Como si de un pueblo se tratara, en San Marcelino las fiestas tienen un claro objetivo: «Fer barri». Pero ahí no acaba la cosa. En este barrio de Valencia pasar unos días agradables con actividades para todos los gustos y edades no está reñido con «reivindicar», alto y claro, lo que los vecinos necesitan. Por ello, este año, el protagonismo es para el polideportivo Rambleta, cuya reapertura esperan los usuarios como agua de mayo.

Sólo dos barrios de la ciudad celebran fiestas populares: San Marcelino y Patraix. El coste no es baladí. Organizar talleres, conciertos, carreras populares, actuaciones al aire libre y cenas para todos alcanza un coste que ronda los 20.000 euros. Hace años que las ayudas no tienen cabida para este tipo de celebraciones. Es más, algunas concedidas „como la otorgada por la Conselleria de Cultura hace dos años„ aún no han llegado.

¿Cómo se sufragan pues, en un barrio como el de San Marcelino, unas fiestas por todo lo alto? La respuesta la da el portavoz de la asociación de vecinos del barrio, Vicent Soler, con orgullo: «Gracias a la solidaridad de los vecinos». Y es que los comercios costean la edición de un «llibret» que se vende a 6 euros. Si no todos, que es mucho decir, la gran mayoría de los residentes se involucra con unas fiestas únicas en la ciudad.

San Marcelino suelen recibir la visita de aquellos nostálgicos que se trasladaron a vivir a otro lugar pero que, en septiembre, regresan al barrio. Y es que 36 años de fiestas populares dan para mucho. «Viene gente de Madrid, de Murcia y de otros puntos de la ciudad. El que ha vivido aquí sabe que nuestras fiestas tienen un sabor especial», añade Vicent Soler.

La fecha tampoco es casual. «Elegimos septiembre porque es el inicio del curso escolar, aún hace buen tiempo y es un mes perfecto para relacionarse y convivir. Es nuestro "Mig Any" particular», concluye.