Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Orange o brisado... vuelven los blancos con alma de tino

Lo único ‘novedoso’ de los Orange Wines es su nombre. En realidad este tipo de vino ya se elaboraba por nuestros abuelos (o quizá antes) en muchos lugares del mundo. En la zona del Mediterráneo se les conocía antaño como vinos ‘brisados’, y su principal peculiaridad es que se elaboran como si se tratase de un vino tinto, macerando el mosto con los hollejos para obtener mayor extracción de color y aportar aromas y matices, lo que se alejan de los clásicos blancos frescos y frutales que imperan en el mercado.

En la Comunitat Valenciana encontramos grandes vinos blancos ‘brisados’.

En la Comunitat Valenciana encontramos grandes vinos blancos ‘brisados’. / Urban

Vicente Morcillo

Vicente Morcillo

Los vinos brisados existen desde que el vino es vino. Hay evidencias de su elaboración en el Cáucaso desde hace ocho mil años, y en países bañados por el Mediterráneo como Francia, Italia o España su elaboración se remonta a varias generaciones atrás. Otra cosa es esa ‘manía’ de poner nombres ‘modernos’ a las cosas, como sucede con estos vinos, ahora conocidos como ‘Orange Wines’, nombre comercial inventado a principios de este siglo que hace referencia al color típico del vino, generalmente ámbar o incluso naranja.

Pero vayamos a lo importante. Los vinos blancos brisados son aquellos que se elaboran como si se tratase de un tinto. A diferencia de los blancos convencionales, en cuyo proceso se omite la maceración del mosto con los hollejos, en este caso, tras el prensado, el mosto se mantiene durante varios días (en algunos casos semanas) en depósito junto a los hollejos, también llamados ‘brisa’ en algunas zonas del arco mediterráneo español. Esta maceración provoca mayor obtención de materia colorante (de ahí ese color ámbar tan característico), además de un aporte de aromas y sabores diferentes y, en todos los casos, mayor tanicidad.

Todo este proceso de vinificación culmina en vinos que, para sus detractores, pueden ser más rústicos y austeros, aunque cada vez hay un mayor número de amantes del vino que encuentran en estos brisados una propuesta mucho más gastronómica gracias, precisamente, a su tanicidad y complejidad aromática. De manera genérica, los blancos brisados son más secos y herbáceos que los blancos convencionales, suelen presentar una menor acidez y destacan por una mayor sensación de volumen en boca.

Aunque muchos hablan de que el origen de los bancos brisados en España se sitúa en Cataluña, lo cierto es que en la Comunitat Valenciana existe una tradición en este tipo de elaboración que se remonta al menos a cuatro generaciones. En zonas como el Valle de Alforins, Utiel-Requena e incluso el Alto Turia, ya hay constancia de este tipo de vinos desde hace al menos un siglo, si bien en las décadas de los ochenta y noventa fueron dejando de elaborarse dada la escasa demanda en los mercados.

Rascaña, El Bunker 07, Mudare, Pureza o Veterum son ejemplos de la tradición de vinos brisados en la Comunitat Valenciana

Ahora parece volver este estilo de vinos, sobre todo por parte de ese nicho de consumidor que está habitualmente buscando propuestas diferentes a los vinos más clásicos y convencionales. Reconozco que, personalmente, estos rebautizados ‘Orange Wines’ no se encuadran entre mis favoritos, pero he de reconocer que en el ámbito valenciano he encontrado referencias muy interesantes capaces de armonizar a la perfección propuestas gastronómicas que, en principio, no estarían pensadas para ser acompañadas con vinos blancos.

En Alicante, Pepe Mendoza defiende desde hace varias añadas un blanco brisado elaborado con uvas de Moscatel, Pureza, un vino seco y afilado, con un elegante perfil cítrico y notable sedosidad en boca.

En el Alto Turia (subzona de la DO Valencia), Baldovar 923 se decanta por las uvas de Merseguera y Macabeo para elaborar Rascaña, un blanco dorado con aromas de fruta de hueso, lavanda y resina de pino y un paso por boca tánico de elegante fondo amargoso.

En Utiel-Requena hay numerosas opciones, las más destacadas las que proponen Coviñas y Chozas Carrascal. La primera comercializa bajo el sello Veterum un Orange Wine de Macabeo de viñas viejas que destaca por sus nítidos aromas de fruta de hueso y cítricos, con un ataque en boca directo gracias a su redondo tanino. Por su parte, Chozas Carrascal escenifica esta ancestral práctica en Mudare, también hecho con uvas de la variedad Macabeo, que destaca por su perfil complejo en nariz, con recuerdos de azahar, piel de naranja, melocotón, ciruela y frutos secos.

La última propuesta llega desde La Font de la Figuera, donde Toni Arráez ha recurrido a la variedad autóctona Verdil para elaborar un blanco brisado (dentro del nuevo proyecto El Bunker) llamado a convertirse en objeto de deseo para los amantes de este tipo de vinos gracias a sus aromas cítricos y herbáceos, su amplitud y textura en boca y un singular toque salino que fija su personalidad.

Tracking Pixel Contents