07 de marzo de 2020
07.03.2020
Alavés11Valencia CF

El Valencia se pincha en el descanso

El equipo de Celades no sabe gestionar su ventaja en la segunda parte, tras un hermoso gol de Parejo de falta y vuelve a Valencia con un punto insuficiente en su lucha por la Champions - Rodrigo y Coquelin vuelven a jugar y están listos para el martes

07.03.2020 | 00:09

El Valencia CF abandonó Mendizorroza con un sentimiento de frustración tras una segunda parte patética. Lo que podría haber sido anoche un vieja de vuelta de Vitoria apacible, a sólo un punto de la Champions, se convirtió en un intercambio de remordimientos por la ocasión perdida. Lejos de saber gestionar su ventaja, gracias a un hermoso gol de Parejo, el equipo de Celades se plegó a los registros del equipo vasco, tan inglés en su fútbol como siempre. La falta de identidad en el juego y la debilidad de carácter se volvieron a concretar ante un equipo que cambió todas las claves del juego tras el descanso.

Albert Celades se guardó a Ferran Torres para el partido ante el Atalanta. El primer disparo a portería del partido llegó en el minuto 20. Lo hizo Parejo, desde fuera del área y con la pierna izquierda, un síntoma evidente del fútbol trivial con el que los dos equipos encendieron el choque.

El Valencia dio un paso adelante al filo de la media hora, impulsado por la primera emoción de la noche. Cheryshev pidió penalti tras chocar con el portero, pero la revisión del VAR no lo consideró falta. Apareció entonces Parejo, un jugador liviano, de paso corto, con la suprema condición de la inteligencia. El capitán del Valencia CF es un futbolista que no padece las dudas que matan a la mayoría de los jugadores. Es el medio centro por excelencia, el hombre que piensa, que es capaz de cambiar el rumbo de su equipo en el campo. Lo hace a menudo con su juego y, de vez en cuando, con su golpeo preciso. La primera falta cerca del área que le ofreció la noche, a 19.9 metros exactos de la portería, resultó decisiva. Lanzó telemétricamente el balón, colocado y con potencia, a la escuadra. Una obra de arte que Rodrigo había vaticinado, con una risa nerviosa, desde el banquillo.

Durante un ratito, el Valencia CF jugó al ritmo de Parejo, que puso la pelota en la hierba y no la despegó ni un centímetro del suelo. Todo lo que hace está lleno de delicadeza e ingenio. Todo el agarrotamiento y el fútbol rudimentario de la primera media hora se transformó en fluidez e imaginación hasta el descanso. Duró un momentito. Diez minutos, no más.

Enfrente, el Alavés es un equipo que se apaña la vida con poca cosa. Su supervivencia depende de factores que dependen más de la disciplina. El equipo de Garitano adelantó metros y ganó metros. Juego directo, sin concesiones, muy agresivo. Un equipo que corre por el campo sin sutilezas. La fórmula es vieja, pero funciona, y mejor cuando el adversario se siente intimidado y no es capaz de ofrecer una alternativa. No respondió el Valencia CF, sólo capaz de rematar dos veces a portería en la segunda parte -una volea de Florenzi y un cabezado de Coquelin-y terminó pagándolo caro. Edgar empató en una jugada de catágolo del fútbol alavesista: una falta, un rechace y un remate entre mil piernas rivales.

El Valencia CF, con Rodrigo y Coquelin en el campo, intentó sin éxito recuperar terreno perdido en el tramo final. Era demasiado tarde.

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