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Paco Alcácer, cuando quieras

No es la primera vez, y no será la última, que Paco Alcácer abre la puerta a un hipotético retorno a Mestalla. Horas antes de conseguir el segundo tanto de España en Rumanía, el delantero torrentí exponía de forma nítida su predisposición a volver: «Ojalá se crucen otra vez los caminos con el Valencia». Puede decirse más alto, pero no más claro.

Aquí, como somos más papistas que el Papa, ya han proliferado los puristas, los que se la cogen con papel de fumar, los que viven repartiendo carnets de valencianistas, para clamar al cielo gritando traición. Me lo expliquen. Le ponemos la alfombra roja a Otamendi (nueve meses en el club), pero no perdonamos a un chaval de la casa que, muy condicionado por la inestabilidad societaria en la etapa de Gary Neville y Pako Ayestarán como entrenadores, pudo cometer un error aceptando ser traspasado al Barça en los últimos días del mercado en el verano de 2016.

Han pasado tres años de aquello. Paco consiguió títulos en el Camp Nou (fue el autor de uno de los goles en la final de Copa 2017 contra el Deportivo Alavés), pero no obtuvo el protagonismo deseado. Probó la dureza del banquillo a la sombra de Messi y la falta de minutos le obligó a abandonar LaLiga. La pasada campaña marchó cedido a Dortmund, donde ha caído de pie. El Borussia ha invertido 23 millones de euros en su fichaje y le ha firmado un contrato hasta el 30 de junio de 2023.

Cuando expire ese compromiso con el equipo de la Región del Ruhr, Alcácer estará a punto de cumplir 30 años, una edad perfecta para volver a casa. A tenor de lo sucedido este verano con el ínclito señor que, desde su despacho con vistas en Singapur, dirige al murciélago como si jugara al PC Fútbol en sus ratos libres, vaya usted a saber dónde estamos en 2023. Quizá, para ese entonces, Mestalla -del nuevo estadio ni hablamos- se habrá convertido ya en escenario del campeonato del mundo de Kiss Cam y/o Bombo Cam. Puede incluso que el murciélago desaparezca del escudo y sobre las barras azul, amarillo y rojo aparezca el logo de Thomson Medical Group.

Pero, si por una de aquellas, el Valencia sigue siendo un club más o menos normal, con ciertas aspiraciones y un proyecto dirigido por profesionales serios como Mateu Alemany, no nos pongamos piedras en el camino ni cerremos puertas a delanteros como la copa de un pino. ¿Quieres volver, Paco? Por mí, mañana.

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