Uvas autóctonas valencianas: La singularidad que nos define
Bobal, Monastrell, Moscatel... pero también Arcos, Tardana, Forcallà, Pampolat, Verdil o Bonicaire. La Comunitat Valenciana tiene más de una docena de variedades de uva que podrían considerarse ‘autóctonas’ y que aportan diferenciación en un mercado muy atomizado.

La uva Bobal es la variedad autóctona con mayor extensión en la Comunitat. / Urban
Hubo un tiempo en el que los viñedos de la mayoría de territorios vitivinícolas de España estaban dominados por las mal llamadas ‘variedades mejorantes’. Las Cabernet Sauvignon, Merlot, Chardonnay y otras castas foráneas eran protagonistas de la mayoría de los vinos españoles, ya que las bodegas entendían que era la mejor forma de introducirse en un mercado global en el que era necesario entrar con algo reconocible para el consumidor. Por fortuna, hace décadas que esa tendencia ha virado hacia lo autóctono como elemento diferenciador en un mercado en el que el consumidor busca descubrir nuevos vinos afines al territorio donde nacen.
La Comunitat Valenciana ha tenido tradicionalmente variedades de uva que nos han diferenciado del resto de territorios. La más extendida es, sin duda, la Bobal, uva típica de la DO Utiel-Requena (y de otras zonas vecinas de la conocida como ‘Manchuela’) que es una de las más cultivadas en España. Con más de 20.000 hectáreas en el interior de la provincia de Valencia, la Bobal es también uno de los varietales más extendidos de todo el país, aunque su cultivo se concentra básicamente en tierras valencianas. Denostada en otras épocas, hoy en día es una casta muy valorada en la elaboración de rosados frescos y frutales y tintos expresivos de alta capacidad de guarda.
La Monastrell es otra de las uvas clásicas en la Comunitat, sobre todo en el sur de Valencia y todo el territorio alicantino, con más de 6.000 hectáreas en esta Denominación de Origen. Es una casta que el propio Ministerio de Agricultura, dentro del registro de material vegetativo, considera de origen valenciano y sigue estando presente en la mayoría de vinos de calidad que se elaboran en toda la DO Alicante y la subzona de El Clariano de la DO Valencia.
Entre las variedades de uva blancas existen dos típicas de los territorios del vino de la Comunitat Valenciana. La más extendida, la Moscatel, comparte presencia, al igual que la Monastrell, en varias zonas de Valencia y Alicante. Con casi 4.000 hectáreas cultivadas en toda la Comunitat, tres cuartas partes se ubican en la provincia de Valencia, especialmente en la zona centro, con municipios como Cheste, Chiva o Turís como principales puntos de cultivo. Otra de las uvas blancas que podemos considerar como autóctonas es la Merseguera, variedad que da buenos resultados en zonas de mayor altitud (una media de 900 metros sobre el nivel del mar) y que es representativa de la subzona del Alto Turia, dentro de la DO Valencia, donde bodegas como Baldovar 923, Terra d’Art, Bodegas Polo o Santa Bárbara han focalizado sus elaboraciones en una variedad que ofrece vinos diferenciables con buena acidez y expresividad.
El interés del consumidor por descubrir nuevos vinos capaces de definir un territorio ha supuesto el ‘renacer’ de otras variedades de uva que estaban, en algunos casos, al borde de la desaparición. En la DO Utiel-Requena afloran cada año nuevos blancos elaborados con Tardana (también conocida como Planta Nova), una variedad rústica a la que los enólogos de la zona han sabido extraer todas sus cualidades.
En la zona de Terres dels Alforins es donde más se ha trabajado para recuperar varietales olvidados como las tintas Forcallà, Mandó, Arcos o Bonicaire y las blancas Verdil y Tortosí. Dani Belda, Rafael Cambra y Pablo Calatayud fueron pioneros hace ya décadas en esa apuesta por crear vinos singulares a partir de uvas autóctonas, y en la actualidad, otros productores como Javi Revert, Toni Arráez o los responsables de Toni Beneito en Bocairent entre otros, han seguido el camino generando colecciones de vinos capaces de definir la belleza y riqueza de sus paisajes de viñedos.
Mención aparte merecen las variedades autóctonas recuperadas en Castellón gracias a un proyecto desarrollado desde la Cooperativa de Viver en colaboración con el enólogo Pepe Mendoza. En este caso se ha trabajado inicialmente en el registro de variedades para identificar tres castas que ya habían desaparecido (Pampolat, Morenillo y Mondragón) y que se han reinjertado en diversas parcelas par elaborar vinos singulares de edición limitada como estandartes de la IGP Castellón.
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