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"WE", un latido entre generaciones para Dansa València

«WE», la última propuesta de gran formato de la veterana compañía Mal Pelo, se presenta como el esperado colofón de Dansa València este próximo domingo . La pieza destaca por su elenco intergeneracional de 12 bailarines procedentes de seis países diferentes, cuyas edades oscilan entre los 20 y los 63 años, fomentando una búsqueda compartida sobre la identidad y la convivencia en comunidad.

«WE.Nosotros y los tiempos», concluirá Dansa València.

«WE.Nosotros y los tiempos», concluirá Dansa València. / Tristan Perez-Martin

Voro Contreras

Voro Contreras

València

El festival Dansa Valencia se prepara para un cierre de excepción. El próximo domingo, el escenario del Teatre Principal recibirá a "WE. Nosotros y los tiempos", la última y ambiciosa propuesta de la veterana compañía Mal Pelo. Con 37 años de trayectoria, la valenciana María Muñoz y Pep Ramis, su pareja artística y vital, presentan una obra que no es solo un despliegue coreográfico, sino un manifiesto sobre lo que significa construir comunidad. "WE" se presenta así como una respuesta escénica a ese deseo de resistencia colectiva: una invitación a mirar al otro, a escuchar y a imaginar juntos el futuro que todavía está por construirse.

Un mapa de cuerpos y experiencias

"WE" rompe con la tradición de las piezas de cámara, los solos y los dúos que han caracterizado gran parte de la historia de la formación. En esta ocasión, la escena se puebla con 12 bailarines de procedencias tan diversas como Francia, Hungría, Argentina, Italia, Dinamarca y España. Sin embargo, la verdadera riqueza de este elenco radica en su arco generacional: desde jóvenes de 20 años hasta veteranos de 63, incluyendo el contrapunto vital de Pep Ramis en escena.

Este cruce de edades responde a una inquietud profunda que María Muñoz plantea como motor del proyecto. "Para nosotros era muy importante la pregunta de qué dejamos en la palma de la mano para dar a las nuevas generaciones", explica la coreógrafa valenciana. El objetivo, según señala Muñoz, ha sido "generar una situación que permitiera una transmisión intergeneracional y una búsqueda compartida durante el proceso".

De los doce intérpretes -Arianna Bonacina, Luca Bologna, Paula Calveras, Enric Fàbregas, Miquel Fiol, Ona Fusté, Milagros García, Jacob Gregersen, Alec Letcher, Martí Ramis, Paula Ramis, Pep Ramis, Sam Ramis y Zoltan Vakulya-, nueve son muy jóvenes y viven en "WE" su "primera experiencia escénica de largo recorrido".

La coreógrafa insiste en que el planteamiento parte de una voluntad muy concreta: "No es una pieza sobre los jóvenes, es una pieza con los jóvenes". Para la compañía, este matiz define la naturaleza del proyecto, concebido como un espacio de convivencia creativa más que como un ejercicio pedagógico.

Gran parte de este proceso se ha desarrollado en el espacio de creación que la compañía impulsó hace décadas en la localidad catalana de Celrà. Allí, recuerdan, la convivencia entre generaciones forma parte natural del trabajo. "L’animal a l’esquena siempre ha sido un lugar de encuentro y de intercambio", explica Muñoz. "Nos interesa que el proceso creativo sea también un espacio donde las generaciones se escuchen y se transformen mutuamente".

«WE.Nosotros y los tiempos», concluirá Dansa València.

«WE.Nosotros y los tiempos», concluirá Dansa València. / Tristan Perez-Martin

Caminar como resistencia

La pieza se articula en torno a la idea de la migración y el movimiento, apoyada en el poema "Separación" de John Berger, colaborador estrecho de la compañía durante doce años. Físicamente, este concepto se traduce en un gesto universal: el caminar.

La relación con el texto de Berger no es casual ni reciente. Muñoz recuerda que su obra ha acompañado distintos momentos creativos del grupo: "Es un poema que ya habíamos trabajado antes, incluso con su propia voz, y que vuelve ahora como una especie de memoria que atraviesa la pieza".

María Muñoz describe la complejidad que descubrieron en este acto aparentemente simple. "Nos hemos pasado horas y horas en el estudio haciendo estudios sobre el caminar en grupo... se convierte en un espacio de casi meditación", explica. Para la coreógrafa, el tiempo de observación es clave: "Aparentemente es sencillo, pero dentro de esa sencillez, luego viéndolo se despliega una gran complejidad, se despliegan paisajes, ves a la humanidad, ves desplazamiento, ves grupo, ves individuos dentro del grupo".

Ese caminar se convierte en una metáfora del viaje y del desarraigo, pero también de la convivencia. Como señala Ramis, "caminar juntos obliga a escuchar el ritmo del otro, a entender que el grupo también te transforma".

