15 de febrero de 2020
15.02.2020
Valencia CF22Atlético

El Valencia remonta pero no gana

El equipo de Celades barre al Atlético en la segunda parte pero el desenfreno no le alcanza para destruirlo - Los de Mestalla remontan en todos los sentidos, sobre todo en el anímico, antes de ir a Milán - Ferran derriba todos los muros de Simeone

15.02.2020 | 00:55
El Valencia remonta pero no gana

Era pronto para pensar en la Atalanta, pero el Valencia entendió que la clave para encarar la Champions en condiciones no estaba en reservarse sino en darse un baño de autoestima. Por eso, y aunque lo peor fue claramente el resultado, lo ocurrido contra el Atlético hay que darlo por bueno. Lejos de hundirse, el equipo de Celades fue capaz de remontar en todos los sentidos, fundamentalmente en el anímico. Lástima que el desenfreno de la segunda parte no le alcanzase para tumbar a un rival que se escapó vivo de milagro después de un desgaste brutal y un partido a ratos peleón y en otros muy bien jugado en el que Ferran fue derribando una detrás de otra los muros que trataba de levantarle Simeone.

El Valencia tardó en encontrar la tecla de activación pero a raíz del empate de Kondogbia ya no dejó de pulsarla. La portería de Oblak, por momentos, se convirtió en un paredón. Con Kondogbia llegando a todos lados para sostener al equipo, la pólvora mojada de Maxi Gómez y Gameiro evitó que los disparos hiciesen diana. Tanto el uruguayo como el francés mandaron a la luna dos servicios desde la derecha, donde Ferran, primero con Lodi y luego con Saúl, hizo lo que en sus tiempos hacía Vicente por la izquierda. Quedó claro, de todas maneras, que el zurdo de oro en este equipo es Gayá. No sólo fue un ejemplo al principio forzando para jugar con molestias, encima sin dosificarse ni un gramo como desmotró en el cuerpo a cuerpo con Llorente, sino que se mantuvo en pie hasta el final. Para coronarse solo le faltó el gol. Lo rozó dos veces, la última con un centro envenenado que se escapó a un palmo del poste. Es tan honesto que tras el partido reconoció que le deslumbró un foco y lo hizo a ciegas.

Aunque llevase la iniciativa en el marcador, el Atlético siempre estuvo impreciso. El Valencia, que acabó hasta sintiéndose cómodo, sólo titubeó en el arranque. En un duelo marcado por las dudas y la inconsistencia de estilos, los rojiblancos hicieron más grandes sus problemas. Pese a tener los guantes fríos, Jaume se lució sacándole un cabezazo a Morata en la única aproximación de peligro desde el golazo de Thomas. Fue en balde que Simeone, cada vez más indefinido, tirara de artillería porque donde se estaban cociendo las habichuelas era en el centro del campo y ahí era Kondogbia el que llevaba el cucharón. Parejo se aprovechó de la órbita de su pareja de baile y el equipo, en un intenso arrebato, rompió a jugar como no había hecho desde el último día feliz en Mestalla, el del Barça.

Pese al golpe anímico del 1-2, el Valencia volvió de los vestuarios mucho menos tierno y con un guión diferente. Nada que ver con la versión quebradiza que había demostrado hasta entonces, siempre al filo de la navaja con independencia de si estuviese sacando el balón jugado o en fase defensiva. Del exceso de movimientos imperfectos llegaron los goles del Atlético, capaz de convertir en un pozo el más mínimo agujero. Un rebote de Gayá, que se lanzó al límite en busca del corte, precipitó el gol de Llorente con Gabriel mal perfilado y la defensa desordenada. Y una pérdida de Parejo, antes de que se espabilara, levantó la barrera para que Thomas se abriera una autopista hasta la frontal. Parecía otro día en la oficina para un equipo al que le había costado 30 minutos empatar y uno en que volvieran a marcarle. Sin llegar ni por asomo a lo de Getafe, entre otras cosas porque el Atlético tiene menos marchas, hubo un momento en que un rival más feroz habría olido a sangre. Sin embargo, los reveses descolocaron al Valencia pero no lo aniquilaron.

El Atlético, que siempre había destacado antes por cómo defendía que por su manera de atacar, ya no es lo que era. En sus mejores días encajaba un gol a balón parado de uvas a peras. Esta vez fueron los dos. El primero, producto del empuje, lo fabricó Maxi. El uruguayo remató picado sobre la frente de Gabriel, que apenas necesitó girar el cuello para que el balón saliera despedido a toda velocidad hasta la red. El segundo fue cosa de Parejo, al que no se le discute que en el pie tiene un guante. Kondogbia, en semifallo, no conectó el remate, pero después de hacer carambola con los dos pies se fuera para adentro.

Celades sacó a Guedes a la hora y buscó con Cheryshev la profundidad de Ferran pero por la izquierda. Y Simeone, cuya imagen más gráfica fue tapándose los ojos con el sombrero de Ferran a Saúl, tampoco se guardó la artillería. Sin embargo, ninguno de los movimientos desde el banquillo fueron relevantes. El partido se jugaba a pulso y el del Valencia era mucho más alto. Por delante estaba desatado y por detrás apenas sufría. Ni siquiera por la presencia de Mangala, cuya evidente rigidez no justifica el ostracismo al que ha estado sometido hasta la víspera de la visita al Atalanta. En San Siro se verá quién es el elegido para jugar al lado de Diakhaby. Y, sobre todo, qué Valencia juega, si el gatito del principio o el tigre del final.

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