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Concierto

Estrella Morente: "Experimentar me viene de cuna; si no entendiera la música como un lenguaje universal, sería para matarme"

La cantaora cierra el festival 'Sagunt a escena' en el Teatro Romano este sábado, donde ofrecerá un repertorio con grandes estandartes como 'Habanera imposible' o 'Volver'

Estrella Morente en el Festival Paco de Lucia de Mallorca.

Estrella Morente en el Festival Paco de Lucia de Mallorca. / Festival paco de Lucía/José Luis Luna

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Amparo Soria

Amparo Soria

València

A Estrella Morente todavía le duele el escenario. Es una paradoja, ya que su vida se ha desarrollado encima de las tablas. Este sábado, la cantaora regresará al Teatro Romano dentro de Sagunt a Escena, un espacio que conoce desde niña y en el que ya actuó junto a su padre, Enrique Morente. Recorrerá los palos del flamenco, un «lenguaje universal» que ha explorado sin miedo a cruzar fronteras y que, como defiende, «debería ser de mayorías».

¿Qué va a encontrar el público en el espectáculo de este sábado?

Un espectáculo flamenco puro y un repertorio inspirado en nuestros cantes, nuestras raíces y nuestras fuentes. Haremos alegrías, fandangos, soleá por bulería, seguidillas, tangos... Es un repaso por todos los palos que nos apasionan y con los que nos sentimos identificados en nuestra identidad flamenca.

Como artista que has crecido sobre el escenario, ¿qué representa subirse a uno con dos mil años de historia?

Sagunto tiene connotaciones muy especiales. Estuve de niña acompañando a mi padre, además de ver grandes espectáculos en ese teatro. Además, tuve la oportunidad histórica de interpretar allí nada menos que a Lisístrata, la comedia clásica griega de Aristófanes. Fue en una maravillosa adaptación de Miguel Narros que José Carlos Plaza llevó a cabo de manera póstuma. Por eso, entiendo ese lugar no solo desde la música, sino desde el propio arte del teatro y las entrañas de obras tan maravillosas como 'Fedra', 'Medea' o la ópera, que he tenido la suerte de presenciar allí.

Viniendo de una tierra con tanta carga cultural como Granada, comprendes la carga histórica de este tipo de lugares.

Vengo del Sacromonte, de una ciudad como Granada que acogió a múltiples civilizaciones: cristianos, árabes, gitanos, bandoleros, judíos... Sé lo que es buscar entre los mosaicos y descubrir los mensajes secretos escritos en las paredes de la Alhambra. Valoro muchísimo la historia y la arquitectura. Considero que la vista es un sentido fundamental y mis ojos han contemplado mucho arte, pero el Teatro Romano de Sagunto son palabras mayores. Hablamos de espacios ancestrales que forman parte de la historia y el patrimonio de este país.

Estrella Morente junto a Juan Carbonell 'Montoyita' en el Festival Paco de Lucia Mallorca.

Estrella Morente junto a José Carbonell 'Montoyita' en el Festival Paco de Lucia Mallorca. / Festival paco de Lucía/José Luis Luna

¿Se siente el peso de esa historia al actuar?

Totalmente. Hace muy poco, 'Montoyita' [José Carbonell, 'Montoyita'] y yo tuvimos la suerte de actuar en el Grec dentro del 50 aniversario de su festival, y nos sentimos unos privilegiados de pisar esos espacios tan sagrados, sublimes e históricos. Llegamos allí con todo nuestro respeto y nuestra responsabilidad, plenamente conscientes de que no estamos en un escenario cualquiera.

Habitualmente defines el escenario como un ritual. Con tu trayectoria, ¿sigue imponiendo?

Los nervios siempre van a estar. Es una sensación física, como un nudo en el estómago que cuesta definir si es dolor, angustia o tensión, pero tengo claro que a mí el escenario me duele. Lo vivo y lo padezco en el cuerpo. El día que no lo sienta así... Ese nerviosismo se debe al peso de la responsabilidad frente al público, un peso que es mayor cada día que pasa.

¿Es una responsabilidad que supera lo artístico?

