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Lonas y alforjas

Lonas y alforjas

Lonas y alforjas

De mayor quiero ser como Mark Fenwick. Sí, definitivamente hay gente que nace con suerte, rollo Borja Thyssen, Paris Hilton, Marta Ortega o Kim Lim. Ya hemos perdido la cuenta de los proyectos de Nuevo Mestalla que el arquitecto inglés ha presentado como la panacea de las construcciones de vanguardia. Cada uno es mejor que el anterior. Todos presentan infinidad de ventajas y ningún inconveniente.

Que el estadio tiene 75.000 localidades para una masa social de abonados que no llega ni a la mitad, no hay problema. Será el mejor del mundo, sin lugar a dudas. Y además el color de los asientos ocultará la apariencia de campo medio vacío. Que la distancia entre la primera fila de localidades y el césped es abismal, tampoco hay de qué preocuparse. La atmósfera y el espíritu de Mestalla -superior al de Wembley en palabras de Fenwick- se encargarán de caldear el ambiente como solo en Valencia sabemos hacerlo. Ya pueden comprar caramelitos de miel con limón los abnegados miembros de la Curva Nord. Que ahora hay que reducir a 50.000 y poner lonas en el tercer anillo, no sufran.

Pondremos unas telas preciosas, en colores muy cool. Podemos hacer como las plantas de moda de El Corte Inglés, ir cambiándolas en función de la estación del año en la que nos encontremos. Azul Niágara en verano, Verde Mint en primavera, Rosa Millennial en otoño y Gris Neutro para el invierno. Llevamos ocho años con el estadio parado, pero nuestras lonas dejarán boquiabierta a media Europa. Eso compensará el sonrojo y el dolor de entrañas cada vez que atravesamos l´Avinguda de les Corts Valencianes.

Aseguran en el Valencia que no hay obligación de demoler el actual Mestalla hasta 2023. En ese caso, ¿no hay otra alternativa posible en casi seis años para modificar la estructura del nuevo estadio sin caer en la chapuza de las lonas? ¿de verdad hay alguien con dos dedos de frente que pretenda inaugurar con las lonas puestas un campo que lleva parado desde 2009? Media vida pagando proyectos que no han llegado ni a la primera piedra y ahora resulta que la solución pasa por cubrir 10.000 asientos con un toldo. Para este viaje no hacían falta alforjas.

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