Fabián Orellana, de 31 años, es un tipo de fuerte carácter. Tanto Sampaoli como Luis Enrique o Berizzo lo saben. Al mediocampista chileno le cuesta contenerse. Su expulsión en el partido del pasado sábado ante el Alavés en Mendizorroza por dos amarillas muy evitables así lo atestigua. El Valencia vio cómo le remontaban otro encuentro, y Orellana se fue a la ducha antes de hora. A falta tan sólo de tres minutos para acabar el partido, el jugador cometió un error de principiante: dos entradas de tarjeta y protestas por todo que calentaron al árbitro.

El chileno, incómodo al haber de jugar como interior izquierda en lugar del lesionado Nani (y no de mediaputa como le gusta), fue el reflejo de la impotencia valencianista después de que el rival le diera la vuelta al marcador. Orellana volvió a sacar a relucir su fuerte temperamento y no sólo dejó al equipo con un hombre menos en el campo, aunque sólo fuera durante tres minutos, sino lo que es peor, será baja para el importante partido de mañana en Mestalla ante el Leganés. El encuentro contra el conjunto madrileño marca un punto de inflexión en el campeonato. Si se gana, el Valencia se alejará de forma definitiva de los puestos de descenso. Si se pierde, el equipo volverá a estar otra vez en una zona poco confortable en la clasificación y sentirá de nuevo el aliento en el cogote de los equipos que luchan por lograr la permanencia.

Sin embargo, la baja de Orellana por sanción, deja a Voro en una situación complicada. El técnico pierde a un futbolista que le había dado un plus cualitativo al equipo, el chileno era el mejor hasta la fecha, y suma un nueva baja para una lista demasiado larga.

Orellana ya se marchó del Celta tras un crudo enfrentamiento con el entrenador, el argentino Toto Berizzo. Y llegó en enero pasado al Valencia en condición de cedido, peor con una opción de compra valencianista de una cantidad que ronda los dos millones siempre que el conjunto valencianista se quede en Primera.