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Antonio Carmona: «Soy un sobreviviente: después de lo que me pasó, subirme a un escenario es el secreto de la vida»

Tras superar un grave episodio de salud y después de más de cuatro décadas marcadas por la fusión y el respeto a sus raíces flamencas, Antonio Carmona presenta este viernes en València «Baró Drom», un trabajo que define como un viaje musical y vital en el que conviven memoria, familia y nuevas generaciones, y con el que inicia una gira que celebra la vida y la música como motores de resistencia y crecimiento.

Antonio Carmona.

Antonio Carmona. / L-EMV

Voro Contreras

Voro Contreras

València

El cantante Antonio Carmona regresa a los escenarios con Baró Drom, un disco que resume su viaje musical y vital y que presentará este viernes 10 de abril en el Palacio de Congresos de València, dentro de una gira que define como «muy especial». Tras más de cuatro décadas de carrera -desde su etapa en Ketama hasta su consolidación como solista- el artista se muestra ilusionado, reflexivo y agradecido a la música, a su familia y a las raíces que han marcado su camino. En esta conversación, Carmona habla de la fusión, de las críticas que recibió en sus inicios, del cambio que supuso el grave episodio de salud que sufrió en 2017 y del momento vital en el que se encuentra ahora: «el árbol está creciendo y yo sigo echando raíces».

Da la sensación de que este disco era especialmente deseado, casi como un hijo a última hora.

Deseado todo: la gira, los productores con los que he trabajado… He podido trabajar con gente muy joven, con músicos que me han aportado muchísimo, y también pasearme por Francia con chavales franceses. Para mí eso es como un paseo por la música que yo admiro, la que siempre me ha gustado. Ahora hay un boom latino que yo ya experimentaba desde que tenía 14 años, porque mi padre me traía mucha música de Latinoamérica. Este disco es un viaje por todo eso.

¿Es el final de un viaje o una etapa más?

No veo el fin del viaje. He dejado diez temas en el disco, pero tenía siete u ocho más. He compuesto muchísimo. Este es el Antonio Carmona de ahora, un Antonio que ha echado raíces y que disfruta mucho más. Me conozco mejor y pasan cosas muy bonitas.

Después de tantos años de carrera, ¿siguen los nervios antes de arrancar una gira como la que empieza este viernes en València?

Siempre se tiene el gusanillo. En València, por ejemplo, tengo que buscar temas determinados para los invitados que vienen a cantar conmigo, José Manuel Casañ y Sole Giménez. Tengo que hacerles los trajes a medida para que se sientan a gusto y para que sea un día muy especial. Quiero que los colegas que se suban al escenario se sientan verdaderamente bien, como si estuviéramos en una habitación compartiendo música. Esa es la clave de todo.

También se ha hablado de la posible colaboración de estudiantes de la Berklee.

Estoy pendiente de algunas cosas, intentando que salgan adelante. Para mí es muy importante trabajar con músicos jóvenes, compartir con ellos y aprender también de su energía. Siempre dejo la puerta abierta a que pasen cosas bonitas.

Si fueras su profesor, ¿qué es lo primero que le enseñarías a estos futuros maestros de la música?

No sé si podría enseñarles algo porque lo mío es muy especial. Vengo de familia flamenca: mi padre era Juan Habichuela. Tú tiras una semilla ahí y crece, porque había buena tierra y buena semilla. Ese árbol ha echado ramas: mi primo Pepe Habichuela, mi hermano Juan, mi primo José Miguel… Yo me muevo entre muchos estilos: pop, latinos, boleros... Pero conozco muy bien mi raíz. Y cuando conoces bien tu raíz puedes irte a otras raíces y a otras músicas sin miedo. Sé lo que es una siguiriya, una taranta o una bulería, y me gusta que el flamenco esté en su sitio, en su pureza. Pero también me gusta colaborar con otras músicas y con otras culturas. Creo que ese árbol sigue creciendo porque conozco muy bien mi raíz. Y cuando conoces tu raíz, puedes irte a otras.

Siempre has sido uno de los artistas más abiertos a la mezcla, en lo artístico y también en lo personal.

Claro, ahí está mi rubia con ojos verdes (dice entre risas, en referencia a su mujer). A mí me encanta la fusión, la mezcla, es para mí una especie de guía. Yo me siento con la gente y aunque soy flamenco, mi música va más allá. El flamenco es mi expresión personal. Me levanto por la mañana, me miro al espejo y digo: «¡Qué flamenco eres!».

¿Y qué es ser flamenco en el siglo XXI?

Son costumbres: que vengan mis hijas a comer, que lleguen amigos, que haya música en casa… Por mi casa pasa todo el rato el flamenco. Aunque mi música no sea flamenco puro, yo no reniego de él.

Antonio Carmona

Antonio Carmona / L-EMV

En los inicios de Ketama recibisteis muchas críticas por fusionar estilos. Sobre todo de Despeñaperros para abajo.

