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Futbolistas que botan

Parejo habla con el árbitro, ayer.

Parejo habla con el árbitro, ayer. ignacio hernández/sd

La tensión de una cuerda popular-populista, polarizando el ambiente previo a las elecciones de este 10N, ha tenido un protagonista inesperado, latente: los futbolistas. Acostumbrados a su silencio habitual, al encastillamiento, una sorpresa aparente: los futbolistas, votan. Contra todo pronóstico, y por la politización campante, los futbolistas hacen lo que les pedíamos: inmiscuirse, a cuentagotas pero con ritmo incesante, dando pistas. Incluso ocurre lo mejor: muchos de tus ídolos desvelan que votarán lo contrario que tú.

La rotura de infinidad de tabús, de límites, los ha metido en el tablero. Y si no lo están, nos lo inventamos. Durante la semana, en un claro caso de lo expuestos que estamos a la alteración de la realidad, Olivier Ntcham, del Celtic, se convirtió en el activista de nuestros corazones. Tras su gol de la victoria en casa de la Lazio, rápidamente se espolvoreó su gesto de celebración como una épica rebeldía. El grandullón Ntcham había coregrafiado el tanto con una voltereta sostenida. Con el cuerpo invertido, se interpretaba que hacía referencía a la ejecución de Mussolini, colgado de sus pies, como una morcilla.

La prensa escocesa se ha hecho eco de la cuestión enfocando a la prensa española como promotora de un rumor infundado. Ntcham solo pasaba por allí. Siempre celebra tal que así.

Estos días, Moyà, al final de un entrenamiento, fue abordado por un chiquillo que le preguntó qué tal con el euskera. Moyà, con bigote, contestó chapurreando euskera. Repentinamente un amuleto con el que blandir el espíritu diverso y la integración idiomática. En paralelo, tras el debate entre candidatos, el portero Reina aseguraba con un tweet que ahora lo tenía todavía más claro. Se interpretó como un apoyo nítido al partido de Abascal. Por un like aquí y allá, Parejo entró en la misma ecuación.

Como probablemente nunca, los futbolistas forman parte de un escenario condicionado por el trazo grueso. Casi sin percatarnos han dado el relevo a los actores. De Guardiola a Pepe Reina, agentes políticos. Los clubes deben estar temblando ante las consecuencias de un movimiento que pone en peligro el imperio de su verdad. La próxima vez que alguien advierta que fútbol y política nunca deben juntarse, que eche un vistazo: ya viven juntos. Se abrió el telón.

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