Uno de los pocos gremios valencianos que se salvó de la extinción decretada por los constituyentes de Cádiz que elaboraron la primera Constitución española, conocida por La Pepa, a principios del XIX fue el Gremi de Forners.

Todo fue una maniobra del conde de Toreno, que se explayó de lo lindo contra ellos en sesión celebrada por la Cámara el 31 de mayo de 1813. Cierto que eran corporaciones cerradas y privilegiadas, pero al mismo tiempo muy profesionales y solidarias. Casi seis siglos volaron por los aires.

Con la desaparición gremial se perdió parte de sus patrimonios, sus costumbres, ordenanzas, en buena parte sus archivos, así como sus banderas y sus fiestas cívicas y religiosas, pues todos los gremios tenían su patrón o patrona, sus capillas y fiestas.

En Valencia, a finales de ese fatídico siglo, el catedrático de Derecho Eduardo Pérez Pujol fue el primero en España en levantar su voz contra el aniquilamiento de los gremios, al entender que era la mejor fórmula para resolver el permanente conflicto entre capital y trabajo, reivindicando la conveniencia de permitir a la sociedad y al individuo vivir conjuntamente "para la práctica del derecho, de la justicia y de la caridad", en palabras de Luis Tramoyeres.

La unidad del gremio fue siempre su valor. Su actual presidente, Juan Bautista Piquer, lo acaba de recordar. Ha sido siempre un gremio muy fuerte y muy unido el de los horneros. Han tenido de todo y lo conservan, famoso era su baile los domingos de mi época de estudiante. Habitan un edificio histórico, tienen un restaurante coqueto y económico que lleva María José con éxito, escuela de aprendices y hasta una revista, que creo recordar en nuestros años mozos escribía textos verdaderamente dellicatessen el incansable y multi informado Rafa Prats.

En su bandera, el gremio llevaba bordada una custodia con el Santísimo Sacramento, su antiguo patrón, a quien rendía solemnes fiestas de acuerdo a sus ordenanzas datadas el 23 de junio de 1462 y que estas fiestas van a celebrar sus 550 años. Desde principios del siglo XIX es la Virgen de la Merced, la patrona del gremio que hoy se llama de Horneros y Pasteleros, a la que veneraron en el convento de la Merced y en la iglesia de San Andrés, y que actualmente es venerada con capilla propia en la iglesia de Santo Tomás y San Felipe Neri.

Las fiestas comienzan el 25 de septiembre y se prolongan hasta el 18 de octubre. El día central será el sábado, 29 de septiembre, con traslado y misa con la imagen de la virgen y cena con entrega de premios y medallas de oro de la efeméride. En el ínterin, todo tipo de concursos y visita al Cottolengo con el correspondiente donativo a los allí asilados. Es una fiesta muy merecida, un reconocimiento a los horneros, que hasta ha quedado plasmado en la ciudad donde hay dedicatorias a nombres de históricos hornos.