Sí, con los años ya no pienso solo en la voz. Estoy pendiente de las luces, de la escenografía, de las entradas y salidas de los compañeros... Me preocupa que todo el espectáculo tenga un hilo conductor coherente y que los músicos se levanten lo menos posible del escenario. Para lograr eso, hay que construir un repertorio muy preciso.

¿Cómo es ese proceso de diseño y encaje de las piezas del espectáculo?

Nos pillas ahora mismo a Montoyita y a mí repasando el repertorio para Sagunto. Estamos decidiendo cómo enlazar una alegría con una soleá, si las falsetas del Albaicín funcionan mejor antes de la seguidilla o si interpretamos la taranta a solas antes de incorporar al resto de los músicos. Es como armar un rompecabezas, un relato continuo.

¿Hay alguna canción que sigas cantando de forma diferente en cada función?

Hay varias canciones que me acompañan como auténticos estandartes y que siempre suenan distintas. Aunque las cantemos dos días seguidos, nunca suenan igual, aun respetando los cánones del tema. Una de ellas es 'La habanera imposible' de Carlos Cano.

"Mi padre me pidió expresamente que cantara 'Habanera imposible'. Fue en la última conversación que tuve con él; me preguntó si había cantado 'La habanera imposible' y me dijo: "No dejes de cantarla nunca en tus conciertos"

¿Por qué?

Es preciosa, dedicada a Granada, la ciudad del agua. Le tengo una profunda veneración a Carlos Cano, pero además la canto por un motivo muy especial: mi padre me pidió expresamente que lo hiciera. Fue en la última conversación que tuve con él; me preguntó si había cantado 'La habanera imposible' y me dijo: "No dejes de cantarla nunca en tus conciertos. Define muy bien tu tierra, es romántica y preciosa". A pesar de su romanticismo, lleva un compás alegre que evita que se vuelva lánguida o triste. Es una composición de una calidad extraordinaria.

Otro tema emblemático es 'Volver'.

Hay canciones que las asocian directamente a ti. Cuando no la incluyo en el repertorio porque estamos proponiendo otras cosas, el público la echa de menos. Al final, suelo regalársela porque nos ha acompañado a Montoyita y a mí por medio mundo. Y, al igual que las otras, siempre sale diferente.

"Pedor Almodóvar y Penélope Cruz vinieron al estudio a grabar 'Volver' con mi padre y Montoyita, cuyo acompañamiento con la guitarra equivale a una orquesta filarmónica"

En una comunión absoluta con la guitarra. ¿Cómo se gestó esa interpretación?

El maestro Montoyita figura como coautor en el registro de la propiedad intelectual. Es un tango original de Carlos Gardel que yo le escuché cantar a Chano Lobato. Mi padre lo llevó al estudio junto a Pedro Almodóvar y Penélope Cruz, y la grabación se hizo en riguroso directo con todos allí. El acompañamiento de Montoyita es tan especial que equivale a interpretar "Volver" con una orquesta filarmónica entera, pero concentrada en su guitarra. En el plano creativo, da igual que haya una guitarra o cien músicos: el resultado es una creación completamente nueva.

Si tuvieras que elegir una canción que represente tu momento vital actual, ¿cuál sería?

Me hace una ilusión tremenda cantar "Nada te turbe", que es un texto de Santa Teresa de Jesús. Mi inspiración para este tema viene de la versión de la maravillosa cantante italiana Mina, una artista que tengo muy presente en este periodo de mi vida. En el disco que saco en noviembre incluyo 'Un año de amor' como tributo a ella. Tenía ganas de rendirle homenaje y de cara al futuro me gustaría cantar 'Nada te turbe' con un coro gregoriano y el órgano de una catedral.

La idea del coro gregoriano y el órgano refleja tu total falta de miedo a experimentar con otros géneros y colaborar con artistas como Björk o Lenny Kravitz. ¿Qué buscas en esas incursiones musicales?

