Admirado entrenador del Singapur Club de Fútbol. Le recuerdo con agrado desde aquellas tardes en que nos veíamos con saludo lejano en el Bai-Bai de la Avenida de San Sebastián donde usted y su esposa, junto al matrimonio Craoiveanu, ni siquiera pensaban en que Villarreal les iba a unir más. Menos aún creían que el destino de uno de los dos acabaría en el banquillo del club de Mestalla, en otros tiempos Valencia C.F.

Antes de que se produzca su destitución, que llegará como siga creyendo que en Singapur aprecian la libertad de expresión. Por mostrar ideas pagó su antecesor Marcelino García Toral. No seré yo quien le recomiende que se muerda la lengua. Ni mucho menos. Mas, si le digo, que ha escogido el camino más tortuoso. En el club en el que ahora trabaja las licencias dialécticas no están bien vistas. El señor que figura como presidente, el acólito del gestor singapurense, tuvo la osadía de mandar callar a la grada con gesto elocuente desde el puente de mando de Mestalla.

Lo que ha dicho usted refrenda el incumplimiento de las promesas sobre fichajes. No es opinión que sostenga usted individualmente; es clamor popular. Pero no importa. Quienes dirigen el club también toman parte en las decisiones deportivas y de ahí que Marcelino y Mateu Alemany salieran casi de estampida. Me sorprendió que usted aceptara el mando de esta plantilla en liquidación por rebajas. Lo suyo fue un gesto heroico. Jugarse el prestigio con un equipo al que están dejando en cueros es de gran valor.

Los entrenadores, desde que Singapur es el puente de mando, son individuos de quita y pon. El domingo salvó usted el primer compromiso. Venció su equipo al Levante, pero sabe que victorias como esta no van a ser frecuentes. El Singapur C.F. no aspira a estar entre los grandes como prometió el jefe del negocio cuando tomó posesión de las acciones que le malvendieron en almoneda. No haga usted promesas no lo vayan a confundir con los mandamases. Si no se puede aguantar hágalo. Si no lo hace de cualquier manera acabaran ciscándose en usted.

Suerte. Un abrazo.

Posdata. Es peligroso ganar un título. Ya sé que no podrá, pero téngalo en cuenta.