Entrevista | Jorge Blass Mago
Jorge Blass (mago): "La magia es la ilusión de algo imposible"
La magia más pura y cercana de Jorge Blass llega al Teatro Olympia con un espectáculo que invita al público a sentir, participar y volver a creer en lo imposible. Una "vuelta a la infancia» que los espectadores podrán disfrutar hasta el 5 de abril en el teatro valenciano en la que durante más de una hora «disfrutarán como niños"

Jorge Blass visita el Teatro Olympia del 1 al 5 de abril con "Ilusionarte". / Jorge Blass

En un tiempo marcado por la inmediatez, las pantallas y la sensación de que todo puede explicarse con un clic, la magia se abre paso como un refugio inesperado. Del 1 al 5 de abril, el Teatro Olympia acoge Ilusionarte, el nuevo espectáculo de Jorge Blass, una propuesta que huye de las grandes artificiosidades para regresar a lo esencial: el asombro puro. Solo sobre el escenario, sin grandes aparatos ni efectos que oculten el truco, el ilusionista invita al público a un viaje íntimo donde lo imposible sucede a escasos centímetros de los ojos… y, en ocasiones, incluso en las propias manos de los espectadores.
Lejos de la espectacularidad tradicional asociada al género, Ilusionarte se construye desde la cercanía y la emoción compartida. Blass, galardonado con el prestigioso premio Stage Magician of The Year, reivindica una magia desnuda, casi artesanal, que combina la prestidigitación clásica con innovaciones tecnológicas y una interacción constante con el público que le visita. El resultado es una experiencia transversal, capaz de conectar a varias generaciones en un mismo instante de sorpresa: niños, padres y abuelos unidos por esa reacción universal que escapa a cualquier explicación lógica. Porque, como defiende el propio mago, la ilusión no entiende de edades ni de idiomas; es una emoción primaria que nos devuelve, aunque sea por un momento, a la mirada limpia de la infancia.
A lo largo de la función, lo poético convive con lo imposible: desde una tormenta de nieve creada con una simple servilleta hasta efectos que convierten el teléfono móvil del espectador en parte activa del espectáculo. Todo está pensado para generar una experiencia inmersiva en la que la magia no solo se contempla, sino que se siente. Incluso hay espacio para momentos profundamente personales, como ese juego en el que un único espectador ve materializarse recuerdos clave de su vida ante la mirada de todo el teatro, demostrando que lo íntimo también puede ser universal.
Con Ilusionarte, Jorge Blass no solo presenta un espectáculo, sino una declaración de intenciones: recuperar la capacidad de sorprendernos en un mundo que parece haberlo visto todo. Una invitación a creer, aunque sea durante una hora y veinte minutos, que lo imposible todavía puede suceder.
Ilusionarte no solo es un espectáculo, sino una experiencia... ¿Cómo nace esta idea?
Este espectáculo es un viaje a la esencia de la magia. No es una magia de grandes aparatos o artificios, es una magia muy pura con números de prestidigitación, números innovadores e interactivos con el público. Es lo contrario a las grandes fanfarrias, es un espectáculo de ir a la esencia, estoy solo en el escenario y es la magia más pura, donde no hay trampa ni cartón porque no se puede enmascarar con luces o efectos especiales.
La magia no solo se ve, sino que se siente. ¿Cómo se construye esa emoción estando tú solo sobre el escenario?
Contamos con una escenografía de cuadros suspendidos y proyecciones. Hay números que hago entre el público completamente rodeado y la gente lo puede ver gracias a estas cámaras de vídeo. También hay números muy espectaculares, como una tormenta de nieve creada con una servilleta de papel. Además, hay números tecnológicos donde los espectadores usan sus teléfonos móviles desde la butaca y hacen una magia que sucede en sus propias manos y que les conecta a todos en un momento. La magia ha evolucionado mucho, pero en esencia es la misma emoción, es la ilusión de algo imposible que no puedes entender y que está delante de tus ojos y te quedas fascinado, ¿no? Como si fueras un niño. Es una vuelta a la infancia.
La magia ha evolucionado mucho, pero en esencia es la misma emoción, es la ilusión de algo imposible que no puedes entender y que está delante de tus ojos y te quedas fascinado
¿Crees que hoy en día necesitamos más que nunca sentir esa emoción en un mundo donde ya casi no hay sorpresas? ¿Cómo intentas que el público se sienta así?
Es verdad que lo necesitamos más que nunca porque la ilusión es un motor que nos hace funcionar, que nos hace estar más conectados. Entonces, lo bueno de este espectáculo es que llega a muchos tipos de público. Hay veces que he tenido hasta cuatro generaciones de familias en las funciones, niños, sus hermanos mayores, sus padres y sus abuelos... Y cada uno tiene una lectura distinta de lo que está viendo. Al final la magia llega de forma diferente, pero todos se unen en ese momento de mirarse y decir "no, no puedo creer lo que estoy viendo". A mí me gusta pensar que los niños descubren que sus padres no lo saben todo. Eso es lo que produce la magia. No atiende a edades, no atiende muchas veces a idioma, porque hay muchos juegos visuales en el espectáculo que alguien que no hable nuestro idioma, lo puede disfrutar igual. En ese sentido la magia que nos hace volver a a creer en lo imposible, y eso para mí es lo más emocionante.

