El Valencia de Peter Lim camina peligrosamente hacia al abismo con un presente dramático (obligado a vender a sus principales activos por más de 30 millones de euros y fuera de los puestos de Europa por tercera temporada consecutiva) y un futuro peligroso que invita a la preocupación. La gestión de Meriton ha asfixiado económicamente al club y está provocado una pérdida de nivel competitivo alarmante que cada vez hace más grande la brecha con los equipos importantes de LaLiga. El equipo pierde potencial deportivo al mismo tiempo que su plantilla pierde valor de mercado. El resultado es un Valencia que cada vez vale menos a todos los niveles. La única forma de frenar esa inercia negativa sería una estructura deportiva fuerte, pero el Valencia de Lim no la tiene desde la salida de Mateu Alemany. La triste realidad del Valencia de Meriton es que camina hacia ninguna parte sin proyecto y con la continuidad de José Bordalás y la mayoría de la plantilla sin definir. Hay muchos jugadores (demasiados) que se van a marchar de vacaciones sin saber dónde jugarán la próxima temporada. Lo grave en comparación con el resto de clubes de LaLiga es que corre peligro hasta la base del equipo con el futuro incierto de sus capitanes José Luis Gayà y Carlos Soler y otros futbolistas titulares como Gonçalo Guedes, Omar Alderete, Mouctar Diakhaby o Hugo Guillamón. El Valencia de Lim pende de un hilo y se ha acostumbrado a vivir en medio de la incertidumbre. Todo está en el aire y eso, cada temporada que pasa, supone un riesgo mayor. El escenario es desalentador para el aficionado y para un Bordalás que ya ha avisado este año de la necesidad de ganar para «no sufrir» en la categoría. No era ninguna pose. Desde el cuerpo técnico existe la preocupación real de un posible descenso a segunda si el Valencia no planifica la próxima temporada a la altura que merece el club. O como diría Bordalás, a nivel Valencia.

Guillamón y Gayà, con semblante serio en el palco en el VCF-Betis. j.m.lópez

El contrato dice que Bordalás será el entrenador del Valencia la próxima temporada. El técnico tiene firmado hasta el 30 de junio de 2023, pero la realidad es bien distinta. El grado de tensión entre el alicantino y la propiedad es máximo. La ‘simple’ opción de compra de Hugo Duro al Getafe ha vuelto a destapar la falta de conexión existente entre el entrenador y la propiedad. La relación parece irreconducible. El contrato del entrenador incluye una cláusula de escape (con un cantidad económica estipulada de 700.000 euros) por la cual las dos partes podrían romper su vínculo contractual. Sin embargo, a pesar de las diferencias, ninguna de las dos está dispuesta a dar el paso.

La continuidad del técnico está en el aire. No es la primera vez que pasa. Ni con Meriton ni sin Meriton. El gran problema esta vez es que el futuro de los pesos pesados también es incierto. La mayoría de clubes de LaLiga cuenta con una base de 10-12 jugadores importantes que tienen la certeza de continuar. En el Valencia este verano pasará lo contrario. Los capitanes Gayà y Soler se marcharán de vacaciones sin resolver su futuro, el futbolista más diferencial Guedes tiene el cartel de ‘vendido’ desde hace meses y existen titulares como Alderete, Diakhaby o Guillamón (con la renovación parada) que no tienen garantizada su continuidad. Ilaix Moriba está pendiente del Hertha y Bryan Gil cada vez es más difícil que vuelva. Además, hay jugadores que volverán a estar en el mercado como Cillessen, Maxi Gómez o Racic y otros que acaban también en 2023 como son Lato o Jaume. Cheyshev finaliza su contrato en junio y Marcos André y Comert, de momento, no han demostrado nivel Valencia. Hay pocos futbolistas con garantías de seguir. Son, siempre y cuando Lim no diga lo contrario, los recién fichados Hugo Duro y Mamardashvili, Paulista, Thierry, Foulquier o Yunus. Aún así, todo puede pasar.