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Rosalía Molina... alma valenciana en lo alto de la Manchuela

Se inició en el mundo del vino casi por casualidad y hoy dirige una de las bodegas más prestigiosas de la DO Manchuela, Altolandon, un proyecto vital que comparte con Manolo, su pareja, y con el que ha contribuido a visibilizar los vinos de esta región vitivinícola en todo el mundo.

La valenciana Rosalía Molina dirige la bodega de Manchuela Altolandon.

La valenciana Rosalía Molina dirige la bodega de Manchuela Altolandon. / Urban

Vicente Morcillo

Vicente Morcillo

A Rosalía la conozco desde niña. Es un poco más joven, pero compartíamos recreo en el colegio Alfonso X de Requena. Es de esas personas de palpable sensibilidad, que le ponen pasión a todo lo que hacen. Aunque su familia (dedicada a la imprenta) no tenía ‘tratos’ con el mundo de la viticultura, ya desde pequeña tenía una especial curiosidad por la viña. Cada septiembre buscaba alguna amiga con ‘majuelos’ familiares para ir a vendimiar y, a medida que fue haciéndose mayor, ese interés por el mundo del vino, lejos de desvanecerse, fue consolidándose en su cabeza hasta que, regentando junto a su pareja, Manolo, uno de los garitos de moda en Requena, descubrió de la mano de un puñado de alumnos la Escuela de Viticultura y Enología de Requena.

Tras cerrar el ciclo formativo inició su andadura profesional en una de las bodegas españolas de más prestigio, Finca Sandoval, en el municipio conquense de Ledaña. Allí, el enólogo Rafael Orozco terminó de contagiarle (si no lo estaba ya) el gusanillo de la enología, y el recordado Víctor de la Serna le empujó a emprender su propio proyecto. Así, en 1998, junto a Manolo Garrote, Rosalía Molina plantaba sus primeras parcelas de viña en Landete, el municipio de Manchuela de mayor altitud, con una media de más de 1.000 metros sobre el nivel del mar. Fue el germen de Altolandon, una de las bodegas de más prestigio dentro de esta pequeña denominación de origen manchega. Molina apostó en aquel momento por Syrah y Malbec, dos variedades que se adaptan bien a zonas altas, aunque también trabajó en recuperar vetustas parcelas de Garnacha y Bobal de viejos viticultores de la zona que estaban planteándose arrancarlas, algo que «para nuestro proyecto siempre ha sido fundamental, porque es muy importante mantener vivo un patrimonio intangible que define, junto al paisaje, la singularidad de nuestros vinos», afirma la enóloga valenciana.

Estuvieron vinificando los primeros años en la antigua casa de su pareja en el municipio conquense, adaptando cada habitación a las necesidades de la elaboración, hasta que en 2006 comenzaron a trabajar en su propia bodega, ubicada en el centro de una finca de cerca de 250 hectáreas de viñedo cultivadas bajo pautas ecológicas donde crecen entre otras las Bobal, Garnacha, Syrah, Malbec, Cabernet Franc, Pinot Noir, Chardonnay, Godello, Moscatel de Grano Menudo, Garnacha Blanca o incluso Albariño. Juega con el roble y las tinajas de barro para producir una veintena de referencias, todas de forma natural, con la mínima intervención, para tratar de trasladar a cada botella toda la pureza de una zona, la más alta de Manchuela, que suena cada vez con más fuerza en el contexto de los vinos de alta expresión.

Su última apuesta, Vendimia Infinita, es un homenaje al Bobal de viñas viejas, si bien el último lanzamiento de la bodega ha sido Fysikos (naturaleza en griego), un tinto de Malbec y Cabernet Franc en el que ya ha participado Samuel, el primero de sus tres hijos, todos ellos decididos a tomar el relevo en bodega cuando llegue el momento.

Como es habitual en pequeñas bodegas de autor, la exportación es el contexto por donde comercializa sus vinos, aunque Rosalía siempre ha defendido la importancia de estar presente en el mercado local. De hecho, durante una década, una de sus etiquetas, Irrepetible, formó parte del porfolio de la cadena de supermercados Lidl, una experiencia «que nos sirvió para crecer como bodega. Fue una etapa muy fructífera con una relación extraordinaria, ya que la cadena siempre nos respetó, anteponiendo la calidad del vino a su precio. De echo, la relación se rompió cuando cambió la política comercial y comenzaron a ‘apretarnos’ con los márgenes», afirma Rosalía.

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