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A contratiempo

Mestalla impone su ley

La actitud del Valencia CF alienta la creencia en que se está produciendo una cierta mejoría tras sumar cuatro puntos en los dos últimos partidos en casa

Los jugadores del Valencia CF celebran ante su afición el triunfo en Mestalla contra el Levante UD.

Los jugadores del Valencia CF celebran ante su afición el triunfo en Mestalla contra el Levante UD. / F. Calabuig

Paco Lloret

Paco Lloret

València

El peso de la historia. El Valencia se volvió a llevar el derbi cómo manda la tradición en Mestalla. Cuándo peor estaba, cuando más lo necesitaba. Lo hizo con justicia, pese al desvarío del VAR, tan absurdo como preocupante. El marcador debió ser más holgado, pero el acierto realizador no figura entre los puntos fuertes de los valencianistas. Su superioridad resultó incuestionable. Por juego, méritos, y oportunidades se hizo acreedor al tercer triunfo del presente campeonato. Todos en casa y con portería a cero. La actitud del equipo de Corberán alienta la creencia en que se está produciendo una cierta mejoría. La imagen ofrecida en las dos últimas jornadas permite un mínimo de optimismo. Al amparo de Mestalla, ha obtenido 4 puntos, gracias a sendos goles, con la firma de Luis Rioja y Hugo Duro. Ambos goleadores aparecieron en el escenario desde el banquillo. Los dos goles han llegado en el segundo tiempo obra de futbolistas considerados como titulares indiscutibles. El entrenador ha cambiado con éxito el guion previsible.

Hugo Duro alimenta la rivalidad. La rivalidad hibernada durante tres ejercicios ha rebrotado con fuerza gracias a Hugo Duro. El madrileño se ha erigido en al artífice principal del fenómeno. Adorado por la parroquia local, señalado por la visitante; su figura ha generado la inevitable polémica. El final del partido, con la sucesión de incidencias, añadió más pimienta. Los ánimos estaban exaltados. Su extraordinario golazo de chilena puso la guinda a una noche de alivio para el valencianismo y añadió una nueva muesca a la historia particular del derbi. Aunque el club esté hundido en la miseria, el Valencia mantiene la jerarquía en su feudo inexpugnable. La frustración «granota» resulta más que comprensible. Una vez más, se han estrellado contra la maldición que les persigue desde el primer día que visitaron Mestalla. El conjunto de Calero se vio superado y solo reaccionó, ya a la desesperada, con el marcador en contra. Se esperaba más del Levante UD, que ha mostrado mayor atrevimiento en otros escenarios.

El palco de Mestalla es particular. Cada vez más. Ha perdido el fulgor del pasado con la imparable decadencia de la entidad. La alcaldesa prefirió encender las luces de navidad y ausentarse del derbi. De paso, se evitaba el caos circulatorio. Tampoco estuvo en el España-Holanda celebrado en marzo en apoyo a las víctimas de la dana. Significativo. En el pasado, había codazos por estar presente en la zona más exclusiva y selecta del feudo valencianista. Aquella época gloriosa de noches europeas, partidos vibrantes, y momentos únicos, desapareció. Estos episodios felices han quedado reducidos al recuerdo lejano. Por entonces, se daba cita una fauna variada compuesta por políticos, empresarios, y aspirantes a la notoriedad, que no disimulaba su complacencia por figurar entre los elegidos. Rodeados de copas y canapés, aquella élite exhibía su satisfacción por ocupar la zona noble y asistir al espectáculo en un espacio privilegiado. En tiempos actuales, con un presidente postizo, el cargo más representativo del Club anfitrión es rotatorio, de quita y pon. Cada vez le toca a uno. Ya nada puede sorprender en este Valencia. La improvisación está a la orden del día.

Americanos, os esperamos con alegría. El desembarco del fútbol americano en Madrid, promocionado a bombo y platillo, coincidiendo con un fin de semana sin fútbol en las grandes ligas europeas, ha generado un debate sobre el modelo competitivo que acompaña a la NFL. La cuestión no es nueva. Un sector de voces, seducido por la insoportable fanfarria musical que ameniza el show y por el colorido de las «cheer-leaders», se ha rendido al encanto de la parafernalia que rodea este espectáculo. Estos analistas sugieren que el fútbol debería mirarse en ese espejo. Dios nos libre de estos profetas, cuyo papanatismo no tiene límite. Entre un fenómeno universal, cuya liturgia es única e inimitable, y un juego repleto de interrupciones que termina por durar una eternidad, no hay color. Afortunadamente, el fútbol goza de una fuerza única e imparable que enamora en todas las latitudes. El producto creado y consumido por los americanos encaja a la perfección en su sociedad y en las películas de Hollywood.

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