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Virilidad de los leones del Congreso

Los leones sí tienen atributos en Valencia

El Gobierno desaconseja añadir a una de las dos estatuas la bolsa escrotal porque los trabajos podrían dañarla

Uno de los leones de Monforte.

Uno de los leones de Monforte. marga ferrer

El Gobierno ha rechazado la propuesta de dotar de testículos a uno de los leones de bronce que guardan la puerta principal del Congreso de los Diputados porque considera que completar esa obra podría ocasionar «efectos dañinos» sobre la escultura original. Los dos leones que se esculpieron para flanquear la escalinata del Congreso, obra del escultor José Bellver, y que se encuentran en el Jardín de Monforte sí tienen testículos, aunque de pequeñas dimensiones.

La cuestión testicular se remonta a agosto de 2012. Entonces, el Canal de Historia investigó las razones de la «tara» de unos de los dos felinos de bronce que custodian el Palacio del Congreso, llegando a la conclusión de que no existía razón artística, histórica, biológica o de cualquier otro tipo que justifique la ausencia de ese elemento. La directora del citado canal de televisión, Carolina Godayol, se dirigió entonces a la Comisión de Peticiones del Congreso ofreciéndose a colocar de manera gratuita el saco escrotal a Daoíz, el león afectado, y completar así la obra, cuyo autor es el escultor Ponciano Ponzano.

La citada comisión parlamentaria puso el asunto en manos del Ministerio de la Presidencia y éste, a su vez, en las de Educación y Cultura, y ha sido el departamento que dirige José Ignacio Wert el que ha contestado recientemente a la autora de la mencionada solicitud. Según el Gobierno, la falta de bolsa escrotal «muy posiblemente» se trate de «un defecto de origen», ocasionado en la propia fundición de la escultura al proceder a extraerla del molde. El Gobierno remarca que los criterios de conservación actuales «desaconsejan» la acción de completar piezas escultóricas que han perdido su integridad porque, en primer lugar, en la mayoría de los casos «no existen indicios suficientes» de la morfología exacta del original y, en segundo, porque las «pérdidas» suponen una parte de la historia de la pieza «que se oculta con la reintegración».

Se da la casualidad de que los predecesores de los orgullosos felinos que custodian la entrada a las Cortes se encuentran en Valencia, como ya contó este diario. Se trata de dos estatuas esculpidas en piedra por José Bellver hacia 1850, que fueron retirados de la escalinata porque para los arquitectos del palacio eran demasiado pequeños. Las estatuas eran el segundo encargo del Congreso, tras uno primero a Ponciano Ponzano que se echaron a perder rápidamente Ponzano terminó construyendo en bronce los dos actuales, llamados en Madrid Daoíz y Velarde en honor a los dos capitanes que defendieron la ciudad durante el alzamiento del 2 de mayo de 1808. Sin embargo, después de ser rechazados, los felinos de Bellver fueron comprados por Juan Bautista Romero, Marqués de San Juan y creador del Jardín de Monforte, que abonó 3.500 pesetas en 1864. Las esculturas, realizadas en piedra blanca de Colmenar, custodian desde entonces el jardín romántico.

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