14 de mayo de 2019
14.05.2019
Análisis

Una remontada para la historia

El Valencia habrá completado con 38 puntos la tercera mejor segunda vuelta en 20 años si vence en Valladolid, solo superada por los 39 puntos de Nuno y los 42 de Benítez - El repunte goleador, la convicción grupal y el liderazgo de Parejo, grandes claves

13.05.2019 | 21:42
Gameiro, Santi Mina y Rodrigo se abrazan tras el segundo gol contra el Alavés.

El Valencia ha alcanzado a falta de una jornada para finalizar el campeonato la cuarta plaza, el objetivo irrenunciable del club de Mestalla que quedará garantizado si se logra la victoria este sábado en el campo del Valladolid. Un reto que es posible gracias a la meritoria segunda vuelta realizada por el equipo de Marcelino García Toral. Con tres puntos todavía por disputarse, el Valencia ha sumado 35 puntos, por lo que tiene en su mano la posibilidad de igualar la tercera mejor segunda vuelta de los últimos 20 años, en poder de Héctor Cúper con 38 puntos en el curso 1999-00, en el que se jugó la final de la Liga de Campeones y el Valencia se clasificó para la última jornada para la máxima competición continental.

Marcelino, de hecho, ha superado también la segunda vuelta del campeonato pasado, en la temporada de su debut, cuando encadenó 33 puntos, bajando el ritmo de las 40 unidades sumadas en la primera mitad de torneo. Por encima solo se sitúan dos temporadas, de grato recuerdo. Los 39 de Nuno Espirito Santo en la temporada 2015-16 y los 42 puntos de Rafa Benítez en la campaña 2001-2002, en la que se acabó conquistando la Liga con Rubén Baraja como líder indiscutible.

El Valencia ha logrado invertir su tendencia de manera extrema, ya que firmó una primera vuelta pésima, con solo 23 puntos, comparable al bienio entre la 2015/16 y la 2016/17 en las que solo se lograron sacar 23 y 22 puntos, respectivamente. La mayor solidez del proyecto, y la paciencia necesaria para garantizar la continuidad de Marcelino en enero, fueron claves para sentar las bases de una remontada sustentada en varios factores.

La marcha de Batshuayi desatasca el ataque

El Valencia tuvo que sostenerse en la contundencia defensiva para sobrevivir al revés más inesperado, el de la ausencia de goles. El club centró el esfuerzo inversor en el mercado de verano en acumular pólvora en ataque, con Kevin Gameiro (17 millones, petición de Marcelino), la apuesta de Pablo Longoria con Michy Batshuayi (3 millones por el préstamo), la continuidad de Rodrigo ante el interés del Real Madrid y, por último, la guinda del fichaje de Gonçalo Guedes por 40 millones más variables. La resaca mundialista y la errática pretemporada de los refuerzos en sus clubes de origen, provocó que los atacantes llegasen faltos de forma con el torneo ya empezado. Entre todos los casos, el más alarmante fue el de Batshuayi. Con vitola de estrella, el goleador belga no logró adaptarse a un equipo que, con su presencia en el campo, dejó de ejecutar automatismos. Su salida en enero al Crystal Palace permitió que Rodrigo, Santi Mina y Gameiro, con una rotación más corta, se destapasen finalmente. Los tres han acabado coleccionando en competiciones oficiales estadísticas aseadas: Santi Mina 13 goles, otros 13 de Rodrigo y 11 de Gameiro, quien además ha contribuido con decisivas asistencias.

Fidelidad a una idea y entereza para remontar resultados

A pesar de la descorazonadora racha de empates consecutivos, el Valencia nunca se descompuso ni se dejó ir. Como prueba, los goles en los últimos minutos que voltearon derrotas que se veían seguras y que fueron recobrando poco a poco el ánimo colectivo. Marcelino insistió en la identidad que había dado resultados en la temporada anterior, con el férreo 4-4-2, y se fueron remontando posiciones y avanzando fases en torneos de eliminatorias.

Dani Parejo sostiene la bandera dentro y fuera del campo

El Valencia ha encontrado en Dani Parejo a todo un referente, un capitán dentro del campo, con un liderazgo sólido sobre el equipo, y también lejos del césped. Parejo, tras ocho años en el club, se ha ganado el respeto unánime de la grada, tanto por su nivel notable (sin descansar apenas) como por sus mensajes certeros en momentos de crisis.

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