Jorge Blass realiza un truco de magia con niños sobre el escenario. / Silvia Alonso
¿Hay algún momento del espectáculo que sea especialmente emocionante o donde el público reaccione de forma especial?
Hay un juego que hago solo para una persona que sube al escenario. Hago aparecer momentos muy importantes para la vida de esa persona y esa emoción se contagia a todo el teatro. Es un concepto distinto: magia para uno que trasciende a todos. También hay números muy poéticos y otros muy tecnológicos, como uno donde hacemos un pedido online que rompe con lo que estamos acostumbrados a ver en magia.
O sea, que en este mundo tan digital, ¿integras la tecnología en el show?
Eso es. La tecnología y la magia tienen mucho que ver. Como decía Arthur C. Clarke: "toda tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia". La magia materializa de forma artística lo que la tecnología o la ciencia aún no han conseguido, como hacer que algo sea invisible, se teletransporte o levite. Con la magia ves como algo levita por los aires y te preguntas "¿Cómo puede ser?" Y está dentro de un frasco cerrado y sigue levitando. Y entonces te das cuenta que donde la tecnología aún no puede, la magia, de forma artística, con una técnica, un secreto, hacemos que eso pueda ser posible, ¿no?
¿Cómo es el proceso de creación de un espectáculo como este?
Es mucho prueba y error, mucho trabajo y contar con un gran equipo. Tenemos a Paula Fernández, que está haciendo toda la producción y asegurándose que llegue esa magia a todas partes. Marco, que es mi creativo y la persona que me acompaña siempre y desarrollamos juntos lo que hacemos. Carmen, Marga, Alejandro o Alex, todos son iluminadores o regidores de escena o o también ingenieros que me ayudan a a desarrollar el los efectos. Fabricamos, fallamos y volvemos a empezar. A veces nos hemos pasado dos o tres años hasta que un juego ha salido bien.
¿En qué se ha diferenciado este proceso creativo al buscar nuevos trucos e ideas para este espectáculo?
He buscado mi visión de la magia en el siglo XXI, que tiene que ser un diálogo interactivo con el espectador. La gente desde la butaca no solo tiene que observar, también tiene que ser parte del show. Reinvento efectos, algunos clásicos y otros nuevos, como el número de las cartas que ahora hago con imágenes de la vida de una persona. Por ejemplo, hay un número en esta función que llevo haciendo desde los 15 años, pero lo he reinventado para poderlo hacer en este espectáculo. Y bueno, sí que es un proceso de selección de material y de repertorio, de elegir las emociones que vayan fluyendo en el show, siempre con la idea de que sea una magia muy pura, sin cajas donde se corta a una bailarina. En Ilusionarte está todo muy dirigido a que la magia brille como nunca antes.
He buscado mi visión de la magia en el siglo XXI, que tiene que ser un diálogo interactivo con el espectador. La gente desde la butaca no solo tiene que observar, también tiene que ser parte del show
Hablabas de que el objetivo es creer en lo imposible, ¿es también un mensaje vital?
La realidad supera la ficción muchas veces, y cuando pensamos que esto no puede pasar, pues pasa. Nuestra misión es que el espectador se siente en la butaca y vea cosas que nunca antes ha visto y que sea muy impactante. A mí me gusta pensar que lo que hacemos tiene ese efecto. Es una gran responsabilidad porque mucha gente viene y dice que nunca había visto magia en directo; si les gusta, hemos ganado un espectador para el futuro. Así que es muy importante darlo todo en el escenario y desde luego ofrecerles a los espectadores algo muy novedoso y que les atrape.
Para quién aún no haya visto la función y de cara a su estreno en el Teatro Olympia de València... ¿Por qué el público no debería perderse Ilusionarte?
Porque durante una hora y 20 minutos van a disfrutar como niños. Va a ser un momento emocionante que van a recordar y compartir. La magia es algo que cuando lo pruebas no puedes dejar de de disfrutarlo. Les animo a venir porque van a salir rejuvenecidos del teatro, con algo transformado en ellos y una gran sonrisa, estoy seguro de ello.
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