23 de mayo de 2019
23.05.2019
Entrevista

Final de la Copa del Rey 2019: Santiago Cañizares: "El Valencia tiene todo que ganar y nada que perder ante el Barcelona"

El portero, que ganó seis grandes títulos en Mestalla, da las claves para jugar con garantías la final de Sevilla

22.05.2019 | 21:25
Final de la Copa del Rey 2019: Santiago Cañizares: "El Valencia tiene todo que ganar y nada que perder ante el Barcelona"

Cañizares (Madrid, 49 años) disfrutó de una época en Mestalla en la que el VCF disfrutó de seis finales y ganó cuatro. Tan felino de analista como de portero, Cañete explica cómo afrontar la final de Copa del sábado ante el Barça en Sevilla.

¿Cómo debe afrontar el VCF la final de la Copa del Rey 2019?

Está bien afrontarla cuando has conseguido el objetivo de la temporada: haber quedado cuarto, y esto es un extra. Las finales se ven por televisión y casi nunca participas, y cuando participas, lo primero es disfrutarla: 'Estoy aquí gracias a los méritos contraídos'. Nunca debe ser un fracaso el perderla ni debe haber miedo. Porque te enfrentas al Barça, que sabe jugar estas finales. Hay mucho que ganar y poco que perder. A partir de ahí, el VCF lo tiene que afrontar con entusiasmo, con la convicción de su idea de juego y sin presión. Llegas a la final como aspirante: ni defensor del título ni favorito. Y eso debe jugar a favor para disfrutar y sorprender.

De tus finales con el Valencia, la de Copa en Sevilla,1999, 3-0 al Atlético, ¿fue la mejor?

Jugamos con la responsabilidad de tener que ganar un título porque ese era el objetivo con el que se había contratado a los jugadores. Con la confianza de haber derrotado antes a Madrid y Barcelona, que eran más rivales que el Atlético. Fue un partido muy bueno, sin ningún nervio. El VCF era un gran club en todo (afición, instalaciones, estadio, historia), pero le faltaban títulos. Todo salió redondo porque éramos bastante mejor equipo que el Atlético. Una profunda satisfacción porque era el primer título y se rompía 30 años de sequía.

¿Y la amarga derrota en París, en la final de Champions de 2000 ante el Madrid, 3-0?

Pagamos la novatada. Carboni estaba sancionado y no teníamos un lateral izquierdo de la confianza de Cúper (jugó a pie cambiado Gerardo García); Farinós andaba con molestias y estas se agravaron durante el partido, e incluso le costó en la pretemporada en el Inter; el Kily se hizo daño en la rodilla por un golpe el día anterior del partido. Pero sobre todo, a nivel psicológico, el Madrid fue a jugar una final y nosotros a ver el espectáculo, y nos sorprendió. Una final de Champions tiene una envergadura tan grande que juega mucho el haberla disputado antes.

La segunda final de Champions, en Milán, ante el Bayern, también la perdieron (2001).

Totalmente distinta. El equipo jugó muy concentrado, más maduro, más experto, no nos pesó el escenario, pero nos encontramos un Bayern de Múnich que tuvo un gran portero (Kahn) que lo paró todo en la tanda de penaltis. La putada de las finales de Champions es que te enfrentas a los mejores de Europa. Pero competimos bien, fuimos por delante muchos minutos, y no nos pesó la responsabilidad. El rival nos empató, seguimos trabajando y nos fuimos a casa tras perder los penaltis. Competimos contra un transatlántico y estuvimos a su altura en físico, técnica, táctica y mental. Fue un empate técnico y se decidió por el penalti de Carboni que pegó en la mano de Kahn.

En Gotemburgo ganáis al Marsella en la Copa de la UEFA.

Las dos finales de Champions nos habían dado un poso muy bueno. Habíamos ganado la Liga dos semanas antes e íbamos con tranquilidad. Cuando has jugado dos finales de Champions, la Europa League es mucho más sencillo. El partido se acabó muy pronto porque nos pitaron un penalti a favor y la expulsión de Barthez (2-0). Nunca habíamos perdido un partido en esa época con un jugador más. Llegamos como un grande.

Se ha creado un mito de la entrada de Ayala a Drogba.

Son cosas de otro fútbol y de otros tiempos. En aquella época se podía pegar un poco más y los centrales intimidaban a los delanteros. Ahora, las normas son más estrictas.

La Supercopa de Europa ganada al Oporto en Mónaco (2-1) fue el canto del cisne de su generación.

Sí, el últimos momento que el VCF ha estado en la élite del fútbol europeo. El Oporto había cambiado de entrenador (de Mourinho a Víctor Fernández), había vendido a jugadores y, a pesar de ser campeón de Europa, se le podía ganar. Nosotros también habíamos cambiado de entrenador (de Benítez a Ranieri), habíamos remodelado la plantilla y éramos una incógnita, una moneda al aire. Marcaron Baraja y Di Vaio. No sufrimos en defensa.

Ya la última, en 2008, la Copa ganada al Getafe (3-1) ya no la jugaste.

Estaba apartado del equipo y ni siquiera nos dejaron viajar. Koeman estimó que Albelda, Angulo y yo estuviéramos fuera. Lo vi en mi casa. El equipo venía muy castigado por la institución, con una actuación de Juan Soler que desembocó en una profunda crisis económica. Éramos muy superiores al Getafe; el título quedó resuelto en la eliminatoria del Barça. No jugué ningún partido de esa Copa porque comenzó en diciembre, justo cuando nos apartó.

