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Tiempo de juego

Batalla por la tierra

Batalla por la tierra

Batalla por la tierra

La trayectoria y los puntos situaron al Valencia en el mapa. Sumado ello, a las dudas suscitadas por los mejores, el valencianismo reclamó excitado lo suyo. No era para menos. Buscando ese reconocimiento, solo quedaba confirmar tu existencia. Presentar las mejores galas y mostrar tu candidatura, en su mejor versión. Y aquí todo importa: raya al lado, barba o afeitado, lucir tu primera equipación. Recuerda, el planeta estará observando. Llegados a este punto, la complicidad del calendario brindó la ocasión. El mejor escenario posible para tu carta de presentación. Excitante, provocador. Tu alter ego, el que usurpó tu espacio. Aquel que borró tu nombre. Llamémosle, Atlético de Madrid. En el estadio Vicente Calderón, el hogar del vigente campeón. Si el partido de la primera vuelta en Mestalla sirvió para advertir al mundo sobre tu proyecto, el de anoche descubría al equipo ante el planeta. A falta de 13 jornadas para el final, el guión exigía desenmascar objetivos y ambiciones.

El partido comenzó según lo establecido, con dos equipos cuya mentalidad les lleva primero a competir y luego ya veremos. Su sentimiento no es de pertenencia, sino de conquista. Reconocidos los adversarios, llegamos al agravio comparativo. Este Atlético de Madrid lleva años de ventaja en la guerra al Valencia. Hablamos de un bloque consolidado contra una idea interesante en ciernes. Amateurs contra juveniles de primer año. Bastará con recordar cualquier acto. En una de las múltiples trifulcas, Barragán vio cómo le acariciaban la cara Mandzukic, Godín y Raúl, teniendo por reacción buscar sin éxito al colegiado. Y estas cosas no se enseñan en la escuela. Suyas son las disputas, las segundas jugadas, los balones divididos, ... Pisa mejor, provoca mejor, desquicia mejor. Hasta desesperarte. Son profesionales del otro fútbol y tendrá que servir de lección: así los «pobres» llenan estadios, ganan ligas y crean afición. Si añadimos a esto el factor cancha y el árbitro más tarjetero de la competición como intermediario, solo quedará agazaparte en tu trinchera. Para hacerlo Nuno tiró de Otamendi y 10 más. La presencia del argentino en el campo no fue un mensaje al rival; fue un ejemplo para el vestuario. Todos los partidos son el más importante y si existe la más mínima posibilidad de jugar, con el grupo habrá que estar. Es encomiable su comportamiento y mucho más su liderazgo. Otamendi estuvo en todas: con y sin balón de por medio. Estuvo atento al cruce, a la espalda de los laterales y al cariño de Raúl García. Por momentos pareció que, por delante de Alves, sólo estaba él para frenar la estampida de bisontes, consiguiendo (obviamente) que todos dieran media vuelta. Algunos incluso sospechan que habría sobrevivido en el desembarco en Normandía. Otamendi abarcó lo emocional y suya fue la gloria. En lo futbolístico, Enzo volvió a convertirse en el eslabón perdido. Sin apenas participación en la elaboración, tampoco estuvo inspirado en lo anímico. En partidos así, su experiencia debe notarse para amedrentar y espolear. Habrá que seguir esperando. Pero no fue el único. Piatti y Feghouli regresaron a la versión insípida de dos futbolistas que cumplen y con creces durante el llano, pero con la llegada de la etapa reina les entra la pájara. Convendrá no confundir gregarios con jefes de fila.

Como en la vida, siempre hay una excepción que confirma la regla. Un talento que emerge y se rebela. Gayà es un diamante y el paso de los años terminará por formar a un futbolista al que solamente su excesiva educación le separa del genio indomable. Todo lo que le den será poco. Siempre saldrá barato.

El Valencia salvó un punto en su regreso al origen, con André y Rodrigo para dar un paso al frente. El botín no debe saber a poco. Los chicos de primer curso empataron en el patio de los mayores y el mensaje que grabaron marca el principio de todo: ´el mundo ya sabe quiénes somos´. Primero se gana el respeto. Pronto habrá otra oportunidad para conquistar la tierra€

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