En los siglos XVII y XVIII no había residencia aristocrática europea que se preciara que no tuviera una «orangerie», un jardín de cítricos, como signo de distinción. Doscientos años antes, en el siglo XV, los máximos expertos en crear jardines de cítricos eran los «lligadors d´horts», labradores valencianos expertos en «dirigir, injertar, entrelazar y ligar naranjos». Una técnica que extendieron a Nápoles, a través de Alfons el Magnànim, al alcázar de Sevilla y el palacio real de Aranjuez, entre otros.

Y en los «lligadors d´horts» se inspiró la paisajista e ingeniero técnico agrícola María Teresa Santamaría para diseñar el Jardín de las Hespérides, ubicado junto al Botànic. Un jardín que ahora el Ayuntamiento de Valencia quiere ampliar en una parte del famoso solar de Jesuitas donde ya no se construirá el hotel que promovía el empresario Antoni Mestre, gracias a la permuta que el consistorio ha pactado con el hotelero catalán. De hecho, el Jardín de las Hespérides surgió de una situación muy similar. Su anterior propietario, José Lladró, aceptó una permuta con el Ayuntamiento de Valencia, que permitió recuperar como un jardín una parte del entorno del Botànic.

Y el encargo recayó en la paisajista María Teresa Santamaría, autora de varios estudios sobre los jardines de Monforte y del Botànic. «Fuimos una de las opciones en un solar muy comprometido?», explica Santamaría a Levante-EMV. Parecía una propuesta envenenada, porque la polémica por el solar de jesuitas estaba entonces en carne viva «y había quien no entendía que aceptáramos el encargo», recuerda el arquitecto Miguel del Rey, coautor del proyecto del Jardín de las Hespérides. Pero María Teresa Santamaría tenía claro el punto de inspiración del que tirar del hilo para crear un espacio único. «Queríamos recuperar el jardín de colección de cítricos que llegó a tener, pero que perdió, el Jardí Botànic», creado en 1499, aunque su ubicación actual es de 1802. «Queríamos reutilizar la jardinería clásica valenciana pero desde una perspectiva contemporánea, crear un jardín de colección pero sin un arbolado alto que respetara el fondo escénico del botánico y de la cúpula de San Sebastián». Y del trabajo conjunto de María Teresa Santamaría y los arquitectos Miguel del Rey, Antonio Gallud y Carlos Campos nació el Jardín de las Hespérides de Valencia, un «"hortus conclusus" con cincuenta variedades de cítricos y un relato mitológico como hilo argumental», explican sus autores. «Un jardín contenido en su dimensión —añaden— donde sólo en los pequeños espacios se percibe un aroma, el susurro de una hoja o el leve murmullo de la acequia».

El jardín recibió el Premio de la Bienal del Paisaje 1999-2000. Aunque para María Teresa Santamaría «el primer premio fue construirlo, gracias sobre todo al apoyo que recibimos de los arquitectos Román Jiménez y Amparo Medina». «Y a que la alcaldesa, Rita Barberá, nos permitió abrir la calle Beato Bono, quedando más vinculado el jardín al botánico», apunta Del Rey. En sus once años de vida (se inauguró el 17 de mayo de 2001) este jardín de colección ha logrado fama internacional. La guía californiana «Alice´s Garden Travel Buzz» lo define como «el espacio público más sorprendente, que ayuda a definir el espíritu de Valencia en el nuevo milenio con un diseño fresco y moderno del paisaje».

Otras revistas especializadas en arquitectura y paisajismo, como la europea «Landezine. Landscape Architecture Works» o la española «Vía Arquitectura», también le han dedicado reportajes. De ahí que sean los autores las primeras voces autorizadas a quien consultar cómo se debería ampliar el Jardín de las Hespérides. «No debería ser ajeno, pero tampoco una mimesis. Hacer un Hespérides II no tendría sentido. Es un trabajo difícil que no debería resolverse por la vía sencilla. Se debería hacer un trabajo de mucha envergadura para cerrar el conjunto de vacíos que rodean el Botànic e interrelacionarlo con la calle Beato Gaspar Bono como elemento articulador».