suerte. Más allá de las tradiciones, es un momento para reflexionar, agradecer y comenzar el nuevo año con ilusión y nuevos propósitos

Celebraciones de Nochevieja en la plaza del Ayuntamiento de València, en una imagen de archivo.

Celebraciones de Nochevieja en la plaza del Ayuntamiento de València, en una imagen de archivo. / Eduardo Ripoll

A. B.

València

La Nochevieja es, en casi cualquier cultura, un ejercicio de negociación con el futuro. Cambian los símbolos, pero se repite el patrón: una prenda que ‘predispone’ (color, estampado, algo nuevo), un gesto que marca el umbral (campanadas, salto, primera visita) y una mesa cargada de alimentos-signo (monedas, abundancia, longevidad, viajes). Lo interesante, más allá de la superstición, es que estas prácticas funcionan como un guion emocional: ayudan a concretar deseos difusos —paz, amor, salud, prosperidad— en acciones pequeñas, memorables y compartidas.

En España, el gesto es nítido: doce uvas al ritmo de las doce campanadas, una por cada mes del año que entra. La tradición está documentada desde finales del XIX y se popularizó con fuerza a comienzos del XX.  En el vestuario, la superstición más extendida es la ropa interior roja como reclamo de suerte, amor o energía vital para el ciclo que empieza. No hay un ‘código oficial’ y el origen se cuenta de formas distintas, pero el sentido simbólico —rojo como protección, deseo, impulso— es el que mantiene viva la costumbre. ¿Y qué no debería faltar en la mesa para mantener el ADN español? Uvas y cava

Rojo, lentejas y la prosperidad servida en plato hondo

Si en España el reloj manda, en Italia la mesa ‘sella’ la suerte: lentejas como metáfora de monedas y abundancia, muy a menudo acompañadas de cotechino o zampone (embutidos tradicionales de Capodanno). Es cocina contundente, cálida, diseñada para empezar con la despensa simbólicamente llena. En el vestir, Italia comparte con España el fetiche del rojo porque se asocia a fortuna y protección en el cambio de año.  En la mesa es imprescindible un plato de lentejas (como guiso o crema) y, si se desea, un principal con cerdo/embutido al estilo italiano.

Blanco para empezar ‘limpio’

En Brasil, el código visual es casi uniforme: vestirse de blanco porque expresa paz, purificación y renovación. A la estética se le suma, en celebraciones costeras, el ir a la playa, saltar olas, hacer deseos y ofrecer flores. No todo el mundo lo practica, pero forma parte del imaginario contemporáneo del Año Nuevo brasileño.    No hay un único plato nacional para esa noche.

La suerte escondida en un bizcocho

Grecia aporta una de las tradiciones más narrativas: la vasilopita, un pan o bizcocho de Año Nuevo con una moneda escondida; a quien le toca el trozo con la moneda se le augura buena suerte. Es un ritual familiar y con suspense.  En paralelo, algunas casas incorporan la cebolla como símbolo de renacimiento (por su capacidad de brotar), colgándola o utilizándola en gestos rituales domésticos.

Soba y 108 campanadas

En Japón, el cambio de año tiene una dimensión de depuración: el toshikoshi soba (fideos de trigo sarraceno) se come en el umbral de fin de año, asociado a continuidad, resiliencia y un ‘corte’ simbólico con lo anterior.    El paisaje sonoro lo marca el budismo: las 108 campanadas (joya no kane) que, en la explicación cultural habitual, representan el deseo de liberar ‘impurezas’ o apegos humanos antes de empezar de nuevo. Para el día de Año Nuevo, la cocina se vuelve ceremonial con el osechi ryori, bandejas de alimentos simbólicos preparados para los primeros días del año.    En todas las mesas se ofrece un    cuenco de soba (o, si adaptas, cualquier fideo largo) y una mesa ordenada, más sobria que excesiva.

Cartel para el año 2026 en Times Square (Nueva York).

Cartel para el año 2026 en Times Square (Nueva York). / EFE/Sarah Yenesel

Saltar y rematar con kransekage

En Dinamarca se salta desde una silla o sofá justo a medianoche como forma literal de ‘entrar’ en el año. Y el postre es casi obligatorio: kransekage, torre de anillos de mazapán con glaseado, servida tras las campanadas.

Círculos para llamar al dinero

En Filipinas, la prosperidad se dibuja en forma de círculo: lunares/polka dots en la ropa —por su semejanza con monedas— y 12 frutas redondas (una por cada mes) como promesa doméstica de abundancia. En todas las mesas debe colocarse una bandeja de frutas redondas (uvas, manzanas, naranjas, ciruelas, etc.) y algún detalle circular en la indumentaria.

Legumbres, hojas verdes y "comer el dinero" simbólicamente

En el sur de Estados Unidos, muchas familias empiezan el año con Hoppin’ John (black-eyed peas con arroz y cerdo), a menudo con collard greens y pan de maíz. La lectura simbólica son los guisantes como monedas, las hojas verdes como billetes y un plato de fortuna servida en clave comunitaria.

Ropa interior por colores y una maleta para invitar a los viajes

En gran parte de América Latina aparecen dos constantes muy exportables: la ropa interior de colores con significados (amor, dinero, salud, paz) y el gesto de la maleta para ‘manifestar’ viajes en el año que entra.

Ritual para tener un buen inicio (30–45 minutos, en casa)

1) Preparación del umbral (5 minutos)

Ventila una estancia y deja una luz encendida.

Coloca en una mesa: 1 vaso de agua, 1 vela (o luz), papel y bolígrafo, un cuenco para ‘dejar ir’.

Ten listo un ‘símbolo de abundancia’ en la mesa: uvas, lentejas o fruta redonda.

2) Cierre del año (10 minutos)

En el papel, escribe dos listas:

Tres cosas que cierro (hábitos, miedos, dinámicas, pendientes).

Tres cosas que me llevo (logros, aprendizajes, apoyos).

Rompe el papel de “cierro” y tíralo al cuenco (no hace falta quemar nada). Guarda la lista de ‘me llevo’.

3) Apertura del año (10 minutos)

En un segundo papel, escribe:

Tres prioridades de 2026 (máximo 7 palabras cada una).

Para cada prioridad, una acción mínima semanal (algo que puedas sostener incluso en semanas malas).

Dobla el papel y guárdalo donde lo veas (agenda/cartera).

4) El gesto ‘de puerta’ (3 minutos)

Elige una de estas opciones (o combina dos):

Primer paso consciente: sal al rellano o balcón 10 segundos y entra diciendo en voz baja: «Entro con calma y claridad».

Salto al año (estilo nórdico): sube a un escalón o silla estable y baja de un salto suave al dar la medianoche (sin riesgos).

5) Brindis y bocado simbólico (5 minutos)

Brinda con una frase concreta: «En 2026 priorizo ___».

Come un bocado simbólico:

Uvas (un mes, un deseo).

Lentejas (prosperidad).

Fideos largos (continuidad).

Algo dulce (alegría y convivencia).

6) Cierre (2 minutos)

Pon una alarma el 7 de enero para releer tus ‘Tres prioridades’ y ajustar acciones mínimas (sin castigarte).

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