26 de enero de 2020
26.01.2020
Valencia CF20F.C. Barcelona

Maxi Gómez y la rebeldía coral

El Valencia CF rompe con trece años de maldición del Barcelona en Mestalla en una portentosa actuación colectiva rematada con los dos goles del ariete uruguayo - El equipo de Celades, con 26 % de posesión, tumba a un rival retórico pero inofensivo

26.01.2020 | 04:15
Maxi Gómez y la rebeldía coral

Maximiliano Gómez González es de Nuevo Paysandú. Pero un poco también de Bell Ville, Podgorica, Río Tercero y Tuilla. El delantero uruguayo, como ya hicieron Mario Kempes, Pedja Mijatovic, Piojo López y David Villa, puso firma con sus goles a la resistencia colectiva con la que el Valencia tumbó ayer al Barcelona, en una tarde pletórica. Aunque lleguen a pasar 13 años de sequía persiguiendo por el desierto la zurda de Leo Messi, todas las victorias del murciélago en Mestalla ante los azulgranas se parecen. El equipo de Albert Celades venció en una hermosa demostración del sentido del deber, desde el liderazgo de Gayà como capitán espiritual a los despejes imposibles de Paulista. Solo con un 26 % de balón, contrarrestaron con disciplina a un rival más ampuloso que efectivo.

Una rebeldía coral transformada en victoria con la explosión de Maxi: se rebeló tras fallar un penalti; continuó insistiendo cuando golpeó otro derechazo en el larguero; no se contentó después de marcar el primero en colaboración con Jordi Alba y, ya sin fuerzas, ejecutó el segundo antes de ser sustituido. El charrúa se marchó por la banda opuesta y, en su lento recorrido hacia el banquillo, recibió la larga ovación de Mestalla.

El viejo campo asistió a la tradicional batalla de estilos que ha elevado al Valencia-Barça como el gran clásico mediterráneo. Los valencianistas contestaron con una afiladísima verticalidad al desbordante despliegue retórico de los azulgranas en la posesión. Alcanzada la primera media hora, los visitantes habían tocado 334 pases con cero disparos a puerta, sin haber pisado área rival. Por contra, el Valencia, con 104 pases, había logrado rematar en cuatro claras ocasiones de gol. Las circunstancias acentuaron la personalidad de los dos conjuntos. Mientras que Quique Setién ha llegado al Barcelona con el claro mensaje futbolístico, casi ideológico, de recuperar el gusto por el toque, en el Valencia las ausencias de científicos como Dani Parejo y Rodrigo Moreno empujaron a los blanquinegros a ser más ordenados, a estar más concentrados, a ser más contragolpeadores.

Emergió el protagonismo de Coquelin y Kondogbia para levantar un frontón que propulsaba las réplicas en velocidad de los valencianistas. De Gayà, apoyado por la clarividencia de Soler, para desbordar una y otra vez a Ansu Fati y Sergi Roberto. Por ese flanco irrumpió el lateral de Pedreguer para provocar el penalti que despertó a Mestalla de la contemplativa hipnosis de balón barcelonista. Sin Parejo, dueño de penaltis, faltas y córners, la pena máxima se la pidió Maxi Gómez. Ter Stegen (imitando al mítico Grobbelaar) detuvo el lanzamiento del jugador uruguayo, que agarró la responsabilidad a pesar de no estar habituado a patear desde los once metros desde sus tiempos en Defensor Sporting.

El error enrabietó al Valencia, que arrinconó al Barça en un frenético aquelarre. La concentración de jugadores barcelonistas por el medio desvió el tráfico de juego local por los lados, donde Ferran Torres era un cohete. En el 28 Maxi remataba con el alma y Ter Stegen y el larguero evitaban el gol. El meta alemán desbarataba también el rechace, mordido por Gameiro. Soler tiraba caños a Griezmann y Coquelin se asomó desde media distancia con un derechazo seco, encontrando de nuevo a Ter Stegen, que también abortó un gol en propia meta en un balón rebotado a Piqué. En plena «mascletà», Gil Manzano se equivocó gravemente al no otorgar una ley de la ventaja que dejaba prácticamente solo a Ferran Torres. «No lo he visto, me he equivocado», reconocía el colegiado extremeño a los jugadores que le asediaban.


El Barcelona sobrevivió al descanso con solo dos tímidos intentos lejanos de Leo Messi.Y si bien a los 40 segundos de la reanudación, Ansu Fati avisó de que el Barça llevaba intenciones de ser más concreto, el Valencia seguiría martilleando a su rival y esta vez encontró premio, con otro remate de Maxi que rebotó en la cadera de Jordi Alba y derribó la muralla de Mönchengladbach de Ter Stegen.

Setién guardó el libreto e introdujo a Arturo Vidal. Y Messi empezó a ser Messi, el mayor verdugo que ha sufrido el Valencia. El genio rosarino se rebeló, quiso alargar la maldición de sus 13 años de visitas a Mestalla. Remató primero desviado y en el segundo intento, solo ante Jaume, su disparo a bocajarro encontró la pierna salvadora de Paulista, gigantesco en todas las anticipaciones. Había que mover el banquillo y Celades introdujo a Rodrigo Moreno ante el que puede ser su próximo equipo.

Era el minuto 70 y Mestalla, que intuía un desenlace largo, empezó a rugir. Eran varios los futbolistas del Valencia que trotaban acalambrados, con el aire justo en los pulmones. Uno de ellos era Maxi Gómez, que se había vaciado. Antes de ser sustituido, el delantero recibió un delicioso balón trenzado por Ferran y Soler. Lo frenó con el pie y golpeó como si fuera el penalti que había errado. Mestalla estalló de júbilo con el gol de su nuevo ídolo, que acto seguido fue suplido entre vítores. No parecía que el marcador fuera a moverse. De hecho Paulista anotó el tercero, en una acción anulada y que la decisión final tras la revisión en el VAR alimentó en su controversia. No fue ni gol ni falta del central brasileño a Busquets. Se mandó repetir el córner entre protestas de los dos equipos. El estadio festejó la victoria, la recuperación de su ADN más competitivo, la visión de una clasificación que, con 34 puntos y partidos así, invita a soñar con todo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook