Levante-EMV, Valencia

La idea de realizar un gran congreso del pensamiento mundial coincidiendo con la entrada en el nuevo milenio fue vendida a la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, por tres funcionarios italianos jubilados, ex trabajadores de la Unesco. Lucio Attinelli, León Davico y Fernando Caruso se personaron en el verano de 1995 en el despacho de Barberá para ofrecerle la posibilidad de que Valencia se convirtiera no sólo en la capital europea de la cultura -proyecto en el que después se naufragaría-, sino del mundo entero. La referencia ineludible del pensamiento del nuevo milenio.

Fue el embrión filosófico de la Fundación III Milenio, que vio la luz, promovida por el ayuntamiento, el 14 de diciembre de 1996. El entonces secretario general de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza, viajó a Valencia para firmar en la Lonja el convenio de colaboración. La alcaldesa aprovechó el acto para anunciar que la ciudad se convertiría en objetivo internacional gracias a la presencia de importantes personalidades, entre ellos varios premios Nobel, y a la promulgación de acuerdos como la denominada Declaración de Deberes y Responsabilidades del Hombre.

Por Valencia desfilaron durante meses primeras figuras mundiales como el filósofo alemán Karl-Otto Apel -«La gran tarea es la creación de una moralidad unitaria»-, el escritor italiano Darío Fo -«El teatro es la forma más antigua de revolucionar el mundo»-, el padre de la Teología de la Liberación, Hans Küng -«El Papa no podrá evitar el sacerdocio de las mujeres»- o el literato peruano Mario Vargas Llosa -«Es inaceptable reivindicar Tirant lo Blanch desde una óptica nacionalista»-.

Sin embargo, la intervención que causó mayor impacto fue la del italiano Umberto Eco. El semiólogo aseguró: «Si los chinos usan papel higiénico, no bastarán todos los bosques». Cinco meses después de su participación, Eco afirmó: «Estoy expuesto a millares de imbéciles que organizan congresos sobre el tercer milenio. El milenio ha terminado, ya que Jesucristo nació en el año 6 antes de Cristo». El milenio dejó como balance un frustrado centro de estudio del Agua y la declaración de deberes del ciudadano, cuya única presencia actual es la lectura que organiza cada año el consistorio a cargo de escritores conocidos, que acuden a la ciudad previo pago, como fue el caso de Lucía Echeverría, quien visitó la ciudad a principios de verano.