Me surge de manera muy natural, casi inconsciente. Me dedico a la música y lo normal es coincidir con otros artistas y buscar puntos de encuentro. No sé si es valentía, sino de curiosidad natural. Es algo que me viene de cuna. Si no tuviera esa inercia y la necesidad de dialogar con otros estilos, y si no entendiera la música como un lenguaje universal que supera las fronteras del flamenco, sería para matarme.

Esa filosofía de derribar fronteras define la carrera de tu padre.

Absolutamente. Esas barreras se derribaron en el momento en que mi padre se unió a la orquesta de Chekara de Tetuán, a Pat Metheny, a grupos de rock o el Misterio de las Voces Búlgaras. Creó un abanico que eliminaba los límites en la música. Era un comunicador extraordinario, tanto en el arte como en la vida, y su obra poseía un profundo sentido humanista y solidario.

Y un compromiso evidente.

Como él decía, buscaba expresarse "sin molestar al oyente" con discursos políticos directos, de los que ya tenemos bastante en el día a día. No le gustaba agobiar al público ni dar sermones, pero seleccionaba los poemas con un cuidado exquisito para posicionarse al lado de la clase obrera. Lo hacía con una sabiduría, honradez y honestidad que lo catapultaron a la historia como Enrique Morente. Era un hombre sin fronteras, con amigos de todos los colores. Se hizo a sí mismo; era un niño pobre del Albaicín de la posguerra, autodidacta y humilde, que jamás presumía de sus méritos y siempre elogiaba a sus maestros.

Si echamos la vista atrás a tus propias transgresiones, ¿cuál dirías que ha sido tu experimentación más reciente?

Para mí, lo más moderno y audaz que he hecho en el último tiempo ha sido el disco de pizarra con Rafael Riqueni, grabado en prisión. Ha sido una experiencia de una fuerza brutal. No es un trabajo comercial y apenas le hicimos promoción, pero lo verdaderamente importante era dejar testimonio de que, a su paso por la cárcel, Riqueni grabó un disco conmigo. Es un homenaje inspirado en la Niña de los Peines y el Niño Ricardo, figuras históricas que siento el deber de reivindicar y recordar ante unas generaciones que a veces carecen de interés o conocimiento sobre nuestros orígenes.

Estrella Morente en el Festival Paco de Lucía Mallorca.

Estrella Morente en el Festival Paco de Lucía Mallorca. / Festival Paco de Lucia/José Luis Luna

Esta labor de recordar los orígenes conecta con lo que expresaba la coreógrafa Sol Picó en este mismo festival: la importancia de mostrar a las nuevas generaciones de dónde venimos para entender el presente.

Claro, los artistas no podemos limitarnos a promocionar nuestro propio disco o concierto. Debemos aportar algo positivo y productivo a la sociedad, "sin molestar", pero encogiendo corazones y erizando la piel. El arte debe estar libre de etiquetas.

Hablando de la herencia de tu padre, tu hermano Kiki está haciendo la gira de 'Omega' por el 30 aniversario, el mítico trabajo con Lagartija Nick. ¿Te atreverías alguna para tus conciertos?

Ese disco sigue siendo una revolución absoluta que rompe cualquier esquema cada vez que se escucha. Con los años, el público ha madurado la obra y comprendido que se trata de una creación monumental que rompió todos los moldes. Desde el primer momento creí firmemente que era Kiki quien debía liderar este proyecto de aniversario. Aunque los tres hermanos tenemos carreras independientes y nos encanta colaborar puntualmente -como hemos hecho en Madrid-, era muy importante que Kiki se adentrara en solitario en la complejidad de esos textos y de esa música.

¿Os gusta el resultado?

Se ha volcado por completo junto a Antonio Arias y los componentes históricos de la banda como Eric Jiménez, David Fernández y Juan Codorniu. Han realizado un trabajo sublime e incorporado temas inéditos que no entraron en el disco original, como 'Un cantador debe morir'. Le han dado una vuelta actual, fresca y muy respetuosa. Kiki tiene un talento descomunal y una voz privilegiada que no se puede fabricar: eso se tiene o no se tiene, y él lo tiene. Este proyecto le ha permitido sentir muy de cerca la esencia de nuestro padre y la evolución de ese disco que vivimos en casa.

