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El Búnker, un refugio para las uvas típicas de Terres dels Alforins

Con El Búnker, Grupo Arráez abre una nueva línea de vinos enfocados en variedades de uva tradicionales, parcelas singulares y el respeto por las tradiciones vitivinícolas de Terres dels Alforins. El Búnker nace con la ilusión de convertirse en un refugio para preservar los viñedos más antiguos de un territorio en el que el vino es mucho más que una forma de vida. Seis nuevas propuestas que representan otras tantas maneras de mirar la tierra.

Panorámica de El Búnker, una singular bodega de Terres dels Alforins.

Panorámica de El Búnker, una singular bodega de Terres dels Alforins. / Urban

Vicente Morcillo

Vicente Morcillo

Para la Real Academia de la Lengua Española, búnker es un refugio, por lo general subterráneo, para protegerse de bombardeos. Para el Grupo Arráez es también un refugio, pero en este caso para proteger las variedades de uva tradicionales de Terres dels Alforins. A partir de la icónica bodega que construyó hace unos años Dani Belda, el equipo de Toni Arráez ha desarrollado un proyecto llamado a convertirse en estandarte de la tradición vitivinícola de un territorio que va más allá de la belleza de sus paisajes de viñedos.

Antes de comentar los detalles de esta nueva iniciativa Toni Arráez advierte que «El Búnker es un proyecto enfocado en no perder lo que importa, un refugio para preservar los viñedos más antiguos, las uvas que plantaron nuestros abuelos y los métodos de trabajo que nos enseñaron». Sin duda, toda una declaración de intenciones para una colección de vinos que pone el foco en seis variedades de uva clásicas de Terres dels Alforins con las que se elaboran seis vinos procedentes cada uno de una parcela diferente.

La colección se inicia con un sorprendente espumoso rosado de Forcallà elaborado con el método Ancestral llamado a posicionarse como uno de los vinos de referencia en la Comunitat Valenciana por su frescura y cremosidad. A continuación, dos interesantes blancos ponen en valor las variedades Malvasía y Verdil. El primero, con una crianza de tres meses en barrica en contacto con sus lías y dos más en tinajas, se aleja de los tópicos de la zona para acercarse a los blancos típicos de Lanzarote; mientras que el segundo, que fermenta durante días en contacto con sus pieles y tiene una crianza de casi un año en tinaja, rinde homenaje a la antigua forma de elaborar los blancos en este territorio, hoy rebautizado como ‘orange wine’ aunque todavía conocido por muchos lugareños como vino ‘brisado’.

Gama de vinos El Búnker.

Gama de vinos El Búnker. / Urban

La gama de vinos de El Búnker se completa con tres tintos elaborados con uvas de Monastrell, Arcos y Garnacha Tintorera. El primero nace de unos viñedos ubicados en la cara sur del monte Capurutxo y tiene una crianza de tres meses en barrica de roble y nueve meses más en tinaja cerámica. El segundo refuerza su carácter mineral gracias a una crianza de seis meses en tinaja, y el tercero, elaborado con uvas cultivadas en el paraje Els Juncarejos, redondea sus matices después de dos meses de reposo en barrica de roble y otros nueve en tinajas.

En este nuevo proyecto del Grupo Arráez se han cuidado todos los detalles. Los vinos se presentan en botellas de tipo borgoña, con un etiquetado sobrio dominado por el número con el que se identifica cada parcela. Además, los collarines incorporan las coordenadas de los viñedos en los que se cultivan sus uvas para poder localizar en el mapa su ubicación exacta.

En cuanto a la elaboración, El Búnker nace como un proyecto plural en el que han participado de manera activa seis enólogos, que han aportado su particular forme de interpretar cada una de las parcelas que protagonizan los vinos. Marc Gómez, Alberto Durán, José Vicente Carpio, Mari Carmen González, Dani Belda y Toni Arráez son la parte humana de una propuesta que nace donde la viña manda y el tiempo tiene su ritmo. Los seis vinos de El Búnker se presentan en ediciones muy limitadas, siempre en función de la cosecha de cada parcela.

Para Toni Arráez, estos nuevos vinos representan «seis maneras de mirar a la misma tierra. Son vinos que no buscan ser perfectos, sino que buscan ser honestos y emocionar al que los consuma. Son, en resumen, nuestra forma de decir ‘esto merece la pena’».

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