?Si tiene la obligación o la ocurrencia de pintar la fachada de su casa de Valencia, aunque sólo sean unos desconchones, debe saber que está obligado a pedir un permiso al Ayuntamiento, presentar una larga lista de documentos y proyectos, casi una docena, y desembolsar más dinero del que probablemente le costará ese pequeño arreglo. En estas circunstancias, no es extraño que algún afectado haya dicho con indignación "si lo sé no pinto", con lo que ese tipo de reflexiones tiene de negativo para el buen aspecto de la ciudad.

El Colegio de Farmacéuticos ha sido uno de los últimos en hacer esa reflexión. Como entidad pública, ha tenido capacidad de sacar a la luz su protesta, pero lo mismo le ocurre a miles de ciudadanos que no tienen recursos legales o mediáticos para expresar las quejas.

La semana pasada un operario contratado por el colegio pintaba los desconchones de la fachada de su sede principal (número 7 de la calle Conde de Montornés) cuando un agente de la Policía Local, posiblemente advertido por otro operario municipal, se presentó en el lugar y le pidió los permisos reglamentarios para hacer esa faena.

El operario, según han relatado fuentes colegiales, le dijo que no tenía permiso alguno y entonces el policía le invió a no continuar con su trabajo hasta tener todos los papeles en regla. No importaba que ese trabajo se hiciera en apenas un día, que fuera sólo hasta la primera planta o que apenas necesitara un rodillo y una escalera de mano para realizarlo. Había que pasar por taquilla. De lo contrario, la multa puede oscilar entre los 750 y los 3.000 euros.

Y eso no fue lo peor, porque cuando un representante del colegio se presentó en las oficinas de la calle Micalet para obtener esos permisos, la funcionaria le dijo que tenía que sacar una licencia de obras menores de mantenimiento de fachadas y medianeras para la cual debe presentar: Fotocopia del DNI/CIF, proyecto básico visado por el colegio profesional, presupuesto desglosado y total, plano de emplazamiento, documento en el que conste referencia catastral del inmueble, fotografía de la fachada en color y a tamaño 13x18 centímetros, propuesta cromática que se proyecta para la fachada, justificante acreditativo de haber realizado el ingreso previo de la tasa correspondiente, estudio básico de seguridad y salud o certificación colegial acreditativa de su disponibilidad, designación de dirección técnica de las obras y, en caso de estar en un entorno declarado Bien de Interés Cultural (BIC), como es el caso, presentar autorización previa de la Conselleria de Cultura.

Más caro que la obra

Sólo para conseguir estos papales hacen falta varios días de gestiones y además realizar un desembolso que, en este caso, es superior al del propio trabajo que se quiere realizar. El proyecto básico visado por colegio profesional cuesta 700 euros, el ayuntamiento cobra un 4% del presupuesto más una tasa de 139 euros, y el estudio básico de seguridad depende de su amplitud y de la gestoría. Unos mil euros en total.

Por contra, pintar este trozo de fachada cuesta el jornal de un pintor, unos 150 euros, y otro tanto de pintura. Unos 300 en total.

Cuando todo ese se ha cumplido el expediente tarda en tramitarse y aprobarse unos quince o veinte días y entonces ya se pueden quitar los desconchones.

En el caso de la fachada del Colegio de Farmacéuticos, la pared es grande, pero, recuerdan las fuentes, la exigencia es la misma para un vecino particular cuya fachada sea de dos metros y tenga que repararla con cierta frecuencia, como ocurre con todos los edificios que están en el centro de la ciudad y sufren muy de cerca el impacto del tráfico o las ingratas pintadas.