La Catedral examina a la Quinta del Pipo

El duelo entre Athletic y Valencia, cargado de tradición, regresa a San Mamés con los dos conjuntos repletos de canteranos, en el escenario perfecto para apuntalar la tendencia al alza de los de Baraja

Javi Guerra festeja
su gol frente al
Atlético.  francisco calabuig

Javi Guerra festeja su gol frente al Atlético. francisco calabuig / Vicent Chilet. València

Vicent Chilet

Vicent Chilet

Esta tarde en el Nuevo San Mamés asiste otro gran Clásico del fútbol español. De hecho, durante muchos años fue el primer gran duelo estelar del campeonato, cuando Athletic Club y Valencia CF se repartían los títulos de Liga y Copa en los años 40. Y no es un duelo cuya grandeza sea sólo arqueológica. La memoria contemporánea de las visitas valencianistas a Bilbao deja momentos brillantes, instantes de inmortalidad con golazos de Gaizka Mendieta, goles por la escuadra de “uh, ah, Viola”, parábolas de Fernando marcando el ángulo de un arco gótico, que por algo se jugaba en la Catedral. Por supuesto, numerosas exhibiciones de fuerza de los indomables leones. Las mestallistas más jóvenes se asomaron a este envite con el “hat-trick” en sólo cinco minutos de David Villa. Y sin ser ya los aspirantes de antaño a títulos, los dos conjuntos se han cruzado en los dos últimos años en una semifinal eléctrica de Copa y en unos cuartos de Copa. Siempre pasan cosas en un Athletic-Valencia, es un partido que doctora a cada quinta generacional. Esta tarde pasará el examen la llamada «Quinta del Pipo», con su puñado de jóvenes brillantes que sostienen al club desmontado por Peter Lim. Si hay un escenario en el que tipos, ya de por sí descarados, como Javi Guerra, Fran Pérez o Diego López pueden dar rienda suelta a su atrevimiento, ese es la Catedral.

El rival más simétrico

Ernesto Valverde avisaba en la previa que iban a encontrar al rival más simétrico a su Athletic. No lo decía por la rica historia compartida, con cromos míticos intercambiados, desde Mundo y Gorostiza hasta Zubizarreta y Aduriz, o él mismo desde el banquillo. El Txingurri se refería al compromiso y la identidad que desprende el bloque de Baraja, a su presión asfixiante, a su solidaridad coral, por el gran protagonismo canterano. Se puede afirmar con todos los matices posibles que estamos ante un Valencia CF athleticzado. No por una apuesta basada en la tradición de un siglo, sino más bien por las consecuencias sobrevenidas de una estrategia de desinversión por parte de Meriton Holdings. Sin embargo, pese a todo, frente al espejo, las similitudes son notables. El amor al escudo bordado representado por Muniain y Gayà, fieles en un negocio que ya dejó de serlo. El talento de jugar con el pecho levantado de Oihan Sancet y Javi Guerra. La gran diferencia estriba en el distinto callo de los dos contendientes. A la mayor consistencia y veteranía de un Athletic Club con un bloque muy reconocido y con una base no sujeta a la frivolidad especuladora del mercado, la ternura de un Valencia que aprende a la carrera, que maduró aceleradamente en la lucha dramática por eludir el descenso la temporada pasada.

En el top 10 de canteras

Esta semana, el observatorio estadístico CIES recogía la producción de las academias del mundo y Valencia CF y Athletic Club entraban en toda justicia en el «Top 10». Paterna y Lezama siguen respirando fútbol como en los tiempos de Puchades y Zarra, cuando las escuelas no tenían ni nombre. El partido es de los que puede reforzar tendencias. Al Valencia CF le llega en un momento clave, ideal para empezar a marcar distancias sobre una zona peligrosa que a día de hoy es más un estigma que no una amenaza real. Ganar en San Mamés supondría un golpe de prestigio idóneo para que el equipo de Baraja vaya desplegando con más naturalidad todo su talento potencial. En ese objetivo ayudaría, sin duda, la llegada de refuerzos en el mercado de invierno. Fichajes que den más equilibrio al grupo y liberen de responsabilidad a los jóvenes que están cargando con una bandera preciosa, pero muy pesada. Hoy regresa un Athletic-Valencia repleto de canteranos, casi con toda su esencia hasta que la vista se vuelve al palco.