«Seguimos haciendo este tipo de obras porque la cultura debe representar la libertad y mostrar nuestra realidad»
La Rambleta acoge del 9 al 10 de enero ‘El corazón del incauto’, una historia que defiende la identidad y el amor frente a las barreras de una sociedad que castiga la libertad

El texto de la obra ha sido adaptado por Sergio Villanueva. / P. S.

P. Para contextualizar, ¿cómo explicarías, sin desvelar muchos detalles, ‘El corazón del incauto’?
R. Se trata de un drama rural de tres personajes, escrito por Sandra Franzen y Patricia Suárez, dos autoras y dramaturgas argentinas. Esta versión, que ha sido adaptada por Sergio Villanueva y que no sitúa la obra en ningún espacio-tiempo concreto, tiene lugar en torno a los años 30-40 y toca muchísimos temas porque a pesar de su ambientación es muy universal. El tema más principal es la identidad de género, pero también la represión de la sociedad a la hora de ser libres, la autocensura, el miedo a lo que piensen los demás y el miedo, en definitiva, a ser libres con lo que uno siente. Pero también habla de las diferentes formas de entender una relación, de ese código interno que tiene cada pareja sin la mirada opresora de la sociedad y de la maternidad y la infertilidad, ese deseo incumplido de ser madre del que se habla tan poco. Existe una especie de estigma y las mujeres callan cuando debería ser algo natural. María, mi personaje, tiene un fuerte deseo de ser madre, lo que recuerda mucho a Yerma, de Lorca, pero en esencia no tiene nada que ver. Cuenta con un giro de guion que se asienta y se muestra al espectador desde la segunda escena: María y Honorio, su marido, tienen un juego interno que le permite a él vestirse de mujer. Y de ahí la cuestión de la identidad de género, que aunque lleva pasando desde el principio de los tiempos, por mucho que se haya avanzado en nivel de derechos LGTBIQ+ todavía hay mucho que hacer. Porque por cada paso que se consigue se dan dos para atrás y, lamentablemente, se siguen aporreando puertas de armario.

Paula Serrano interpreta a María en 'El corazón del incauto'. / P. S.
P. En la obra, ¿cómo es el personaje interpretas?
R. María es una mujer que ronda los 30 años, que se casó -o, más bien, la casaron- a una edad temprana con Honorio y que, aunque viene de una familia humilde, ahora ha subido un poquito de escalón en la jerarquía porque es costurera y lleva la casa. Es una mujer que se rige mucho por la bondad y la honra. De hecho, tal y como repite varias veces en la obra, lo que hizo que se enamorase de su marido fue precisamente su bondad. Los nombres también tienen mucho que ver: María se llama así por la Virgen María, no puede concebir y desea un niño más que nada. Es muy religiosa y agarrarse a su fe es lo que la salva de esta degradación y obsesión. Critica mucho la holgazanería y es una mujer muy recta en cuanto a principios. Por su parte, Honorio se llama así por ser un hombre de honor y principios, de «derechos» como él dice, y que nunca cometería injusticias. Por último, Justo es el campesino, un hombre justo, sencillo, trabajador. En definitiva, un jornalero que lleva las tierras.
P. ¿Cómo ha sido el proceso de construcción emocional de María, especialmente en una historia tan íntima y con un mensaje tan potente a la vez que necesario?
R. Fue complejo porque, para no quedarme solo en la primera capa de aquel tul tan agrio y amargo, me enfoque mucho en la fe ferviente, en la confianza de que María sí iba a ser madre, en su deseo. Eso es lo que, como actriz, me hace no quedarme solo en la escasez para teñirlo de solo un color. Conforme avanza la obra, en el arco se observa cómo hace mella el no poder quedarse embarazada. Es un personaje muy alejado a mí; más alegre y sonriente, pero también una mujer de armas tomar que está dispuesta a cualquier cosa con tal de ser madre.

