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¡Un pantalón blanco!

¡Un pantalón blanco!

¡Un pantalón blanco!

No sé, quizá hemos errado de destino y lo que de verdad nos va es juzgar el estilo de vestimenta, los fastos de una celebración que todavía no ha llegado pero ya nos tiene en éxtasi por sus sutiles matices: «A fer la mà, el blanco no nos representa». El fútbol, en fin, es una menudencia al lado de esto.

Celebrar cien años lo bueno que tiene es lo mismo que lo malo: añade complejidad a las creencias propias. Cuando te ves cuestionando la conveniencia de jugársela casi todo al blanco, que a santo de qué, te encuentras con que es el color totémico desde antes de que tú nacieras.

Es deliciosa esta danza de prejuicios basados en la consideración mental que cada uno tiene de su Valencia: sí al pantalón blanco porque yo los vi jugar; no al pantalón blanco porque, diantres, este no es mi Valencia.

Vamos a acabar criticando el pantalón blanco porque es del color de la horchata. Luego está la versión que crea una necesidad virtual de diferenciarse del Madrid, una pirueta alocada que en realidad viene a indicar lo mucho que queremos estar pendientes, otorgándoles el blancolor en propiedad. Lástima que los augurios más amenazantes no se cumplieron: la administración Lim no ha acabado eligiendo la bandera de Singapur como combinación para la zamarra. Quienes iban a arrasar con la memoria han acabado haciendo de ella su género preferido.

Es que tal vez más que de colores lo que disputamos es la posesión del Valencia preconcebido, nuestro particular derecho de pernada. Habría que haber montado una votación por cartulinas, como con Salvo. Un proceso democrático para decidirse, pantone en mano, si blanco o negro, o si granate, porque me recuerda a aquel día que€ Si dorado o en plata. Si el cuello tipo mao o más tipo cisne, que le quedará mejor a Guedes. Yo, puestos a, recuperaría en el frontal a CIP, Cooperativa Industrial del Progreso, porque fue cuando la final de la lluvia y con ella me comenzó todo.

Con la canción, al menos, se ha acertado. Por fin un himno con toda la letra en castellano, para que los del Valencia pero no de Valencia puedan entender la estrofa, evitando incómodas confusiones comprensivas como cuando se entona el «Amunt València, Visca el València, és el millor / Amunt València, Visca el València del nostre cor». No había quien lo entendiera más allá de Alcoi.

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