A 2 de junio el Valencia ya tiene elegido a su delantero estrella del proyecto de la temporada 2019-2020. El club de Mestalla se ha avanzado a los movimientos de mercado para atacar la contratación de Maximiliano Gómez (Paysandú, Uruguay, 1996), del Celta de Vigo. En la seria apuesta se asume el riesgo. La operación es de envergadura, ya que además del intercambio con Santi Mina se negocia una contraprestación económica, con la pretensión viguesa de 25 millones que el Valencia pretende rebajar significativamente. En la negociación podrían entrar, de hecho, más jugadores, como Fran Villalba, que ha destacado en su cesión al Numancia y que es un futbolista del agrado de Fran Escribá, técnico celtiña.

Ambas partes parecen condenadas a entenderse ya que el Celta tiene convencido a Santi Mina para que regrese a Balaídos después de cuatro temporadas. El Valencia tiene muy definido el tiro y quiere adelantarse al resto de cualificados candidatos que, con mayor o menor interés, tienen al corpulento delantero charrúa (1'86 metros, 91 kilos) en su agenda: FC Barcelona, Atlético de Madrid, West Ham United y Tottenham, entre otros.

Si se consuma este fichaje, el Valencia indudablemente subiría el nivel de su delantera y, sobre todo, incorporaría un perfil del que adolece la plantilla, sobre todo después del fiasco que supuso el fichaje de Michy Batshuayi. Maxi Gómez cumple con uno de los requisitos exigidos por Marcelino para marcar la evolución del Valencia: mayor intimidación física. Es un atacante de gran potencia, excelente rematador (sobre todo de cabeza) y con buena capacidad técnica para asociarse, como ha demostrado sobradamente en dos temporadas en el Celta al lado de Iago Aspas. Sus cifras en LaLiga muestran a un goleador plenamente aclimatado al campeonato, a pesar de su juventud y de la exigencia del torneo. Ha marcado 30 goles (17 el primer año y 13 el segundo). Su puntería apenas se ha resentido esta pasada campaña, si se tiene en cuenta la particularidad de la larga lesión de Aspas (santo y seña del club gallego) y del rumbo incierto de un club que ha sufrido para garantizarse la permanencia. Su fichaje por el Celta en 2017 sorprendió, al llegar procedente de Defensor Sporting -el tercer club de Montevideo, por debajo de los grandes clásicos capitalinos, Peñarol y Nacional-, por el bajo coste de 2'5 millones y por el estado físico, al estar siete kilos por encima de su peso ideal. Era un desconocido.

Sin embargo, el rendimiento de Gómez fue inmediato. En el primer curso se destapó con 17 goles y demostrando ser un delantero de grandes citas, al marcar al Valencia y al Madrid en Balaídos y también anotar en el Camp Nou y Sánchez Pizjuán. Es un jugador que ha demostrado, además, tener ambición competitiva. Ha sido muy cuidadoso al querer elegir su siguiente destino. Rechazó marcharse al Beijing Guoan chino, aunque le ofrecían un sueldo diez veces mayor (acabaron fichando a Bakambú). Además, en el pasado mercado de invierno frenó su marcha al West Ham por 35 millones, al preferir un club de mayor entidad y presencia en Champions. Gómez se ha consolidado también en la selección uruguaya, con la que jugará la Copa América compartiendo demarcación con «fieras» Luis Suárez, Cavani y Stuani.

Santi Mina, amortizado

En la operación, probablemente, entrará Santi Mina, un delantero que ha acabado siendo apreciado en Mestalla, por su indomable entusiasmo y sus buenos números como revulsivo saliendo del banquillo, pero al que se ve como amortizado después de cuatro temporadas en las que ha dejado 42 goles en partidos oficiales (29 en Liga, 8 en Copa del Rey y 5 en Europa). La posibilidad de volver a su casa agrada al delantero y resuelve al Celta la búsqueda de una nueva pareja atacante para un tótem como Aspas. La salida en 2015 de Mina al Valencia dejó algunas secuelas, al no gustar que se marchase previo pago de la cláusula de 10 millones de euros. De hecho, en cada visita del Valencia ha sido abroncado y llamado «pesetero». Una realidad hostil que está convencido de poder cambiar con su regreso.