María es muy religiosa y desea más que nada en el mundo ser madre. / P. S.
P. ¿Qué fue lo primero que te atrajo al leer este drama rural? ¿Lo conocías?
R. Lo conocí en México y, como encargada de redes y prensa de aquella compañía, en cuanto vi el ensayo me quedé enamorada del texto y de los personajes, que son un caramelo actoralmente hablando, porque los tres cuentan con un fuerte motor, con deseos y secretos y todo ello hace que sean muy ricos a la hora de interpretarlos. En los tres planos corporales, María sería la más mental; Honorio, el más emocional y de corazón; y Justo, el más instintivo. Nada más ver los ensayos y las funciones supe que tenía que hacer este personaje en algún momento, así que les pedí los derechos a las autoras y, después de cuatro años en València, al tercero me propuse hacerla con o sin subvenciones. Así, junto con mi pequeña productora y dos grandes compañeros como son Manuel Maestro y Javi Nadal, y apoyada por Sergio, hemos logrado hacer un equipo muy bonito. Resumiendo: fue un amor a primera vista literal, supe que quería estar en un escenario encarnando a este personaje.
P. Aunque no se concrete el lugar exacto, los hechos se sitúan en un entorno rural español. ¿Influye esta localización en la forma de actuar de Honorio, María y Justo? ¿Por qué?
R. El lenguaje sigue siendo un lenguaje de época que se entiende perfectamente, pero es más antiguo, algo que me encanta porque para una actriz siempre es un gusto interpretar estas lenguas, maneras de hablar y de expresarse. Pero esta localización sirve, sobre todo, para que el público se identifique con cualquiera de los personajes. Al no poner un lugar concreto, es un campo reconocible por todos los españoles. El objetivo es que la historia llegue al espectador sin buscar una emoción concreta y que miren sin juicio. Conseguir que el público salga diferente a como entró ya supone todo un logro para nosotros.
P. En la obra hay un personaje que vive atrapado entre el deseo y el miedo por no «cumplir» con unos mandatos sociales que condicionan su manera de amar y vivir. ¿Qué reflexión principal te gustaría que quedara en el público una vez cae el telón?
R. Que todos hemos juzgado y, lamentablemente, seguimos juzgando. Que entendamos mejor al de al lado, que abramos la mente, que tengamos más compasión y empatía, que no nos dejemos nada por hacer, que hagamos lo que queramos y que seamos libres. Que dejemos de estar sometidos a la mirada y al juicio externo, porque la sociedad no debería ser represora, sino todo lo contrario. La obra no termina con un final feliz, pero el público se va con ganas de cambiar, consciente de que hay mucho por hacer y por luchar.
«La obra representa las amenazas de la sociedad actual sobre quienes se sienten y expresan diferente».
P. ‘El corazón del incauto’ aborda la identidad de género con mucha sensibilidad. ¿Qué responsabilidad sientes como actriz al contar esta historia sobre un escenario?
R. Es una responsabilidad y un compromiso enorme. El teatro debe ser comprometido, reivindicativo y social. Por ejemplo, la muestra de teatro emergente es una de las condiciones para entrar en la Academia de la Rambleta. En la obra también se habla de salud mental y de libertad. Es una necesidad, no me basta con entretener; me gusta arremangarme y contar temas de los que se tiene que seguir hablando. Por eso, también hemos invitado a asociaciones LGTBIQ+, como Lambda o Galesh. Al terminar la función, hay un coloquio y es muy rico lo que surge entre el equipo y el público. Se ponen sobre la mesa temas incómodos, de los que no estamos acostumbrados a hablar, y los espectadores salen comentando y reflexionando. Vemos que la historia les sacude, que dan ese clic interno que cada uno tenemos dentro de nosotros y que se van con ganas de hacer algo al respecto.

