«El año que viene empezaremos a las nueve de la noche» decía el concejal Francisco Lledó, pensando que la elección de la corte de honor no se convierta en una velada hasta las tantas de la noche. Porque la fiesta de la Fonteta acabó a la una y media de la noche, más una hora de sesión de fotos, besos y abrazos y más las correspondientes fiestas en el casal, hayas salido elegida o no. Es uno de los elementos que, quizá, se modifiquen de la elección. O quizá no. Y aunque la fiesta queda limpia en su desarrollo (el espectáculo de Sagitari nunca falla y el público es respetuoso con el veredicto), la habitual inmutabilidad de las cosas falleras dan poco pie a eliminar los vicios que se producen.

Dijeron en la organización que «a poco de empezar ha petado el aire acondicionado». Esa es la explicación para el calor que atormentó a los miles de asistentes, lipotimias incluidas. Habrá excusa en la próxima asamblea.

Lledó estaba obsesionado con las filtraciones y los jurados, aparentemente, se portaron. Lo que no hacen, diga lo que diga el concejal, es finiquitar la lista ese mismo día. Tanto mayores como infantiles tenían la lista buena el viernes. Como para dejarlo para el último día: El jurado de mayores estuvo hasta las siete de la mañana para apuntalar la lista.

No hubo especiales sorpresas ni con las mayores ni con las infantiles. De éstas salieron todas las que «sonaban» y de las mayores no hay un especial runrun por ninguna. La corte mayor, más allá de que alguna haya celebrado cumpleaños recientemente, destaca que toca todos los palos de edad: Desde los 19 a los 28, hay de todas menos de 24 años. Con un reparto equitativo de estudios y oficios, sin ninguna sorpresa en ese sentido y sin ninguna de las cuatro casadas en la lista buena. La anécdota quizá la de Marta Chico, quien salió elegida en la primera noche de preleselecciones en julio y tuvo que esperar a ser la última en la lista de mayores.

Barrachina se quita el bigote

Con las infantiles pasa lo mismo: De siete a once años están todas las edades representadas. Desde abajo, donde está la línea del «es demasiado pequeña para meterle este tute» al de arriba, cuando ya se es «demasiado mayor». Con no pocas que estudian en colegios religiosos. Aquí la anécdota es la promesa de Jesús Barrachina: Se afeitará el bigote tras la entrada de su nieta entre las trece privilegiadas.