El valor real de la victoria del Valencia ante el Girona va más allá de los tres primeros puntos sumados en la clasificación. La gran noticia es la imagen de Mestalla volcado con un equipo que primero supo proponer y luego resistir, con una intensidad afilada de principio a fin. Es un proyecto que nace con las limitaciones ya conocidas, pero vivo, en torno a la figura cohesionadora de Gennaro Gattuso, el líder del gigante adormecido. El entrenador italiano se puso al estadio en el bolsillo con una puesta en escena prometedora. Con gran personalidad para manejar la pelota en la primera parte, con el premio del penalti marcado por Carlos Soler, y con un enorme amor propio cuando la expulsión por roja directa de Cömert puso patas arriba toda la segunda mitad. Fue entonces cuando el lado más pasional de Gattuso intervino en el partido, contagiando al equipo en inferioridad anímica pero desbordante en superioridad ambiental. Fue «Ringhio» (Gruñido, su mote en Italia), en toda su extensión. El líder, con carisma e ideas, añorado en tres años vacíos.

Con esa endurecida piel grupal, el Girona apenas inquietó en el tramo final. A los exjugadores de fútbol no les suele gustar la etiqueta de “veteranos”. Consideran que es injusta, reduccionista, que una vez que alguien ha sido futbolista nunca más deja de serlo. Un reclamo justo y que Gattuso puso en práctica ante un estadio entregado. Rino y Mestalla, claro que iban a conectar.

Al Valencia le costó controlar a un Girona que saltó al campo con muy desinhibido, con el optimismo característico de los equipos recién ascendidos, todavía instalados la fuerte convicción mental del año anterior. Couto y sobre todo Riquelme se aproximaron muy sueltos al área de Mamardashvili en los primeros minutos, pero sin concretar el último pase. Era el duelo de dos equipos de vocación alegre que se encontraban fácilmente las cosquillas en las transiciones veloces y en el robo en la presión alta. Con Guedes en Wolverhampton y con Gayà sancionado (y ovacionado) en el palco, el Valencia encontró una nueva sociedad en las combinaciones entre Jesús Vázquez y Samuel Lino. Por el costado zurdo, los de Gattuso comenzaron a sentirse fuertes y equilibrar la salida respondona del Girona.

Un Valencia con personalidad

Con una gran entrada (39.359 espectadores) a pesar de la ola de calor y un horario poco propicio, Mestalla se enganchó desde el principio a las intenciones valientes de los locales. El público agradece la voluntad creativa propuesta por Gattuso. Hay muchas ganas de fútbol, mucha hambre atrasada tras unos años complicados, en los que bajo la espartana etiqueta de «bronco y copero» el equipo y el entorno se resignaron a infravalorar un potencial que cobra forma con Mestalla lleno y un bloque al ataque. Las evidentes limitaciones llegan a disimularse con puestas en escenas así.

Desde la buena anticipación de los centrales y ganando metros en campo rival, interceptando balones a la altura del área rival, el Valencia sofocó la salida del Girona y activaría el primer arreón, a partir del minuto 35. Soler, Musah, por dos veces Hugo Duro y finalmente Castillejo asediaron la meta de Juan Carlos, justo antes de la decisiva jugada del penalti. Una falta provocada por un robo de Cömert fue lanzada por Castillejo y rebotó en un brazo de la barrera. Con la temperatura ambiental disparada, Soler enfrió las pulsaciones en el sutil lanzamiento del 1-0.

Al entrenador Gattuso le distingue la elegancia en la circulación de pelota, pero el temperamento de las tardes salvajes como mediocentro guerrero en el Milan renacen en situaciones adversas. Así sucedió cuando Figueroa Vázquez expulsó a Cömert a instancias del VAR. Una roja justa, un mazazo ambiental que el técnico calabrés volteó despertando a Mestalla. Con gestos arengando a la grada con el rostro enrojecido, pidiendo explicaciones a los árbitros y casi volviéndose a atar las botas y anudarse el brazalete. Todo Mestalla activó un sentido de supervivencia ante la media hora larga que quedaba para proteger el 1-0.

La gestión de los cambios fue sorprendente, sobre todo al retirar a Soler. Pero con Cristhian, Foulquier, Toni Lato, Nico y Maxi en el campo, con tres centrales y con una probable segunda amarilla perdonada a Samu Saiz, el partido se fue a su recta final con la situación en aparente control. Con el Girona muy incómodo para encontrar espacios y acelerado en sus decisiones. El final, más que un sufrimiento, fue una felicidad reencontrada. El viejo rugido.

VALENCIA CF: Mamardashvili, Thierry, Cömert, Diakhaby, Jesús Vázquez (Lato, m73), Hugo Guillamón, Musah, Carlos Soler (Foulquier, m.62), Castillejo (Maxi Gómez, m.73) Hugo Duro (Mosquera, m.53) y Samuel Lino (Nico, m.73).

Girona FC: Juan Carlos, Yan Couto (Arnau, m.82), Bueno, David López (Stuani, m.62), Juampe, Valery (Gutiérrez, m.62 Aleix García, Terrats (Yangel, m.74), Sanu Saiz (Ureña, m.62), Castellanos y Riquelme. Gol: 1-0, m.45: Carlos Soler, de penalti. Árbitro: Figueroa Vázquez. Amonestó a Thierry (m.56) y Jesús Vázquez, m.69) y a Yan Couto (m.14) , Samu Sáiz (m.44) y Valery (m.45). Expulsó con roja directa al local Cömert (m.51). Incidencias: Mestalla, 39.359 espectadores.