La concesión de los permisos necesarios para reiniciar, después de 13 años paradas, las obras del Nou Mestalla se ha convertido en un pulso que se dirime a golpes de imagen. A las primeras recreaciones virtuales del interior del recinto, y las dudas surgidas en la administración tras ser presentado el proyecto, el Valencia replicó con las declaraciones de Mark Fenwick, responsable de cada modificación, siempre a la baja, que ha experimentado el proyecto desde su presentación en 2006. En declaraciones servidas por el propio club, el arquitecto descartó que el futuro estadio sea «low cost», aunque sí admitió que el plan se revisado desde la «austeridad» sin que deje de tratarse de una instalación «espectacular».

«Bajo coste? De ninguna manera. Es un estadio en el que cuando se termine se habrán invertido más de trescientos millones de euros», señalaba el arquitecto británico, sin entrar en el detalle de los recelos del ayuntamiento de València y el Consell, sobre el respeto a los compromisos adquiridos en la permuta de parcelas y en la ATE, con los consiguientes beneficios urbanísticos para la entidad. También se mantienen dudas de la cuantía final a invertir para rematar las obras y las garantías de alcanzar la financiación extra de 30 millones de euros informada por el Valencia, que se añadirían a los 80 que aporta el convenio con CVC.

Fenwick, al que le gusta definir los estadios de fútbol como «las nuevas catedrales», y adaptar cada recinto a las singularidades de su entorno urbano y cultural, defendió en las declaraciones corporativas la garantía del nuevo enfoque del proyecto, desde la reducción de gastos al aspecto más controvertido, el de un aforo que se expande y contrae como un acordeón, pero que nacería con menos capacidad que el actual Mestalla: «Obviamente, no podemos gastar de una forma ostentosa. Vamos a hacer todo el diseño y la incorporación de cubierta, fachadas y dotaciones interiores con una calidad y un diseño muy cuidado», destacó Fenwick. «La austeridad no quiere decir que no pueda ser magnífico», aseguraba, antes de añadir que la nueva fachada propuesta le recuerda «al estadio olímpico de Tokio» por sus «balcones» y la propuesta de cubierta trasladada.

El argumento de variar el aforo hasta en 25.000 espectadores se defiende desde el cálculo de descenso de espectadores, una desafección provocada por la propia gestión de Meriton Holdings: «No hay nada peor que un estadio vacío. Podemos subir a 70.000 de manera muy rápida y sencilla. Eso permite una flexibilidad que tienen pocos estadios. Este estadio, quiero pensar, va a causar un incremento de socios porque al verlo la afición querrá disfrutarlo. Eso permitirá que podamos subir el aforo como todos deseamos», señaló.

Contrariamente a lo que se desprende de la lectura del proyecto, Fenwick descartó que el aforo suprimido en un inicio se vaya a cubrir con lonas. «Tenemos tres gradas, tres anillos. Cuando esté hecho el estadio no va a estar la grada alta vacía porque podemos espaciar los asientos. Habrá una zona, la más alta, donde estén los asientos alejados. No va a ser un aspecto de un estadio vacío, ni de lonas, ni nada de eso».

Asimismo, Fenwick señaló que se siguen conversaciones todavía no cristalizadas con empresas «para crear una de las más grandes cubiertas de paneles fotovoltaicos de Europa». Esa gran cubierta producirá energía para el estadio y para la red eléctrica de la ciudad. Será algo innovador y espectacular», afirmó. Además, ante la menor verticalidad de las gradas respecto al actual Mestalla, incidió en la necesidad de la cubierta para no perder acústica: «Estudiamos mucho el tema acústico, siempre decimos que es el jugador número 12. Si la afición puede transmitir esa emoción a los jugadores van a jugar mejor. Para eso es importante la cubierta, que lo hacemos de forma para que rebote el sonido, como una especie de espejo. No tiene la inclinación del anterior, pero la acústica va a ser tremendamente importante. Esto se puede ver en el del Espanyol, los aficionados están encantados».

Respecto a los plazos, Fenwick indicó que con el armazón del «bowl» ya levantado, está acabada la parte más complicada. «Ahora hay que vestir la fachada, los interiores y colocar la cubierta. Estimamos entre año y medio o dos años para acabar la obra. Nos vamos a finales de 2024 o a 2025», auguró.