Sí, claro. Nos llamaban de todo. En Andalucía, al principio, no nos llamaban tanto para tocar. Trabajábamos mucho más por Cataluña, Euskadi o Galicia. De repente cogíamos una guitarra eléctrica o una batería y la gente no estaba acostumbrada a escuchar eso en el flamenco. Pero curiosamente empezamos a ser más conocidos en Europa que en España. Nuestro éxito vino de Europa y de África. Ahora sí siento que me reconocen en todos lados y que la gente entiende mejor lo que hicimos.

¿Ves como un triunfo personal que ahora artistas como Rosalía o C. Tangana triunfen gracias a la fusión del flamenco con un montón de cosas?

Lo siento como un avance. Nuestra raíz ha llegado a la música urbana y a la gente joven. Para mí eso es maravilloso. Además, muchos de esos artistas se acercan con respeto. Reconocen los cantes, saben lo que están haciendo, y eso refresca de alguna manera nuestra raíz. Siempre ha habido gente transgresora. A nosotros nos tocó hacerlo en los años 80 y 90, pero antes ya hubo artistas que rompieron moldes.

En este disco se percibe una reflexión sobre el paso del tiempo. ¿Ha cambiado tu manera de vivir la música desde aquel coma de 2017 que casi se te lleva por delante?

Sí, claro. Yo soy un sobreviviente. Lo que me pasó en 2017 fue un antes y un después. Estuve una semana en coma y luego casi seis meses hasta que pude pronunciar la letra R. Me quedaron secuelas, pero aquí estoy, saliendo de gira. Eso te hace ver la vida de otra manera y valorar mucho más lo que tienes. Ahora me encuentro ilusionado, con mi familia cerca y con una gira muy bonita. Estoy en un momento en el que el árbol está creciendo y se está esparciendo la raíz.

La familia aparece constantemente en tus canciones y en tu discurso. Y, además, colabora, como tu tío Pepe Habichuela o tus hijas

Mi familia es fundamental. Mi tío Pepe fue el que me dio las alas para poder conocer la música. Entre él y mi padre me guiaron muchísimo. En aquella época, con 13 o 14 años, podías acabar mal en la calle. Pero mi tío me salvó cuando me dijo: «Ponte a tocar». Y eso me cambió la vida. Por eso intento hacer lo mismo con mis hijos y mis sobrinos. Intento transmitirles esa pasión por la música y por la familia.

Tus hijas también se dedican a la música. ¿Viven una realidad distinta a la que viviste tú?

Completamente distinta. Ellas están viviendo una época musical muy diferente a la mía. Yo viví los años 90 y tú podías estar dos años de gira y después, de todo lo que habías generado, podías quedarte un año en casa tranquilamente haciendo el disco. Ahora mismo eso es imposible. Dentro de la música tenemos muy pocas ayudas. El cine tiene ayudas por todos los lados, pero la música no. Las discográficas tienen muchos artistas y muy poca gente trabajando. Hay bastantes problemas en eso, y me da pena por los músicos jóvenes, porque tienen pocas oportunidades y pocas plataformas para crecer.

Y también, desde el mismo título, reivindicas tu cultura y tu identidad gitana.

Claro. Nosotros entramos en España hace más de 700 años. Tener una lengua propia, una cultura propia, es una riqueza. Yo esa cultura la comparto con quien quiera conocerla. Hay gente que no la entiende, pero cuando la conoces descubres cosas maravillosas. Para mí ser gitano es tener libertad, poder compartir y vivir la cultura sin miedo.

El disco también tiene contenido social.

Siempre hay que dar un mensaje, siempre hay que decir «aquí estoy». En algunos temas hablamos de la paz, de los conflictos bélicos, de las injusticias. Nosotros tenemos una voz a través de la cultura y debemos usarla. Hay muchas cosas reivindicativas que debemos tener en cuenta, porque los conflictos nunca traen nada bueno.

El disco se cierra con Ay cuánta noche eterna, un título que puede sonar melancólico. ¿Tiene que ver con aquellas noches largas de antes?

No es un lamento. Esa canción la escribí con Chabuco y recordábamos mucho la música llanera, la música venezolana. Él venía con el horario cambiado y nos quedábamos en casa hasta las tres, cuatro o cinco de la mañana. De esas noches largas salían canciones. No eran solo fiestas: eran noches de música, de inspiración, de compartir, de recordar ritmos y buscar melodías.

Mirando hacia el futuro, ¿qué retos te planteas?

Llegar a países donde nunca he llegado y conectar con gente joven. Y, sobre todo, ser feliz. Cuando me subo a un escenario, el tiempo pasa de otra manera. Me pongo a ensayar y de repente digo: «¿Pero ya son las ocho?». Ese es el secreto de la vida: divertirse.

¿Te imaginas haciendo otra cosa que no fuera música?

No lo sé… Dicen que si quieres ser feliz un día, te emborrachas, pero si quieres ser feliz toda la vida, te haces jardinero. A mí la jardinería me gusta mucho, da paz. Pero yo haría jardinería escuchando música.

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