27 de mayo de 2019
27.05.2019

"Nosotros ganamos en el campo, vosotros en la grada"

Un Mestalla lleno se convierte en el centro de los festejos de la ansiada Copa - Marcelino: «Sabía que a corazón el Barça no nos iba a ganar»

27.05.2019 | 04:15
"Nosotros ganamos en el campo, vosotros en la grada"
"Nosotros ganamos en el campo, vosotros en la grada"

Sonrisas y aplausos, cánticos e himnos retumbaron ayer por toda València en un día grande, histórico, de esos en que pasen los años que pasen nunca se olvidarán. La espera había sido dura, con sinsabores y altibajos, pero todo eso cambió en el momento en el que se levantaba al cielo de Sevilla la deseada Copa del Rey. Sin apenas descanso, miles de blanquinegres se acercaban en plena jornada electoral al templo, a Mestalla, para recibir a sus gladiadores, esos que habían luchado contra viento y marea para traer la octava al coliseo valencianista.

Desde las cuatro de la tarde, la gran marea valencianista iba haciendo cola para apoyar a los suyos. Más de 47.000 voces, unidas al grito de «Campeones, campeones», se concentraban dentro de Mestalla a la espera del ansiado galardón, ese que se había resistido desde hacía once años. Fuera del feudo che, el ambiente tampoco defraudaba. Miles de aficionados, mayores y pequeños, que festejaban su primer título o el último de muchos, se aglutinaban esperando la llegada del autobús que había acompañado al equipo desde el aeropuerto de Manises.

Y llegaría el momento. Miles de bufandas y banderas al viento recibían sobre las 19.00 horas a la plantilla del feliz Marcelino y de un Paulista que sostenía el trofeo como si se le fuera a escapar, mientras Mestalla, impaciente, jaleaba los tradicionales «esta es la afició d'un Valencia campió» o «som del Valencia lolololololo».

En pequeños grupos, bajo un estruendo que señalaba la gran cita que se vivía, los jugadores saltaban al césped eufóricos, vibrando con esa afición que como agua de mayo sentía la llegada de un nuevo título. Serían los capitanes del equipo y Marcelino los que traerían el tesoro al verde, antes de que la grada, incombustible, comenzara a corear el nombre propio de la temporada, el de Dani Parejo.

El de Coslada, con nervios y emoción a partes iguales, cogía el micro para hablar ante su audiencia, esa que como si de un concierto se tratara aguardaba el discurso de una leyenda viva del club. Con pausas, emocionado, el capitán reconocía el apoyo de ellos, de una afición que les había dado aliento y había creído en la plantilla «en los momentos más difíciles de la temporada». Entre vítores y aplausos, Parejo continuaba dando gracias a los miles de valencianistas que se habían desplazado hasta Sevilla a disfrutar. «Fue increíble, nosotros ganamos en el campo y vosotros ganasteis en la grada», resaltaba con el sentimiento de quien ha vivido el proceso de creación de este Valencia antes de soltar el micro y dedicar esas palabras de cariño a aquellos que ya no están y que han llevado al club a donde está.

Los gritos y ánimos continuaban y ahora le tocaba al artífice desde la banda, a Marcelino, que, tras ser manteado por sus jugadores, y con una sonrisa completa, resaltaba sentirse «orgullosísimo» de haber hecho «felices a los demás». «Esta plantilla tenía menos experiencia que la plantilla del Barcelona, pero a corazón sabía que no nos iban a ganar», afirmaba el asturiano, que se había convertido en héroe tras vivir durante gran parte del año como villano.

El himno de la ciudad de València, coreado como nunca mientras todo el equipo se mantenía abrazado en el centro del campo, y la vuelta al estadio final para recibir el calor del público, pondrían el broche de oro a una celebración cargada del sentimiento y la emoción del que llega a la orilla tras más de una década nadando a contracorriente. Porque ayer Mestalla vivió uno de sus días grandes, de aplausos continuos y de alegrías, de festejos y de halagos para despedir a un equipo que ha devuelto al Valencia al Olimpo del fútbol español.

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