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Raso y junto al palo

Aleixandre, filósofo de la sensatez

Aleixandre, filósofo de la sensatez

Aleixandre, filósofo de la sensatez

José Vicente Aleixandre no era un colega. Ni un compañero. Ni siquiera un amigo. Era mucho más. Era un hermano. Era con quien se podían compartir sentimientos. Y no sólo los deportivos porque estaba intelectualmente más allá del balón. Bastaba con leer una de sus columnas para darse cuenta de que en ella había carga cultural y política si venía al caso. Con su muerte, Levante-EMV ha perdido una gran columna y los lectores, un motivo para solazarse con su literatura.

Con Aleix era fácil compartir ilusiones, deseos y sobre todo, utopías futuras. Con él no era suficiente analizar los problemas del Valencia, una de sus grandes pasiones. Iba más allá. Nunca perteneció al grupo de los turiferarios. Manejaba los halagos con moderación y ponía de manifiesto las dudas y las inconsecuencias de los dirigentes siempre que era necesario.

Se pasó la vida profesional viendo el panorama desde el puente. Nunca se enturbió con las masas vociferantes. Era perspicaz analizando los hechos, los conocidos, y alertando sobre los futuros más inmediatos. Siempre supo en quien confiar y en quién no. Admiró a los honrados y se alejó de los manipuladores que en todo tiempo han tratado de mediatizar la opinión pública.

Era divertido contertulio e irónico cuando se debía distender una discusión. Aleix ha sido el mejor periodista deportivo que ha tenido Valencia en más de medio siglo. Y lo ha sido por sus conocimientos, por sus análisis de la historia del valencianismo deportivo y también del político. Nunca se dejó obnubilar por un gol en fuera de juego a un penalti mal señalado u obviado. Su cabeza nunca estuvo conformaba como un balón. El deporte siempre tuvo una dimensión más allá de lo estrictamente competitivo. Fue, a su manera, un filósofo de la sensatez. Era fácil hallar en él una sentencia inapelable. Jamás le fueron extraños los hechos de la sociedad con que convivió.

Si la larga trayectoria de Aleix en Levante-EMV se pudiera definir en una palabra habría que convenir en que ha sido ciudadano de palmaria honorabilidad. En tiempos tan convulsos en que el Valencia CF se ha visto asediado por corrientes no siempre decentes, Vicente supo mantener serena la cabeza. Le ha tocado vivir los años más convulsos de la historia del club que tanto amaba y lo ha hecho sin perder el oremus, tarea difícil en un mundo con tantos intereses y tantos filibusteros tratando de manejar las opiniones periodísticas. El viernes, en el Valencia-Deportivo, estoy seguro de que miles de valencianistas le recordarán y le echarán de menos.

Se ha ido silenciosamente. Y nos deja ausencia irremplazable. Era maestro en el periodismo y «master» en todo lo tocante a Valencia. Era buen catador de la cocina autóctona y le encantaba llevarme a su poble El Palmar o a comer a Casa Carmina a El Saler donde sabía que cualquier plato gozaba de su buena nota. Era, además, un buen «gourmet».

La eternidad acaba cuando muere el último que te conoció. La de Vicente Aleixandre estará por encima de la vivencia de quienes le conocimos. Su obra periodística quedará para futuras generaciones, para estudiantes de periodismo. Siempre será un nombre ilustre en la hemeroteca.

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