«Algunos jugadores lo han tenido demasiado fácil en el Valencia durante los últimos años». Fue uno de los primeros comentarios en privado de José Bordalás a su llegada al banquillo del Valencia. Lo dijo durante su acto de presentación en Mestalla y lo continúa pensando. El técnico está convencido de que la mejora del equipo pasa por elevar el nivel de exigencia a la plantilla. Exigir al jugador igual que se exige a sí mismo. Ha sido su ‘modus operandi’ durante toda su carrera deportiva como entrenador para sacar el máximo rendimiento del futbolista y lo seguirá siendo como máximo responsable del Valencia.

Bordalás no se casa con ningún jugador. Por mucha calidad que tenga. El talento no asegura la titularidad. Para el técnico hay valores y actitudes innegociables que están por encima de la técnica individual de cada futbolista. Hace pocos meses un miembro del Valencia CF coincidió con el presidente del Getafe Ángel Torres en un partido de LaLiga entre los dos clubes. En la conversación salió el nombre de un fichaje que había perdido protagonismo en el equipo hasta el punto de desaparecer de las alineaciones. Al presidente azulón no le sorprendían las suplencias. «Con el míster, si no trabajas, no juegas».

José no cree en las individualidades. Su única consigna es «ir todos a muerte a una». Para él la fuerza está en el grupo» y lo alimenta con cenas, comidas o jornadas de convivencia. El técnico da mucho valor a lo táctico (orden, ideas claras, presión, minimizar errores) y a la calidad del futbolista, pero está igual de pendiente de otras facetas el juego que considera prioritarias como el compromiso con el equipo, la solidaridad en los esfuerzos, la intensidad en los duelos o la concentración desde el minuto uno al noventa. «Sin máxima concentración, no eres nadie en la élite». Es otro de sus mandamientos que están en su libro de estilo y que será de obligado cumplimiento para todos aquellos jugadores que quieran hacerse un hueco en el once titular la próxima temporada.

El alicantino invierte muchas horas en su trabajo y obliga al jugador a que su implicación sea la máxima tanto dentro como fuera del terreno de juego. Por eso siempre invita al futbolista a llevar una vida «adecuada» de máxima dedicación al fútbol. Quiere que el jugador se cuide, invierta en fútbol y ponga los cinco sentidos en cada acción de los entrenamientos y la competición como si le fuera la vida en ello. De la misma forma que Bordalás entiende el fútbol. «Viviéndolo 24 horas al día». Para José el único secreto de sus cinco temporadas de éxitos en el Coliseum es que «el secreto es mucho trabajo, mucho compromiso y mucha exigencia».

El entrenador da mucha importancia a la condición física del futbolista, pero todavía cuida más la faceta mental. Bordalás invierte muchas horas en la parcela psicológica. Su objetivo es que el jugador esté convencido de lo que hace y, algo casi tan importante, que multiplique confianza en sí mismo. Que se sienta mejor incluso de lo que es. Lo ha conseguido en muchos jugadores del Getafe y afronta con ilusión el reto de conseguirlo en el Valencia. Ha llenado algunos de sus vestuarios con frases motivadoras. Cree en la confianza y en la humildad. Porque creerse mejor que el rival es pecado mortal para él.

Bordalás casi siempre ha cambiado el régimen interno de los clubes a los que ha entrenado. En el Valencia no esperan ser una excepción. Una de sus obsesiones del entrenador es el peso de los jugadores. El técnico fue uno de los pioneros del fútbol español en controlar el peso de los jugadores de forma diaria y aplicar un mecanismo de multas. El entrenador se preocupa hasta del descanso diario de sus jugadores. El control es directo. «Mirándoles a los ojos sé cómo han descansado», ha llegado a decir. Es la ley Bordalás.