¿Quién os apartó?

Nadie nos lo explicó y yo no pedí explicaciones, como tampoco la pedí cuando era todo bueno para mí. Koeman quería sanear el equipo y traer jugadores, y pensó que nosotros nos íbamos a ir. Yo tenía 38 años y no era el momento de irme porque los méritos que me habían llevado a tener ese contrato en el VCF, otro club no iba a asumirlo. 'No me empujes porque este es el premio que he logrado por los años anteriores'. Y Koeman supo con qué jugadores Soler estaría de acuerdo y con cuáles no.

¿Las claves de la final del sábado en el Villamarín?

El VCF solo tiene una manera de jugarle al Barça: estar bien armado, con esos dos líneas de contención y aprovechar la salidas al contragolpe, las jugadas a balón parado, y estudiar tres mecanismos de ataque muy buenos del Barça para desactivarlos. Como le hemos ganado toda la vida al Barça. El Barça llega entre deprimido por haber quedado fuera de la Champions y enrabietado porque alguien ha de pagar los platos rotos. Y el VCF llega con un entusiasmo brutal que espero no se convierta en tensión.

¿Qué pesará más el estado de ánimo o la experiencia?

Me hubiese gustado que el VCF hubiese jugado otra final en el pasado próximo, pero viene de conseguir el objetivo de la Champions y eso le tiene que dar un poso en la final.

¿La baja de Luis Suárez?

Muy importante, porque traslada mucho entusiasmo al Barça, que donde tiene perdida la batalla respecto al VCF. No me preocupa tanto quién suple a Suárez sino qué ponderancia va a tener Messi en el partido. El Barça, el club y los jugadores, viven muy refugiados en el talento de Messi.Todo el equipo vive al amparo de Messi. Hay cierto acomodo del resto, que asume menos responsabilidades.

¿Te gusta más Guedes de delantero?

Pero Marcelino no tiene a Cheryshev. Si Guedes está bien, no me preocupa dónde juega; ya sea partiendo de banda hacia dentro o de delantero. Tiene calidad, desequilibrio y buen golpeo.

¿Rodrigo y Santi Mina harán daño a Lenglet?

Rodrigo sabe tirarse cuatro metros hacia atrás y saca a los centrales de marca, y pilla la espalda del mediocentro. Aparte de su visión de juego y de su desmarque.

¿Parejo?

El mejor en todos los aspectos, maduración en el juego y en su persona. Atravesó momentos de inmadurez con algunas actitudes reprochables, pero se ha ganado el perdón y el olvido en el campo. El equipo depende mucho de él.

¿Jaume?

Tiene mucho mérito por su gran actitud y compromiso, nunca le falta el respeto al fútbol, ni se desconecta. Su actitud es muy buena, a veces excesivamente motivado y nervioso, pero prefiero un jugador que se pase de motivación que no un indolente. Para mí Neto es el portero del VCF, pero si el entrenador decide que juegue Jaume, todos con él.

¿Prefieres la pareja Garay-Paulista en el centro de la zaga?

Me gusta mucho la actitud de Paulista; de Garay me gustaría que tuviera más tolerancia a las molestias, que no a las lesiones. He visto a jugadores superar las molestias y lo que trasladan al grupo es muy nutritivo. Si juega Garay, bien, y si no Diakhaby, que ha ido de menos a más (es mejor jugador ahora que al principio).

Gayà también ha asumido liderazgo.

Gayà parece mucho más mayor sobre el terreno de juego. Estuvo a las puertas del Madrid tras una buena primera temporada, tuvo un bajón y ahora tiene mucho más sustento. Y todo eso le ha pasado ya con 23 años.

Carlos Soler también ha sufrido altibajos, es normal.

Llegar a la élite es muy complicado, mantenerte, más, y mantenerte siempre, extremadamente. Llegas, llamas la atención, sufres caída de rendimiento, y empiezas a subir otra vez. Yo espero mucho de Carlos y para mí no ha hecho una buena temporada: tiene mucho más.

De las celebraciones que has vivido, ¿la más emocionante?

La primera Liga y la primera Copa, no sé con cuál quedarme. Bueno, en la primera Liga fui capitán y nació mi hijo, no sé si eso se puede superar.

¿Cómo viviste el partido de las leyendas?

No lo esperaba, injustamente pensé que no iba a ser tan espectacular. Pensé que iba a ser un partido entrañable, pero no que el público iba a mostrar tanta pasión: me quedé alucinado. Todo me sorprendió. Quizá porque hace que no estoy en Mestalla habitualmente, esas cosas se me habían olvidado, de lo que era capaz la afición de Mestalla. Para todos los que participamos allí fue impresionante. La pasión que hay en València por el fútbol y cómo es capaz la gente de abrirte el corazón a pecho descubierto. Me sorprendió y me emocionó.

Y al final jugaste.

Yo, desde que me retiré, no he jugado. Me da vergüenza porque he perdido facultades y no me viene bien a nivel psicológico el darme cuenta de forma tan palpable del paso de los años, como tampoco en el puesto del portero se disfruta porque te tienes que tirar al suelo, no es como pasar la pelota. No tenía pensado jugar, me senté en el banquillo y tenía a mi familia atrás. Si hay alguien capaz de enternecerme son mi mujer y mis hijos. Me pidieron por favor que jugara, y llevaban razón: salir al campo y recibir la ovación que recibí... Nunca pensé que iba a ser tan apoteósico, lo comparo con la celebración de cualquier título.

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