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Gestión amarilla

Gestión amarilla

Dijo el presidente Murthy en televisión que, durante estos días ha descubierto la expresión «prensa amarilla». Entendemos que la prensa amarilla la descubrió mucho antes. Su análisis preciso sobre los acontecimientos de la crisis de septiembre quedaban casi reducidos a los efectos perniciosos de unos periodistas groguis. Refleja una frustración pertinaz: no poder impedir que la apariencia informativa sobre los hechos que suceden se parezca demasiado a los hechos que suceden.

A pesar de la última comparecencia hakuna matata de Mateu Alemany, en la que aquí solo había unos hilillos con aspecto de plastilina, y el cisma en realidad eran pequeñas divergencias con objetivos comunes, todo acabó saltando por los aires. Le hubiera gustado al presidente que se dijera que la administración de la que es delegado acierta plenamente y, en un acto de agilidad gestora, se ha cargado al entrenador a principios de temporada y ha derrocado el modelo deportivo -al que había dado plenos poderes-, porque es la solución apropiada.

La prensa amarilla existe y Murthy acierta sugiriendo que el club no puede subyugarse a la hormonación que le circunda. Estar constantemente a expensas de los pálpitos del ambiente es una condena. Solo que esa visión a la contra de los Lim, mirando al valencianismo por encima del hombro, esconde un desdén larvado perfecto para ofrecer soluciones excéntricas enfrentadas a toda lógica.

Hay un peligro peor a la prensa amarilla: la gestión amarilla. Aquella que transforma las decisiones en carne de sensacionalismo escabroso, tanto por la manera de tomarlas como por sus tiempos y por la ausencia de explicaciones. La que contribuye a rasgar la reputación con formalismos más propios de un iluminado. No importarían los hackeos de falsa bandera o los memes de Murthy si no contribuyeran a consolidar la sensación de pitorreo.

Si ganado un título después de un puñado de años, si después de dos clasificaciones seguidas a Champions, este gobierno no solo no lo ha capitalizado sino que vive su peor momento, deberían preguntarse, hacerse la reflexión sobre si es la prensa, el entorno, o sus propias actuaciones. Que el marcelinismo no les impida ver el bosque.

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