"En 'Manhattan', que es uno de los temas centrales, mi padre me dio un gran protagonismo; en aquel momento me parecía lo más natural del mundo cantar con él, pero con el tiempo he valorado la magnitud de aquello"

De hecho, estuviste en ese álbum de 1996.

Participé muy activamente. Recuerdo estar comiendo en casa y que a mi padre se le ocurriera una idea que me pedía que anotase en su cuaderno. Viví desde la selección de los textos hasta el viaje a Fuente Vaqueros con mis padres para realizar las primeras maquetas. También canté en bastantes fragmentos. En 'Manhattan', que es uno de los temas centrales, mi padre me dio un gran protagonismo; en aquel momento me parecía lo más natural del mundo cantar con él, pero con el tiempo he valorado la magnitud de aquello. Las voces femeninas de la casa, incluidas las de mi hermana Soleá y la mía, están muy presentes en canciones como 'Aleluya' y 'La Aurora de Nueva York'. Pero ahora era el turno de Kiki de mostrar esa evolución bajo un filtro contemporáneo. Ha superado todas las expectativas.

Siendo los tres hermanos continuadores de este legado, ¿qué crees que pensaría vuestro padre?

Es difícil saberlo. Mi padre era sumamente exigente, pero siempre desde la dulzura, la entrega y el respeto a la libertad. Nos inculcó valores muy firmes: el respeto a los mayores, la formalidad con los compromisos y la palabra dada, además de la importancia de leer. Nos animaba a estar atentos a lo que pasaba en la sociedad y a no dar la espalda a nadie.

¿Os daba consejos artísticos?

Curiosamente, su recomendación siempre era que no lo escucháramos a él. Nos decía: "A mí no me escuchéis. Escuchad a la Niña de los Peines, a Tomás Pavón, a Manuel Vallejo o a Manolo Caracol". Nos trazó un sendero muy claro de respeto a los grandes maestros, pero dándonos absoluta libertad para que cada uno desarrollara su propia necesidad artística. Intentamos mirarnos en su espejo manteniendo nuestra identidad.

En esa línea, publicarás en noviembre su nuevo disco, 'De Estrella a estrellas'. ¿Qué nos puedes adelantar?

He tenido la inmensa fortuna de grabar este disco con Tim Ries, una leyenda del saxo y del jazz que toca con los Rolling Stones. De hecho, tuvimos que pausar la grabación en un par de ocasiones porque tenía compromisos de gira con ellos. Ha sido un proceso orgánico y sumamente natural. Al terminarlo, nos dimos cuenta de que habíamos construido un hermoso homenaje a las grandes mujeres de la música: Ella Fitzgerald, Billie Holiday, Aretha Franklin, Chavela Vargas o Nina Simone. Mi canto siempre es un homenaje al esfuerzo, la batalla y el trabajo de la mujer. Creo firmemente en la feminidad como una herramienta de vida, un concepto muy alejado de la cursilería.

¿Y cómo te has visto en el jazz?

Tanto el jazz como el flamenco son universales, poseen una fuerza de la naturaleza tremenda y un sentido de la improvisación a flor de piel. Tienen muchísimos elementos en común. Por eso he querido sumergirme en el jazz en esta ocasión, igual que en su momento exploré la música brasileña, el tango o la música clásica. Trabajar de la mano de Tim Ries ha sido una delicia absoluta; es un artista extraordinario y una persona maravillosa que transmite en su música la calidad humana que posee.

Has sido testigo de cómo se ha transformado y adaptado el flamenco en los últimos cuarenta años, ¿hacia dónde crees que va en los siguientes cuarenta?

No lo sé, pero se merece ir a donde quiera. Yo creo en el flamenco como el que cree en un hijo. El flamenco debería ser, como decía mi padre, una música de mayorías, que lo conozca el mundo entero y a sus intérpretes, que han dejado un legado extraordinario. Para mí, es universal, y gusta en Japón, en Estados Unidos, Fracia, Italia o Rusia porque es un género que le pasa como al jazz: tiene fuerza, naturaleza y un sentido de la improvisación a flor de piel.

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