Portada de 'El corazón del incauto'. / P. S.
P. Como actriz, ¿qué te han enseñado estos personajes, más allá del que interpretas, sobre los límites que la sociedad impone y que, en muchas ocasiones, también nosotros mismos nos imponemos?
R. Me han enseñado a ser más compasiva con los demás y conmigo misma, a no juzgar al de al lado, a ser constante para conseguir lo que quiero, a entender por qué esa persona hace lo que hace o es como es. La mochila emocional que lleva cada personaje -y cada persona- es lo que hace que sea de una determinada manera, porque cuenta con un bagaje, y por eso no podemos juzgar sin conocer. Pero sobre todo, la obra enseña que el qué dirán no debe afectar tu día a día, tus decisiones y lo que sientes.
P. Si pudieras definir ‘El corazón del incauto’ en una sola frase para alguien que aún no la ha visto, ¿cuál sería?
R. Es una historia que representa las amenazas de la sociedad actual sobre quienes se sienten y expresan diferente.
P. ¿Cómo es la relación entre los tres personajes? ¿Y el tono que adopta la obra?
R. La relación entre María y Honorio es sumamente cariñosa, de confianza, de admiración mutua. No pueden estar el uno sin el otro, se necesitan, se quieren y se respetan, aunque muchas veces haya tirantez por el deseo no conseguido de María. Muchas parejas que no pueden concebir un hijo viven esto mismo, pero siguen juntos pese a todo. En la obra, es la bondad de Honorio lo que hace que se unan el uno con el otro. Por su parte, la relación entre Justo y María es más jerárquica, de subordinado y patrona. Se tratan de usted y hay respeto, pero para María es persona non grata desde el principio porque hay algo que no le gusta de él, aunque al principio no sepa el qué. Justo y Honorio, en cambio, pasan de una relación más profesional a una más personal.

«Esta obra -cruda, sencilla, minimalista y realista- casi no requiere de ornamentación». / P. S.
P. Sobre la puesta en escena, ¿cómo influye para que el público conecte con la historia?
R. Soy partidaria de que no haya ningún elemento en escena que no se vaya a utilizar. Y esta obra -cruda, sencilla, minimalista y realista- casi no requiere de ornamentación. Solo con dos sillas de cuerda, un suelo de baldosa y una cortinilla de tira, todo el mundo es capaz de trasladarse a la España del pasado. Esto ayuda a que los espectadores se centren en el mensaje y en la historia, que es lo importante. De esta manera, gracias al impecable juego de luces que han hecho los chicos de Una Caza en el Abismo, la música de Manuel Maestro y el espacio sonoro diseñado por Alex Reyes junto con los instrumentos en directo que toca Javi Nadal, logran crear una atmósfera y un ambiente que hace que todos estemos dentro. Cada escena ocurre en la sala de la casa de Honoro y María, pero es más que suficiente para que la gente pueda imaginarse el campo de secano que los rodea.
P. ¿Qué ventaja tiene el lenguaje escénico a la hora de abordar temas como la identidad, la libertad y la diferencia frente a otros formatos narrativos?
R. Tiene un vocabulario y un texto muy cuidado, con palabras elegidas al detalle. Sergio hizo una labor de adaptación maravillosa para traducir los argentinismos al mundo rural español y, al ser precisamente un texto de época, no nos da pie a improvisar por lo que, al tenernos que ceñir a lo escrito, el mensaje llega más claro. A pesar de este vocabulario, se entiende perfectamente por parte de la gente joven y vemos que la obra tiene la capacidad de crear conciencia en ellos.

Cuando Paula vio los ensayos de la obra, supo que quería interpretar a María en algún momento. / P. S.
P. ¿Qué papel crees que tiene el teatro a la hora de construir una memoria colectiva más inclusiva y diversa?
R. Su papel es fundamental. La cultura debe estar comprometida al cien por cien con nuestra realidad, sin medias tintas. Tenemos que hablar de lo que se tiene que hablar, aunque sea incómodo, porque la cultura debe representar la libertad y es por este motivo que hacemos y seguimos haciendo este tipo de obras. Porque crea un espacio de entendimiento, aboga por los derechos humanos, es libre y comprometida. Sería más fácil no tener que hablar de estos temas en pleno siglo XXI, pero las noticias están ahí y están llenas de casos que nos obligan a seguir poniéndolos encima de la mesa. En muchos países se están perdiendo derechos fundamentales, como la ley del aborto, que se está volviendo a prohibir, y desde el teatro tenemos una gran responsabilidad porque es y siempre ha sido un reflejo de la sociedad. Todos los que tenemos voz o la suerte de subir a un escenario no solo debemos visibilizar estas historias, sino que tenemos que hacerlo con el compromiso del artista. Porque aunque hay una parte de la cultura que entretiene, otra va más a crear conciencia, a abrir un poquito el corazón.
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