El Valencia se reencuentra esta tarde en Mestalla con el Betis, apenas tres semanas después de la titánica final de Copa del Rey que se decantó del lado verdiblanco con la agónica tanda de penaltis. De toda aquella agitación emocional quedan pocos vestigios, con un sentimiento de revancha reducido por la irrelevancia clasificatoria que el duelo presenta para los blanquinegros, ya matemáticamente fuera de toda opción europea. En juego no está más que el orgullo, una cuestión que nunca ha sido menor en un equipo entrenado por José Bordalás. El partido del pasado fin de semana en San Mamés ya fue un ejemplo ilustrativo. Sin ningún aliciente en la tabla clasificatoria, el Valencia sacó a relucir su lado más canchero, el que incomoda al «stablishment».

Con la plaza de Liga Europa asegurada, el encuentro tiene un punto de mayor presión para el Betis, que apura sus últimas opciones por entrar en Liga de Campeones, tras caer ante el Barcelona en el último minuto y perder distancia con el Atlético. La mayor amenaza bética es su estado de ánimo, con una confianza huracanada que le convierte en un rival de mucha mayor entidad. Vive en ese estado de felicidad que resulta familiar en el valencianismo, con una masa social grande en número y activada en entusiasmo en torno a un proyecto reconocible.

Esa declaración atacante del rival es la invitación a un partido atractivo, en el que el Valencia puede encontrar el molde para sentirse a gusto y desplegar su juego reactivo, con espacios y agresivo. La final de Copa, pese a su desdichado final, sigue siendo un buen ejemplo de cómo puede encarar esta tarde el Valencia el encuentro. En muchas fases del duelo en la Cartuja el Valencia sometió al Betis, que se encontró desplazado del partido. La ausencia de recompensa clasificatoria puede ser, asimismo, una liberación mental para los blanquinegros, con mayor soltura y menor rigidez para atacar el partido. Acabar las últimas tres jornadas en un buen tono de rendimiento y resultados, aparte del pellizco de un par de millones de euros en derechos de televisión, puede ser clave también para facilitar la transición a un verano complejo, con muchos interrogantes y cambios que pueden ser bruscos en un proyecto que trata de remontar la decadencia inducida en la gestión por su máximo accionista, Peter Lim.

El Valencia, además, tiene una deuda de gratitud con su hinchada. Mestalla ha perdido en esta temporada magnetismo, con solo cinco victorias de 17 partidos y una tendencia preocupante hacia el empate, acontecido en ocho encuentros, un síntoma de partidos bloqueados, poco lúdicos para un espectador que ha crecido con la leyenda de habitar en un castillo inexpugnable. Más allá de nombres de mercado, el gran objetivo del Valencia en el futuro debe ser recuperar el factor intimidatorio local, en un año en el que Mestalla cumplirá cien años de vida.

Ni Gayà, ni Guillamón

Para doblegar al Betis, Bordalás no contará con jugadores clave. El capitán José Luis Gayà y Hugo Guillamón están sancionados y Gabriel Paulista es seria duda tras torcerse el tobillo frente al Athletic, con lo que su descanso es aconsejable. Sin su concurso, el Valencia pierde liderazgo, materia gris y carácter.

El Betis del «Ingeniero» Pellegrini llega a València con la baja de Bellerín, debilitado con una indisposición, y con el probable regreso al «once» de William Carvalho. Su juego rodará en torno a al talento puro de Guido Rodríguez, Fekir y Canales.