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Quizá el movimiento scout haya conocido días mejores. La forma de sociabilidad a la que invitan las nuevas tecnologías o la sobreabundancia de ofertas de ocio para los jóvenes no animan a calzarse las botas, ponerse la pañoleta y subirse al monte de acampada. Pero algo tendrá esta «hermandad juvenil universal» para contar todavía hoy con cerca de 7.000 jóvenes y 66 grupos sólo en Valencia.

«El escultismo es un movimiento con mucha tradición y un método propio de formación del carácter y transmisión de valores que le ha permitido aguantar». José Ignacio Cruz Orozco, profesor del departamento de Historia de la Educación de la UV, es probablemente uno de los mayores expertos en un fenómeno que estos días cumple un siglo de implantación en Valencia. Con ese motivo, la Biblioteca Valenciana inauguró ayer jueves una exposición acerca de las aventuras de los jóvenes exploradores en estos cien años.

Valencia, y poco después Tavernes de la Valldigna, Cullera o Alzira, fueron los primeros lugares donde comenzó a extenderse a partir del otoño de 1912 el movimiento que el general británico Baden-Powell había ideado en 1907. Pese a que nació con cierto carácter paramilitar, los años 20 acercan el escultismo a la concepción lúdica y vinculada a la naturaleza que ha llegado a nuestros días. Según apunta Cruz Orozco, Emili Beüt fue el hombre clave en su expansión a partir de esa época, con la creación de la Federación Regional Valenciana de escultismo.

Fundamental en la expansión, pero también en su supervivencia. Y es que tras la guerra, cuando la dictadura dejó en manos de la Falange la organización de la actividad juvenil, el escultismo fue prohibido, aunque Beüt mantuvo la actividad de forma clandestina constituyendo los «Boy Scouts del País Valencià» (BSPV). La idea estuvo a punto de costarle caro. Durante un campamento en la Font Roja (Alcoi) en 1945, explica Cruz Orozco. Sólo la intervención de un amigo scout comandante recién llegado de la División Azul y condecorado por Hitler le libró de una condena más larga que unos cuantos días. Beüt, que sería presidente de Lo Rat Penat, llegó incluso a montar junto a grupos de Barcelona una «federación ibérica de escultismo», así como «campamentos federales», en plena posguerra.

Apoyo de la Iglesia

Los años 50 y 60 fueron los de la normalización y reimpulso del movimiento con la entrada de la Iglesia. El escultismo católico acabó convergiendo en el Moviment Escolta de València (MEV), que actualmente aglutina a 5.300 jóvenes en toda la Comunitat Valenciana. En paralelo, tras varios procesos de fragmentación y fusión durante los 70 y 80, los Scouts Valencians forman hoy la otra gran agrupación, de inspiración laica, aunque también con presencia en parroquias.

Este movimiento de formación juvenil, que ha tenido en sus filas a personalidades como el cantante Paco Muñoz, llega a su primer centenario con una potente estructura (especialmente en Valencia, Horta Sud y la Ribera) y una importante actividad de voluntariado. Un centenario al grito de «siempre listos».

Fotos, historias y objetos de época

Desde ayer jueves, la Biblioteca Valenciana, en el monasterio de San Miguel de los Reyes, acoge la exposición documental «Siempre listo. 100 años de movimiento scout en Valencia». La muestra, impulsada por el profesor de la UV Cruz Orozco incluye abundante material gráfico, paneles informativos, así como objetos antiguos. En el rastreo de material ha contado con la participación de las dos asociaciones actuales: Scouts Valencians y el Moviment Escolta de València (MEV), así como decenas de antiguos scouts.