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El debut de Saura con el Valencia en días históricos
El último partido de primera división que se jugó en España antes de la muerte de Franco, lo disputó el Valencia en el feudo del Real Zaragoza y fue televisado en directo, por supuesto en blanco y negro

Saura permaneció 10 temporadas en el Valencia. Su debut se produjo en la 9ª jornada de la campaña 75-76. El futbolista castellonense llegó a ser capitán del equipo y titular indiscutible. / Bernat Navarro Porter.
El último partido de primera división que se jugó en España antes de la muerte de Franco, lo disputó el Valencia en el feudo del Real Zaragoza y fue televisado en directo, por supuesto en blanco y negro. El domingo 9 de noviembre de 1975 se cerró la 9ª jornada de Liga con el encuentro de La Romareda. El siguiente fin de semana no hubo actividad competitiva por compromiso de la selección española. Medio siglo después se repite exactamente el calendario. El duelo a orillas del Ebro concluyó con triunfo de los valencianistas por 0-2, con goles de Claramunt y Quino.
Esa noche se produjo el debut de un joven jugador que inició una impecable trayectoria en el club de Mestalla lo largo de 10 temporadas. Se han cumplido 50 años del primer partido oficial de Enrique Saura, titular en el once presentado por Manolo Mestre, aunque fue relevado en el ecuador del segundo tiempo por Esteban, valenciano forjado en el filial, que también debutó ese día en la máxima categoría. Aquellos 23 minutos que disputó hasta el final del partido fueron sus únicos con el Valencia en primera división. Al acabar el ejercicio, salió rumbo a Oviedo como parte del fichaje del lateral Carrete.
Mientras España se mantenía en vilo por la salud del jefe del estado, cuyo estado se agravaba progresivamente, y miraba de reojo hacia un futuro incierto, la Liga se desarrollaba con relativa normalidad. El gesto protagonizado por el valenciano Sergio y el vasco Aitor Aguirre en Santander, al lucir unos brazaletes negros en homenaje a los cinco fusilados a finales de septiembre de aquel año, desafió la estabilidad y el control de un torneo que atraía la pasión de gran parte de la sociedad. Todos los partidos de aquella jornada se disputaron en horario vespertino, a excepción del televisado, programado para las 20 horas. Clásica tarde de transistores, las incidencias se seguían en directo. Pocos goles y más de una sorpresa. El Hércules empató en el Camp Nou, y el Racing en el feudo del Atlético. El protagonista de la tarde fue Quini, que le metió 4 goles al Espanyol, en la única goleada de la jornada: 6-1.
Cuando el Valencia arrancó su partido, no se había registrado ningún triunfo visitante en los 8 encuentros disputados. La quiniela se cotizaba por las X de Barcelona y Madrid, además de otros tres empates más previsibles. Los aragoneses eran antepenúltimos, mientras que los visitantes estaban en la parte media baja, con 3 puntos más. Las diferencias en la tabla eran mínimas, consecuencia del sistema de puntuación vigente en aquella época. Dos victorias seguidas permitían pasar del peligro de la cola a la zona europea.
El Valencia lució sobre el césped de La Romareda pantalón blanco, camiseta azul, con sendas rayas rojas y amarillas en el pecho, y medias azules. En los anfitriones, con sus colores clásicos, destacaba la pareja paraguaya formada por “Nino” Arrúa y el “Lobo” Diarte. Sorprendentemente, el Zaragoza iba de pena, después de haber quedado subcampeón liguero la temporada anterior. En esta edición, 75-76, sufrieron de lo lindo para mantenerse, aunque finalmente lo lograron, y de propina llegaron a la final de la Copa, que perdieron por la mínima.

Página de la crónica en Levante-EMV el 11 de noviembre de 1975 / L-EMV
El Valencia se presentó a la cita sin extranjeros; ni Keita ni Rep estaban en la convocatoria. La alineación era una mezcla de jugadores contrastados y con experiencia, caso de Jesús Martínez, Valdez, Quino y Claramunt; otros más que graduados como Cerveró, Tirapu y Planelles; y un grupo de novatos como el portero Basauri- que tuvo una actuación heroica- Cordero, Barrero y Saura. La mitad de la formación hablaba valenciano. El arbitraje estuvo a cargo del balear Borrás del Barrio, sin duda un personaje singular, caracterizado por sus ademanes frenéticos y aires cómico-autoritarios.
El Valencia venció, pero sufrió lo indecible. Un gol madrugador del genio de Puçol, gracias a un disparo ajustado al palo de la portería que defendía el vasco Irazusta, sobrino de Pasieguito, abrió el marcador. Su paisano Basauri se erigió en el héroe de la noche, su figura sobresalió ante la avalancha de balones bombeados que le llovieron por todas partes. No era fácil, ni mucho menos, imponerse a la envergadura del Carlos Diarte. El portero impuso su ley, gracias a la solvencia en los despejes de puños y a la intuición para anticiparse a los rematadores maños. A medida que transcurría el encuentro, la sensación de angustia aumentaba. La resistencia forastera contrastaba con la desesperación local.
La sentencia llegó en el último minuto. Jugada prodigiosa de Quino, acción individual del delantero andaluz que regateó a varios defensas antes de esquivar al guardameta y batir el portal zaragocista desde una posición escorada. Golazo antológico y tranquilidad. El Valencia se llevaba el triunfo y quebraba el mal fario de los últimos partidos televisados. Saura tuvo el mejor debut posible aunque no entendió la euforia de su entrenador cuando dijo en el vestuario: “No quiero a nadie en las habitaciones hasta las 2 de la madrugada”, y se quedó solo esperando en la recepción del hotel que se hiciera la hora.
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