18 de agosto de 2012
18.08.2012

El objetivo es eliminar las huellas de la Guerra Civil

18.08.2012 | 03:09

El templo ha sufrido varios incendios a lo largo de su historia que han motivado grandes rehabilitaciones

No resulta complicado imaginarse el caos en el que se convirtió Valencia los primeros días de la Guerra Civil. El domingo 19 de julio de 1936, un grupo de descontrolados, que se hicieron fuertes en una ciudad en huelga controlada por la CNT y la UGT, entraron a la Iglesia de los Santos Juanes y la emprendieron a tiros con los frescos y las imágenes €algunas aún presentan, hoy en día, impactos de bala€. Posteriormente, prendieron fuego al templo.

El interior de la iglesia ardió durante cuatro días. Cuando fue sofocado el fuego, los frescos del pintor cordobés Antonio Palomino, que fueron creados en el siglo XVIII, habían quedado seriamente dañados y ocultos por varias capas de hollín o simplemente habían desaparecido pasto de las llamas.

La Guerra Civil es sólo uno de los momentos complicados de un templo, el de los Santos Juanes €la iglesia está dedicada a San Juan Bautista y San Juan Evangelista€, que durante sus casi 800 años ha sufrido varios incendios que han provocado sucesivas reconstrucciones del edificio.

La iglesia se construyó sobre el templo de Sant Joan del Mercat, que se alzó en el siglo XII fuera de las murallas musulmana. Según las crónicas, fue el obispo de Valencia Ferrer de Pallarés quien donó una antigua mezquita para que sobre ella se construyera una iglesia dedicada a San Juan Bautista. En 1245 ya estaba construida. Un pavoroso incendio destruyó el templo en 1311 y se construyó de nuevo. Un nuevo fuego, 51 años después, obligó a reedificar el edificio manteniendo el estilo gótico.

De esta antigua estructura gótica aún queda la nave única, los contrafuertes y el gran óculo cegado, conocido como «la O de Sant Joan», que fue concebido como un gran rosetón en la fachada de los pies, pero que nunca se llegó a abrir.

Nuevo incendio en el siglo XVI
En 1592, la iglesia sufrió de nuevo un incendio que provocó otra reconstrucción, casi total, del templo, que se llevó a cabo durante todo el siglo XVI. Esta obra, impulsada por el patriarca San Juan de Ribera, se basaba en un nuevo concepto decorativo y dinámico.

Sin embargo la gran reforma efectuada en el templo se realiza entre 1693 y 1710. Consiste en redefinir el espacio interior del templo y en la decoración interna adaptándola a los gustos barrocos de la época. Para redistribuir el espacio interior se venden todos los retablos y altares que ocupaban el espacio interior e impedían la libre circulación y se compran nuevos retablos adaptados a la estética barroca.

De esta época son los frescos de Palomino que ahora son objeto de rehabilitación. Hace dos años, las cercanas obras del metro provocaron grietas en la estructura del edificio.

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