Fricciones y traducciones

Trabajar con un grupo tan heterogéneo ha exigido un esfuerzo constante de traducción. María Muñoz explica que, a diferencia de cuando ellos mismos bailan -donde no hay distancia entre la idea y la ejecución-, con un grupo diverso es necesario un puente: "Es necesario hacer ese camino de traducción que está vinculado a la transmisión... de cómo entiendes la manera de trabajar el cuerpo, el movimiento en el espacio y la conexión con el paisaje interior".

Pep Ramis, por su parte, aporta la perspectiva del intérprete que se enfrenta a la dirección: "Las fricciones surgen siempre en el trabajo escénico porque a veces uno se encuentra... en situaciones donde no encuentras ahí de pronto cuál es el camino para transitar entre las ideas que tú tienes, lo que tu cuerpo es capaz de hacer y lo que desearía el director". Para Ramis, estas crisis son normales y necesarias en el proceso creativo.

Muñoz coincide en que estas fricciones han sido bienvenidas: "Hemos tenido que escuchar mucho cuál era el latido, las preguntas, las necesidades de toda esta generación de gente muy joven... Tienen unos planteamientos políticos, sociales y de género muy fuertes... las generaciones jóvenes lo llevan como varios pueblos de ventaja".

El encuentro con esta nueva generación también ha puesto sobre la mesa preguntas profundas sobre el legado. "Crecer va ligado a un legado", reflexiona Muñoz. "Y la pregunta es qué les damos, si es que realmente les damos algo". Estas discusiones, vinculadas a la manera de entender el cuerpo y su representación, han enriquecido el lenguaje escénico de la obra.

«WE.Nosotros y los tiempos», concluirá Dansa València.

«WE.Nosotros y los tiempos», concluirá Dansa València. / Tristan Perez-Martin

Un tejido sensorial simultáneo

En "WE", el espacio sonoro y el movimiento no se ilustran mutuamente, sino que nacen a la vez. Fanny Thollot lidera una dramaturgia sonora que incluye texturas y la intervención de músicos como la soprano valenciana Quiteria Muñoz.

María subraya que "el movimiento, las imágenes, los textos y el espacio sonoro los hemos tejido de una manera muy profunda desde el principio del proceso... no es algo que haya llegado después a ilustrar lo que habíamos hecho".

El espectáculo incorpora también voces de los propios intérpretes. "Hemos introducido la voz de algunos bailarines, mezclando cuerpo y palabra, como si fuera la letra de esta banda sonora", explica Ramis. La diversidad lingüística del elenco -procedente de distintos países- añade nuevas capas de significado a la pieza.

Entre los Pirineos y la precariedad

'WE. Nosotros y los tiempos' es una coproducción del Mercat de les Flors de Barcelona, Centro Danza Matadero de Madrid, El Canal Centre d'Arts Escèniques de Salt, Temporada Alta, Scène National du Sud-Aquitain, Scène Nationale Essone, Le Parvis Scène Nationale Tarbes Pyrénées y el Institut Català de les Empreses Culturals (ICEC).

La compañía ha encontrado un fuerte apoyo en Francia, donde han realizado una extensa gira. María Muñoz reflexiona sobre la diferencia cultural: "Lo que es diferente es el tiempo que otros países... llevan integrando lo que es el lenguaje del movimiento, la idea de dramaturgias no lineales, la poética de este tipo de espectáculos, en sus programaciones regulares".

En el país vecino, explica, el público ha desarrollado una familiaridad con estos lenguajes que permite llenar los teatros incluso entre semana. "Hay una continuidad en las políticas culturales que hace posible sostener este tipo de propuestas", añade.

Al mirar hacia València, Muñoz reconoce la dificultad de producir obras de este calibre. Aunque se siente conectada con los compañeros que luchan por "mejorar la precariedad de nuestra profesión", admite que levantar un proyecto como "WE" en la Comunidad Valenciana sería, actualmente, "muy difícil".

Una esfera de comunicación

Al final del trayecto, "WE" no busca dar lecciones, sino abrir preguntas. Para María Muñoz, el objetivo es que se cree una "esfera de comunicación" entre lo propuesto y el mundo de cada persona que asiste al teatro.

Frente a la situación convulsa del mundo actual, la coreógrafa concluye con una declaración que resume el espíritu de la pieza: "Más que nunca es una necesidad de resistir a defender otros valores que nos acercan como humanidad, como humanos, y que van en la línea de construir, de crear en común y de compartir".

«WE.Nosotros y los tiempos», concluirá Dansa València.

«WE.Nosotros y los tiempos», concluirá Dansa València. / Tristan Perez-Martin

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